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El Doncel en los sellos de Correos

 

Publicado en Nueva Alcarria el 12 junio 1968

A partir del próximo lunes, día 15 de julio, Martín Vázquez de Arce, el famoso Doncel de Sigüenza, tendrá un nuevo lugar donde descansar su joven mirada meditabunda y, cansada de largo peregrinaje, en torno a las dos hojas de su libro: el Doncel tendrá, además de su alabastro amarillento, un frágil papel, un minuto y multicolor papel en el que recorrer el mundo: el papel que quince millones de sellos de Correos darán cabida su largo sueño.

La estatua yacente del Doncel, que se conserva en la capilla de San Juan y Santa Catalina, de la catedral de Sigüenza, y que fundara su hermano Fernando de Arce, obispo de Canarias, ya ha dado la vuelta al mundo varias veces. Pero de una forma restringida, tímida, casi temerosa. En el Bachillerato ­aprendemos muchachos españoles que la estatua del Doncel y de autor anónimo, es probablemente la mejor muestra del arte funerario español del plateresco del, siglo X­V. Y ahí acaba todo lo que la inmensa mayoría de españoles saben de don Martín Vázquez de Arce. Ahora, y gracias a que un misterioso, casi inexplicable aire alcarreño ha soplado sobre las cabezas de los realizadores del programa filatélico español, don Martín cobra nuevas fuerzas, recibe una lluvia de millones de alas, y se prepara para invadir el mundo con su estampa de, castellana belleza y reposada hidalguía. ¡Qué ejemplo el del Doncel, de meditación y llana filosofía, ante el turbulento mundo que nos envuelve! Lástima que a todos los humanos nos de por estarnos calladitos y ser buenos chicos después de muertos, que es cuando ya no nos hace falta.

«Aquí yace Martín Vázquez de Arce, Caballero de la Orden de Santiago, que mataron los moros, socorriendo el muy ilustre señor Duque del Infantado, su señor, a cierta gente de Jaén, a la Acequia Gorda, en la Vega de Granada. Cobró en la hora su cuerpo Fernando de Arce, su padre, y sepultó en está su capilla, año 1486. Este año se tomaron la ciudad de Loja, y las villas  de Illora, Moclín Montefrío y por cercos en que padre e hijo se hallaron». Así dice la gótica inscripción sobre el recostado caballero seguntino. Resume en unos renglones la bella historia del hombre que muere a los 25 años de edad por libertar su tierra del poder infiel, ayudando a su señor, el Duque del Infantado, y en él representados a sus Católicos Reyes. Fernando del Pulgar, en su «Crónica de los Reyes, Católicos», hace mención de este hecho de armas en el que, junto a don Martín Vázquez de Arce, «muchos cristianos perdieron sus caballos y cayeron y fueron lisiados y desbaratados», entre ellos Juan de Bustamante y otros caballeros, es de suponer que alcarreños, pues todos ellos formaban en el escuadrón, de jinetes que, al mando del Duque del Infantado cuando iban a socorrer al obispo y corregidor de Jaén y sus gentes, que habían sido atacados por los moros, cayeron en una acequia de la Vega de Granada que los moros hablan inundado previamente para que los cristianos se movieran con dificultad con sus cabalgaduras y arreos. Es de suponer el dolor inmenso de aquél padre al recoger el cuerpo de su hijo muerto. El Doncel, a pesar de este sobrenombre con que es conocido don Martín, dejaba una hija, Ana. Dejaba padres, dejaba hermano. Pero dejaba también, una hazaña gloriosa, y una España cada día más grande y temible, y un silencio amarillo y perfumado, doliente eterno, españolísimo, en torno a su figura de aparecido.

Y es esta figura la que ahora ya a comenzar a repetirse por el mundo; la que, gracias a esa «locura» de los coleccionistas de sellos, llevará un nuevo retazo de la Historia y del Arte de España  a cada una de las veladas de estos hombres, entre los que sin vergüenza me cuento, que cada día aprenden una cosa nueva por obra y gracia de esos diminutos libros que son los sellos de correos.

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