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El Doncel de nuevo

 

EL sábado pasado, 29 de julio, y como acto final de la II Se­mana de Estudios Medievales Seguntinos, tuvo lugar en el Salón de Actos del Seminario de la Ciu­dad Mitrada la conferencia del pro­fesor Azcárate Ristori sobre «El Doncel y la escultura toledana en el siglo XV», que había sido esperada con gran expectación. Re­bosando público el local del Seminario, gentes del mismo Sigüenza, de Guadalajara y Madrid princi­palmente, hizo la presentación del conferenciante el profesor Fernán­dez‑Galiano que, una vez más, se refirió a la necesidad y alta po­sibilidad de la creación en Si­güenza, tal vez para el próximo año, de la Universidad de Verano de la Complutense.

A continuación tomó la palabra el profesor Azcárate Ristori, vice­rrector de la Universidad de Ma­drid y catedrático de Historia del Arte (cátedra denominada ahora “Arte Medieval”); es también comisario del Patronato Artístico y fue galardonado en 1962 con el Premio Nacional de Literatura, por su trabajo «Ensayo sobre Berru­guete». El profesor Azcárate está considerado en la actualidad co­mo una de las máximas autorida­des en el arte gótico español.

El documento que aportó en esos momentos el profesor Azcárate pa­ra el mejor conocimiento del arte español, y en especial el de Si­güenza, creo que fue importante, y como tal debe llegar al conocimiento de muchos. A continua­ción resumo dicha conferencia, en la que el catedrático de Historia del Arte de Madrid traza una cla­ra línea de dirección que desde las características generales del arte castellano en el siglo XV se concentra en la estatua yacente del Doncel y luego se abre de nuevo en abanico para estudiar los di­versos escultores de la época y su posible paternidad de la mejor estatua seguntina.

Comenzó diciendo el profesor Azcárate, que los últimos años del siglo XV suponen para Castilla en momento crucial de evolución transformadora, en la que se pasa del gótico flamígero al Renacimiento artístico, abarcando el reinado de los Reyes Católicos. «Sigüen­za tiene una especial importancia en la evolución e historia del arte en Castilla». Su carácter de tierra de paso debe plasmarse en su arte, añadió luego el señor Azcá­rate, así como la intervención de sus obispos; en especial el gran Cardenal Mendoza, en la política castellana de la época.

De la catedral seguntina hizo detallada historia de su construcción. Pasó luego a ocuparse de la Capilla de S. Juan y Sta. Catalina, eje de su conferencia, al estar en ella enterrado el Doncel. En 1491, don Fernando de Arce compró esta capilla a los de la Cerda, a quienes: pertenecía anteriormente, con el objeto de convertirla en panteón familiar. Los de la Cerda la tenían abandonada, y así don Fernando de Arce solicitó de ellos el permiso para enterrar a su hijo D. Martín Vázquez de Arce, lo cual hizo en 1486. Añade luego el profesor Azcárate la evidencia de dos etapas en las obras de esta capilla: una 1ª, anterior a 1500, encargadas por don Fernando de Arce, padre del Doncel, y que comprende la estatua yacente de éste y la arquitectura general de la capilla. Una 2ª etapa, renacentista ya, a cargo de don Fernando, obispo de Canarias, hermano del Doncel. Comprende los enterramientos del los padres, de otros familiares y del propio obispo. También la portada, debida a Juan de Baeza, Sebastián y Juan de Talavera, lo que explica la conexión con talleres toledanos y con Juan Guas.

Pasa luego el profesor Azcárate a describir la estatua inmortal y bellísima del Doncel. Con el raro esfuerzo de prescindir de la des­cripción del propio joven, su ves­timenta y actitud, tan manoseadas ya, para fijar su atención en otras partes de la obra menos observa­das. Explica que el vano del enterramiento es muy amplio para ser gótico, pero en cambio está rodeado de una típica chambrana gótica con cuatro arcos inverti­dos. En el vano no hay escultu­ras, aunque bien pudieran haberse quitado. Estudia a continuación la interesante disposición y ador­no de las cinco fajas del sepulcro. Y señala por fin el carácter ca­balleresco y cortesano tan siglo XV, de la inscripción que corre bajo el cuerpo del joven, en que se hace resaltar su muerte contra los moros, enemigos de la religión católica, y su edad tan corta.

Acomete después el conferen­ciante un tema poco tratado y de un gran interés: el del simbolismo de algunos elementos que acompa­ñan al Doncel. Estudia así los laureles sobre los que se apoya indiferente el león y el pajecillo que tiene a los pies, así como el aire de melancolía de toda la estatua.

El laurel encierra una simbolo­gía caballeresca, de honor al hé­roe. Va razonando sus asertos con acertadas citas de poetas y escri­tores del siglo XV.

Luego nos explica que desde el siglo XIII se coloca un perro a los pies del muerto como símbolo de la fidelidad y de la confianza en Dios. En este caso, sin embargo, hay un león es el símbolo de la resurrección. Otro sentido es el de la vigilancia del cristiano contra las tentaciones. En esté caso concreto el león del Doncel representa su «estar despierto», su continua vigilancia, su «futura resurrección».

El pajecillo, por fin, da la nota humana. Es ésta una costumbre iniciada hacia 1460‑70 en el taller de Egas, y que aparece ya en las tallas de los Velasco, en Guadalupe; de D. Alfonso Téllez Girón, en Belmonte; en algunos sepulcros abulenses; en el de don Fernando Luján (1465) en la catedral de Sigüenza; en los de los condes de Tendilla de S. Ginés de Guadalajara, y en el de Rodrigo de Campuzano, en S. Nicolás, obra inmediatamente anterior al Doncel. En el contrato hecho por el, maestro Sebastián para el sepulcro de D. Álvaro de Luna y su esposa en la catedral de Toledo, se especifica concretamente respecto a la traza y colocación de dicho pajecillo. El expresa el sentimiento de la dulce y serena me­lancolía por la partida del ser querido.

Respecto a la tristeza serena del Doncel, es un elemento ya apare­cido en la escultura flamenca de la época. Es una transición del gótico hacia el Renacimiento. No hay dolor ni angustia ante la eternidad: sólo la esperanza del cris­tiano en su Cristo.

Brevemente traza luego el bos­quejo histórico de D. Martín Váz­quez de Arce, relatando la batalla granadina en que murió, se­gún Hernando del Pulgar, trans­crita por Sánchez‑Doncel en su «Guía de la Catedral de Sigüen­za». Habla luego de la no adecua­ción de su mote de Doncel, cuya aparición nos explicó recientemen­te el doctor Martínez Gómez‑Gor­do en su «Leyendas de tres per­sonajes históricos de Sigüenza».

Aborda finalmente el profesor Azcárate Ristori el espinoso asun­to de la búsqueda del autor de esta estatua. Se perdió la firma, se perdió el contrato, y quedó huér­fano de manos nuestro Doncel cantado. Repasa entonces el señor Az­cárate a los entalladores españo­les de fines del XV y sus obras. Consigue así hilvanar un sorpren­dente estudio de madurez intelectual que, le lleva a asignar una paternidad, para la estatua yacente de D. Martín.

La fecha de construcción es el 1491, quizás el año antes, pero nunca después de 1495. El Doncel fue enterrado en 1486, año de su muerte, pero su estatua no se labró hasta unos años después. Hacia 1440 se introducen en España las formas flamencas de la mano de Arlequín de Flandes. A Toledo llegan Juan Alemán y Rodrigo Alemán (éste último trabajando la madera). En la documentación seguntina se menciona a un Gil (por eso se pensó en Gil de Siloé como autor de la obra), pero luego parece tratarse de un francés (Gil de Ranque) que trabajaba en Toledo. Orueta supone la intervención de Andrea Sansovino, que trabajó en Toledo en la sepultura del Cardenal Mendoza, pero éste autor llegó a España hacia 1500. Tampoco es posible atribuírsela a Martín de Lande, autor del enterramiento de D. Bernardo de Agen.

A la estatua de D. Martín Vázquez de Arce se la ha relacionado con el sepulcro del Conde de Tendilla y con ciertas esculturas de San Juan de los Reyes de Toledo que son obras de Egas. ¿Es el gran Egas del Doncel? Empezó a trabajar Egas en Guadalupe en 1458, luego en Calatrava con la estatua de D. Pedro Girón y en Belmonte con la de sus padres. Autor también de la figura de D. Pedro de Valderrábano en Ávila. Pero cuando se esculpe el Doncel, Egas es ya viejo, y puede descartarse su intervención directa. Pero surge entonces su discípulo: el maestro Sebastián, de origen probablemente belga, y que se formó en los talleres de escultura de S. Juan de los Reyes. El  profesor Azcárate rastrea su obra a las órdenes de Egas. Interviene luego con Juan Guas en Segovia y en el Monasterio del Parral En 1500 trabaja en el altar mayor de Toledo. En 1508 está documentado en Sigüenza y en Se villa. Su última cita es de 1527.

En 7 de enero de 1489 se concertó, por la duquesa del Infantado, y con Sebastián de Toledo, a quien llama «entallador de imaginería», la construcción de los sepulcros del Condestable don Álvaro de Luna y su esposa, por valor de 90.000 maravedises. En dicho documento se especifica que dichas estatuas «se debían labrar en el taller que el maestro Sebastián tiene en Guadalajara». Aquí trabajaba, por lo tanto, este artista, y sólo a él es atribuible el Rodrigo de Campuzano de San Nicolás, como obra, si se quiere, de juventud. Es entonces cuando el profesor Azcárate, a tenor de las evidentes líneas paralelas trazadas entre esta estatua de Rodrigo de Campuzano, obra de Sebastián de Toledo, y la del Doncel, atribuye a ésta la paternidad de aquél.

¿Es el, mismo, sin embargo, el Sebastián de Almonacid de unos documentos y el Sebastián de Toledo de otros? ¿O son dos artistas diferentes? ¿Cuál de ellos, en ese caso, el autor del Doncel? El profesor Azcárate cerró su valiosísima disertación con estos interrogantes, que han de llenarse con la cuidadosa investigación de los archivos seguntinos.

Unas palabras finales del ilustrísimo señor obispo, don Laureano Castán Lacoma, y otra intervención del señor Poyo del Pino, alcalde de Sigüenza, cerraron de manera brillante esta conferencia y esta Semana de Estudios Medie vales Seguntinos, que ha sido, dijeron, como el prólogo a lo que el año próximo puedan ser cursos normales de la Universidad de Verano de Sigüenza.

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