Los Escritos de Herrera Casado Rotating Header Image

Diez puertas por las que debes pasar para conocer Guadalajara

Atienza Arco de Arrebatacapas

Atienza Arco de Arrebatacapas

Para conocer Guadalajara, basta hoy con llegar por cualquiera de los caminos (hoy carreteras, alguna autopista) que desde fuera vienen. Pero eso es entrar muy a lo loco, muy a lo simple.

Para entrar a Guadalajara con razón, con fuerza, con ganas de sentirla y comprenderla, hay que hacerlo a través de algunas de las grandes puertas que todavía quedan en pie, de las murallas de sus ciudades, de los grandes palacios y templos que la adornan.

Puertas Medievales

Voy a referir solamente diez puertas (solemnes y recias todas, transidas de historias y de emociones) por las que se debe entrar, o salir, para conocer Guadalajara y sus lugares.

Y así empezar en la capital, en la Wad-al-Hayara de los árabes, y hacerlo por la única muestra que de su muralla medieval queda en pie, la Puerta de Alvar Fáñez. La primera puerta, por donde dicen que entró el héroe castellano a tomar posesión de la ciudad del Henares, y arrebatar su poder a los árabes que la controlaban. Es una puerta-museo, además, donde se guarda el recuerdo del caballero y su mesnada.

Segunda puerta, la del Hierro, en el castillo de Zorita. En su mural del sur, y en lo alto ya, tras ascender el camino hacia la fortaleza, se llega a una puerta doble, islámica la exterior, gótica y cristiana la interior. Arco de herradura y arco apuntado. Así es la solemne puerta del Hierro del castillo zoritano.

Tercera es la Puerta del Sol, que así se llama a una de las que en Sigüenza permitían el paso desde el arroyo Vadillo al interior de la ciudadela medieval. Orienta a Levante, como es lógico, era una de las primeras que a la mañana iluminaba el sol con su clara risa. Y por allí entraban a mercadear las gentes venidas de fuera.

Cuarta es la gran portalada a la que en Atienza llaman Arco de Arebatacapas, que media en la cuesta que va de la plaza de España a la plaza del Trigo. Solemne, arropada entre edificios y murallas, sonora también, de los cascos de los caballos de la Caballada.

Quinta puerta, medieval como las anteriores, espectacular porque es con otras dos más el único espacio que permite acceder a una villa completamente amurallada, hoy como hace siete siglos, en Palazuelos: es la puerta de la Villa, construida en recodo, de tal modo que hay que trazar un ángulo de noventa grados para atravesarla, y así poder ser defendida mejor. Puertas medievales, guerreras, castilleras, todas ellas.

Puertas Modernas

Luego están las puertas solemnes de los palacios, de las plazas, las puertas alegres de la ciudadanía.

Sexta es la puerta gótica, y flamígera, del palacio de los duques del Infantado. Una puerta de arco apuntado, diseñada por el arquitecto borgoñón Juan Guas, con frase misteriosa en su rosca, con letra nunca vista como la fabla que se gastaba el marqués de Santillana, su dueño primero, y en la que se dice que entra el viajero y visitante a un mundo señorial de generosidad sin límites.

Séptima es la puerta del Mercado en la catedral seguntina, románica de altura, que permite bajando unos escalones tras cruzar el cancel pétreo de Bernasconi, acceder al brazo sur del crucero catedralicio, y llegarse de un salto ante el Doncel.

Octava es la puerta del palacio ducal de cogolludo, otra expresión de la elegancia renacentista, trazada aquí por Lorenzo Vázquez, empapado de Italia, con sus grutescos en las columas y sus enormes mazorcas de maiz en el remate, proclamando el recien desubierto nuevo mundo.

Novena es la Puerta Nueva de Pastrana, la que da acceso desde la Plaza de la Hora a la Calle Mayor, lugar planeado por los duques pastraneros para dar realce al plazal donde viven, y hacerlo aún más cortesano, más solemne.

La décima puerta sería la llamada de los meses, en la iglesia parroquial, mínima y silente, de Beleña del Sorbe, donde en su curvado dintel lucen alegres los aldeanos del siglo XIII trabajando en lo que saben y proporciona vida: el arado, la siega, la vendimia, la matanza… es la expresión más clara del arte románico rural.

Y todas ellas, puertas solemnes o severas, son los pasos que desde fuera permiten la entrada a ese mundo oloroso y lleno de ofertas que es Guadalajara. Esta provincia a la que se viene a disfrutar de paisajes inéditos, de memorias ciertas, de bellezas talladas. Y a la que se entra –es obligado- por una de estas diez puertas. Aunque, si se prefiere, tenemos muchas más para poder hacerlo. El caso es entrar.

 

entra en aache ediciones

entra en aache ediciones

 

Un centenario que merece recordarse: el del profesor Criado de Val

Manuel Criado de Val

Manuel Criado de Val

Mucho que ver con Guadalajara tuvo y sigue teniendo la figura del profesor don Manuel Criado de Val (Madrid, 1917 – 2015). De hecho, debemos calificarle como una de las personalidades de mayor relieve que han dado vida a la provincia y conformado la identidad de Guadalajara.

En este año que comienza de 2017, se cumplen los cien años de su nacimiento. Habrá ocasión, a lo largo del año, de recordar su figura y su obra, tan íntimamente ligada a nuestra provincia.

La relación de Criado con Guadalajara se inicia porque su padre era de Rebollosa de Hita, y allí pasó su infancia: desde la puerta de su casa, se veía el cerro de Hita, al fondo. Eso le marcó la vida. Luego vivió en Madrid, desarrolló su actividad universitaria en la capital, y en sus centros culturales se movió siempre con el respeto de todos.

Adquirió un molino en la Alcarria, en el valle del río Badiel, junto al monasterio de Sopetrán, y allí también disfrutó del descanso y las charlas con amigos. Su mujer Isa siempre le acompañó y ayudó en sus proyectos.

Una actividad polifacética

Centrado en el lenguaje (era filólogo por encima de todo) la actividad de Criado parecía no encontrar límites. Entre sus títulos, están los de profesor e investigador en el C.S.I.C., editor de revistas especializadas, conductor de un programa de televisión para enseñar español a los españoles, interesado en los orígenes del lenguaje llegó a escribir cientos de artículos sobre el tema. La palabra correcta, la belleza del lenguaje: esto es lo que perseguía el profesor Criado.

Literatura medieval

El interés por la lengua le llevó a estudiar a los autores antiguos, españoles especialmente, castellanos singularmente. Entró en el “Libro de Buen Amor” y allí quedó enganchado para siempre. Raptado por el estilo, por sus mensajes, por el misterio del autor. Dedicando su vida entera al estudio de las páginas y los conceptos, a la búsqueda de la identidad de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, que llegó a desvelar en teoría esencial e irrebatible.

También se ocupó de Cervantes, de su “Quijote” y de su lenguaje, de esa “conversación continua” (un diálogo clásico sin más) entre dos personajes que parecen salirse del libro y estar con nosotros: Alonso Quijano y Sancho. Y luego San Juan, y Santa Teresa, y Fernando de Rojas, y la Celestina…

Criado de Val fue el impulsor de los estudios sobre literatura española que más aplausos y reconocimientos ha recibido en América, en Europa. Sin duda una personalidad estudiosa, todavía poco estudiada.

El Festival Medieval de Hita

En 1961 cuaja la idea capital de Manuel Criado, la de trasladar a la realidad la fantasía imaginada del “Libro de Buen Amor”. Y no duda en situar en la villa de Hita, en sus cuestas y en las laderas de su cerro, el alegre bullir de los asuntos y personajes que palpitan en esa obra.

Nace así el “Festival Medieval de Hita” que él alienta durante largos años, y que afortunadamente sigue vivo todavía. Con su esfuerzo, su pasión, sus saberes. Escribiendo los textos de las piezas de teatro que se representan. Convenciendo a músicos para que creen el sonido medieval que corresponde. Llevando sillas de un lado a otro. Contándoselo a cientos, a miles de profesores norteamericanos… el Festival Medieval de Hita es la obra –titánica- de un hombre con fe, con ganas, con voluntad modélica.

La Caminería Hispánica

Otra de las ideas claves de Criado de Val, [seguro estaba de su importancia en la cultura de nuestra nación, que es cultura transmitida sobre la faz entera de la tierra] fue la de estudiar y profundizar en el tema de la “Caminería Hispánica”. Conocer los caminos, andarlos, analizarlos, mejorarlos. A través de vías romanas, de puentes, de rutas marítimas, de secuencias literarias.

El profesor Criado de Val es el creador de la definición de “Caminería” que finalmente recogió la Real Academia Española. Y es esta: Caminería. f. Suma de los elementos que componen el camino, el caminante y su entorno.
2. Estudio de las vías de comunicación, de su relación con el entorno geográfico y social y con los itinerarios históricos y literarios.
Está claro que la Caminería Hispánica es la suma de los elementos que componen los caminos, los caminantes y sus entornos a lo largo y ancho de España, de toda la América que habla español y de toda aquella tierra del mundo por donde lo hispánico, en modo muy general, ha tenido su voz y su influencia.

Decenas de Congresos, miles de congresistas

En Guadalajara inició los Congresos Internacionales de Caminería Hispánica, que llegó a celebrar (primero en Pastrana, luego en Guadalajara, y al final se expandieron con ediciones en París, en México, en l’Aquila (Italia), en Buenos Aires, en Cádiz…) y a conglomerar en su torno a cientos de investigadores, estudiosos del idioma, de la geografía, del arte, a ingenieros y políticos… debería ser considerado este tema como uno de los cementos que más han colaborado a la consolidación de la “marca España” y a su relevancia cultural contemporánea.

Todos los Congresos de Caminería han quedado registrados, con sus aportaciones, en libros voluminosos de actas, en discos digitales, en memorias de unos y otros. Finalmente, el gran “Atlas de Caminería Hispánica” remató esta ingente tarea de don Manuel.

 

Historia de la villa de Hita y su Arcipreste

Historia de la villa de Hita y su Arcipreste

 

 

Los libros de don Manuel

Un filólogo practicante, un apasionado de las letras, al fin es lógico que él mismo acabe construyendo mundos nuevos que cuajan en libros. Entre la multitud de obras que dejó escritas y publicadas, conviene aquí relacionar las más directamente afectas a Guadalajara.

Sin duda sería la “Historia de Hita y su Arcipreste” la obra capital, en este sentido local y querencial, de don Manuel. Primera edición de Editora Nacional, en 1976, que agotó sus existencias pronto porque se regaló mucho. Y segunda edición, de Aache , en 1999, que suma adeptos cada vez que alguien nuevo la lee: es la historia de la villa, de sus gentes, y el análisis definitivo de su Arcipreste.

También dedicó a Cervantes numerosos estudios, al Quijote, a las Novelas ejemplares. En “Don Quijote y Cervantes, de ayer a hoy” reúne numerosos artículos publicados antes en revistas filológicas, erigiendo una teoría nueva sobre la gran novela cervantina, considerándola un clásico diálogo.

Y en relación con la tierra alcarreña, es fundamental recordar el primer tomo (el único editado) de sus “Obras Completas”. En casi mil páginas, se incluyen las más de treinta obras y versiones clásicas teatrales representadas en los Festivales Medievales de Hita a lo largo de los años.

En definitiva, creo que es hora de acordarnos de esta personalidad que, al igual que otras en el pasado año, han definido con su personalidad neta y su obra ingente los límites de Guadalajara, cada vez más anchos gracias a personas como don Manuel Criado de Val, quien a lo ancho de cien batallas y sobre todo a lo largo de mil caminos, han dado vida y sustancia a este terreno en que habitamos.

Cisneros en Guadalajara

cisneros en Guadalajara

Centenario de la muerte de Cisneros

Este año va a sonar Cisneros. El político y eclesiástico que con su empeño abrió muchas puertas a la historia y al ser de España. Se celebra, allá para noviembre, el quinto centenario de su muerte. Ya estaba enfermo cuando acudió a recibir a quien venía, desde Flandes, a ser rey de Castilla, por muerte de su abuela Isabel y de su padre Felipe: el que llegaría a Emperador Carlos, avanzaba desde Asturias por Castilla. Y el Cardenal Regente don Francisco Ximénez de Cisneros le esperaba en Roa, donde con el frío castellano se agravaron sus males y murió. Fue un 8 de noviembre de 1517. Va a hacer, este año, cinco siglos de aquello.

Quien fuera Cisneros

Nacido en Torrelaguna, en 1436, cuando esta villa perteneciente al señorío de los arzobispos de Toledo, formaba parte de la provincia de Guadalajara. Primer dato a tener en cuenta. Aunque está situada en plena campiña del Jarama, río también originario de nuestra Sierra Negra.

Pertenecía Cisneros a una familia de la baja nobleza, pero aún tuvo poisibilidades de cursar estudios, de teología y derechos, en las Universidades de Alcalá y Salamanca, y aun luego de trasladarse a Roma. Con las órdenes recibidas, joven aún, en 1471, fue nombrado Arcipreste de Uceda, aunque su evidente y ya temprana personalidad reformista le llevó a enfrentarse con la curia toledana, y acabó en prisión.

Poco después, en 1480, gracias a la amistad entrambos trazada y con el apoyo del magnate alcarreño don Pedro González de Mendoza, este le nombró Vicario General de la Diócesis de Sigüenza, estando en ese cargo (que era tal como ejercer de obispo delegado, ante la ausencia permanente del purpurado mendocino) hasta 1484, en que las ideas reformistas y la espiritualidad sincera de Cisneros le llevaron a ingresar en la Orden de San Francisco.

En ella pasó ocho años dedicado al ejercicio de la pobreza y la oración, sin olvidar el estudio y la talla de sus ideas reformistas, porque vista desde dentro la vida religiosa, y teniendo en cuenta el progresivo estado de inquietud en algunos espíritus sinceros, el objetivo de Cisneros fue desde entonces acometer una gran Reforma, desde el catolicismo estricto, de la vida religiosa. Y todo ello lo hizo estando como fraile en el convento de la virgen de la Salceda, en plena Alcarria de Peñalver y Tendilla.

Ese año de 1492, tan cuajado de acontecimientos en Castilla, es llamado por la reina Isabel para que ocupara el cargo que acababa de dejar libre fray Hernando de Talavera por su nombramiento como Arzobispo de Granada. Ximénez de Cisneros pasaba así a ser el confesor de la reina, y de inmediato, y vista su energía y claridad de ideas, le fue concedido el puesto de Arzobispo de Toledo, primado de España, señor de tierras y de almas. Desde ese puesto, ya sin trabas, inició la reforma pretendida desde mucho antes, sobre la orden franciscana inicialmente, y luego sobre el resto del clero, para eliminar privilegios, prebendas y malos usos. El tema, como es lógico, fue muy mal recibido en los ámbitos eclesiásticos tradicionales, pero los sínodos de su diócesis celebrados en Alcalá de Henares (1497) y Talavera (1498) acabaron por respaldar las ideas del arzobispo.

Tras la muerte de la reina Isabel, en 1504, Cisneros fue encargado de ocupar la Regencia de la nación. Partidario de Fernando como rey de Aragón, y su aliado en Castilla, impidió el acceso al trono de Felipe el Hermoso, marido de la heredera doña Juana. Fue el rey Fernando quien le consiguió, en Roma, el capelo cardenalicio, y quien le designó también Regente de su reino, al morir en 1516, de tal modo que cuando de inmediato, en 1517, el nieto de los Reyes Católicos, Carlos de Gante, fue reconocido como rey en Castilla y Aragón y en todos los territorios dependientes de los dos reinos, se dispuso a venir a España, Cisneros acudió a su encuentro, y murió en el camino. El de Carlos fue allanado de inmediato, pasando a ser rey de España, y de su Imperio.ç

Cisnero, poco antes, había llevado a cabo dos de sus grandes objetivos: la conquista militar del norte de Africa (las campañas victoriosas de Mazalquivir, en 1507, y de Orán, en 1508, y algo antes la fundación de Estudio General o Universidad de Alcalá (1498), donde se alcanzó, años después, su gran objetivo, la edición de la Biblia Políglota Complutense (entre 1515 y 1517).

Canciller y promotor del saber

Entre las muchas razones que llevaron a Cisneros a promover la realización y edición de la “Biblia Políglota”, están estas frases suyas:

para que todo estudiante… pueda tener… los textos originales… y ser capaz de apagar su sed en las mismas fuentes que fluyen hacia la vida eterna… hemos ordenado que se impriman las Escrituras en sus lenguas originales… acompañadas de su traducción… para lo cual [hemos usado] los manuscritos más exactos y antiguos.

Desde muy joven, tuvo por objetivo reformar la vida religiosa, aumentar el conocimiento y saber de los eclesiásticos: esa promoción de la vida ordenada, de la legalidad más absoluta, del respeto a todos, de aumento del saber y el conocimiento, es lo que movió siempre a Cisneros, hombre austero él mismo, impecable, recto y severo a un tiempo. Una personalidad de las que nunca han caído bien a nadie, pero que –reconozcámoslo- son imprescindibles para que una sociedad funcione.

Uno de sus objetivos desde la Regencia fue erradicar la opresión de los pobres y la malversación en los cargos. Eso supuso que el rey Fernando le nombrara Inquisidor General del reino. Y, como capitán general y regente, su idea evangelizadora fue tan lejos como la de eliminar cualquier rastro de islamismo en la Península, siendo severo con las prácticas de los moriscos que quedaron en el reino de Granda, y avenzando en la idea de tomar posesión de las tierras del borde africano del Mediterráneo, con el objetivo claramente estratégico de evitar nuevas invasiones hacia la Península. De ahí el golpe de Orán, en 1508, recibido con aplauso en toda Europa.

Otro de sus grandes proyectos, rematado en vida, aunque muy en precario en cuanto a edificios, fue la Universidad de Alcalá, en la que él quería una enseñanza moderna, abierta, y popular. Cuarenta y dos cátedras (6 de Teología, 6 de Derecho Canónico, 4 de Medicina, 1 de Anatomía, 1 de Cirugía, 8 de Filosofía, 1 de Filosofía moral, 1 de Matemáticas, 4 de griego y hebreo, 4 de Retórica, y 6 de Gramática) formaron de inicio los estudios, a los que muy pronto se apuntaron 7.000 alumnos. Su gran proyecto inicial, la Biblia Políglota, que optaba al mérito de ser leída por todos a partir de sus lenguas originales, pudo verlo terminado, en 1517, poco antes de morir. Lo que no pudo ver fue el gran complejo universitario, y la capilla dedicada a San Ildefonso, donde finalmente quedaría sepultado, bajo el solemne sarcófago de mármol tallado, en Italia, por Doménico Fancelli en su inicio, y por Bartolomé Ordóñez en su remate. Enterramiento imponente que hoy (vacío de sus restos, que permanecen en la catedral complutense) puede admirarse en su querida Universidad.

A la que pretendió que viniera, como profesor contratado, Erasmo de Rotterdam… lo que da idea clara de cuales eran sus intenciones. Renovación hasta el fondo de una sociedad y una curia que nunca le gustó a Cisneros, y que por cambiarla y mejorarla trabajó siempre. Esa España de resistencias, de esquivas miradas, de “te vas a enterar…” y de “quien se habrá creído este que es…” volvió a renacer tras la muerte de Cisneros. Y, por supuesto, Erasmo no pisó nuestro país. Le daba miedo.

entra en aache ediciones

entra en aache ediciones

Cisneros en Guadalajara

La relación de Francisco Ximénez de Cisneros, cardenal de Santa Balbina, título otorgado por el Pontífice humanista Julio II, con la tierra de Guadalajara fue siempre muy estrecha. De ahí que podamos aún considerarle “uno de los nuestros”.

Nació en Torrelaguna, a la orilla del Jarama, en territorio entonces perteneciente a la provincia de Guadalajara. Su familia, de terratenientes de la baja nobleza, y nada ricos, contó con algunos otros eclesiásticos, y dos hermanos agricultores.

Su amistad o protección, con el Cardenal Mendoza, a la sazón Obispo de Sigüenza, le consiguió un puesto de relieve en la diócesis, el de Vicario General y Capellán Mayor. Durante cuatro años gobernó Sigüenza, su ciudad, su catedral, su señorío y diócesis, en nombre de don Pedro González. Quizás lo vivido en esos cuatro años le sirvió de revulsivo para adoptar una postura radicalmente opuesta en su siguiente etapa vital.

En el convento de La Salceda, entre los términos de Peñalver y Tendilla, se encerró como humilde fraile franciscano durante ocho años más, de 1484 a 1492, en que la reina Isabel le rescató como su confesor personal, para ascenderle al año siguiente a Arzobispo primado en Toledo. Poco se sabe de lo que Cisneros hizo en La Salceda, pero no es difícil colegirlo, cuando el salto que dio al finalizar esa etapa fue tan mayúsculo. Estudio, escritos, reformas… todo lo cuenta, en definitiva, su mejor biógrafo, el alcarreño Alvar Gómez de Castro, en su “De rebus gestis a Francisco Ximeno Cisneros”.

En definitiva, una vida intensa, una figura fundamental, ahora recordada en el quinto centenario de su muerte, y tan unida a nuestra tierra de Guadalajara.

El coro de las enjutas

Sacristia de las Cabezas Catedral de Sigüenza

Un profeta en una de las enjutas de la sacristía de las cabezas de la catedral de Sigüenza

De la catedral seguntina, a la que estos días estoy dedicando nuevas miradas, me llega un sonido grácil y apasionado, un rumor de voces que discuten y ríen, que discrepan y atestiguan. Es el sonido de las palabras que pronuncian los dieciséis personajes que se alzan en las enjutas de los arcos laterales de la antigua Sacristía Nueva, o “Sacristía de las Cabezas”, como ahora conocemos al espacio de luz y sombras en el que desde hace siglos esas figuras se esfuerzan por hablar y exponer sus razones. Vamos a darlas voz.

Bajate un PDF

 

Al entrar cualquier viajero a la catedral de Sigüenza, los monumentales pilares forrados de columnillas, los aros de capiteles, y las nervadas bóvedas captan su atención, y le dejan medio mudo. Luego, empieza a mirar detalles: las capillas, las rejas, los escudos, las tallas, los muebles… y empieza querer saber más de cada cosa. La esencia, el edificio, el espacio y la altura, son del siglo XII, y su estilo el románico de transición, con herencias cistercienses, con modismos languedocianos.

Pero nada de ello nos va a detener ahora. Vamos en directo al lugar donde hemos oído las fablas enardecidas. Vamos por la nave del evangelio adelante, llegando al crucero, dejando a la izquierda el altar de Santa Librada y el mausoleo de Fadrique de Portugal, para enseguida ponernos ante la puerta de madera tallada de su Sacristía, y penetrar en ella.

Sorpresa, desaliento ante el espacio inmenso, agobio de formas. La nave de esta sacristía, iluminada desde la derecha por una ventana alta y estrecha, pasa del claror a la oscuridad y nos atrapa. Tiene sus paredes flanqueadas por cuatro arcos que rehunden el muro. Cuatro a un lado y cuatro a otro, enfrentados. Y cada arco, tiene en su parte alta, entre las columnas y el semicírculo, dos medallones grandes y valientes: son las enjutas. Hay, por tanto, ocho arcos, enfrentados cuatro contra cuatro, y dos enjutas en cada uno. En total, dieciséis enjutas. Que se ponen, ahora mismo, a dejar hablar a sus ocupantes.

Pero antes, conviene describir, muy someramente, quienes son los personajes que pueblan esos medallones, trazados sobre el papel primero, y luego tallados sobre la dúctil piedra. Describo los arcos enfrentados, desde el primero, donde está la puerta de entrada, y frente a ella el acceso al Sagrario catedralicio, hasta el cuarto y último, junto a la ventana. Cada par de arcos tiene cuatro enjutas. Que entre ellas establecen un equilibrio y por lo tanto un diálogo. Ideada esta composición por algún canónigo humanista del primer tercio del siglo XVI, cuando el erasmismo abre sus caminos por Universidades y Seminarios. Y digo esto porque no es normal (hasta ese momento) que en un templo cristiano aparezcan ciertas representaciones que nada tienen que ver con el santoral y el dogma. Pero Lutero ha alzado su voz en Alemania pocos años antes, y en España es un hervidero de ideas e imágenes corriendo de fachada en fachada y de cátedra en cátedra. Aquí en Sigüenza es el Cabildo (con alguna idea ya bien pergeñada) el que llama a Alonso de Covarrubias, en 1532, y le pide que venga a diseñar un nuevo espacio en la girola. Exactamente la nueva la Sacristía. Y Covarrubias, con las ideas de los eclesiásticos, monta este espectáculo.

En el primer arco, las enjutas muestran a San San Juan Bautista y Santiago, el primero como Precursor de Cristo, y el segundo como primer apóstil que llega a España. En el arco de enfrente, aparecen San Pedro y San Pablo, también con sus atributos, pilares de la Iglesia creada por Cristo.

En el segundo arco, una mujer sin atributos, y un anciano desdentado. En el arco de enfrente, una niña y un joven barbilampiño. No hay que esforzarse mucho para reconocer las cuatro edades del hombre, el paso de la edad sobre el ser humano, aquí representado en hembras y varones: la niñez, la juventud, la edad adulta, la ancianidad.

En el tercer arco, una mujer joven y elegante, y un varón talludo. En el arco de enfrente, más de lo mismo, otro varón elegante y una matrona con cara de lista. Aquí me lanzo, y los interpreto como el eje de lo que en ese momento de humanismo pleno se tiene por esencia de la Revelación: una pareja de sibilas, y otra de profetas. Luego veremos quienes pueden ser. Pero ya me aventuro y los identifico con la Sibila Eritrea junto al profeta Sofonías, y con la Sibila Cumana junto al profeta Isaías.

En el cuarto arco, una mujer con trazos de reina, y que por su peinado exótico no es europea, escoltada por un rey o general tocado de un excepcional casco guerrero. En el arco de enfrente, otra mujer de elegantísimas trazas, y otro guerrero imperial. Son figuras del Antiguo Testamento, o de la Historia Gentil. Aventuro: Makeda, la reina de Saba, junto al rey Salomón. Y Zenobia, reina de Palmira, junto al emperador Aureliano, su captor.

Podríamos haber dejado esto en la simple descripción de personajes. Todos ellos tan bien diseñados y tallados, que por sí mismos constituyen un monumento, hasta ahora inapreciado. Pero en esto del examen de los viejos edificios, como en general en la inteprretación de cuanto nos rodea, es obligatorio “mojarse”, pensar, aventurar. Debemos poner a funcionar la maquinaria de la imaginación, entrenarla para que no se atrofie, y, en todo caso, echar mano de algunos conocimientos de esos que quedan cuando se nos ha olvidado lo que hemos aprendido. En resumen: que hay que esforzarse en salir de la rutina y la comodidad de ser espectadores, para aportar ideas, continuamente, aun a riesgo de equivocarnos.

Simbolismo humanista

En estas dieciséis enjutas de la sacristía nueva de la catedral seguntina, hay sin duda un mensaje. Que solo quedó escrito en esos medallones. Y ello porque se suponía, cuando en 1532 se tallaron y pusieron, que cualquiera que los viera podría leer fácilmente su significado. Sin otro apoyo, y quinientos años después, en una sociedad bombardeada por otros mensajes ajenos, es muy difícil captar el significado, pero lo vamos a intentar.

De esos cuatro bloques de personajes, el primero de ellos, el que está sobre la puerta de entrada (o salida) y el sagrario, tiene muy fácil identificación. Es muy evidente: son los personajes que dan sustento a la Iglesia Católica. San Pedro, San Pablo, San Juan y Santiago. Identificados por sus atributos, y manifestando en mudo diálogo su valor sustantivo.

El segundo bloque es también claro y evidente: son las cuatro edades del hombre. Partiendo del mito que cuenta Platón en su “Político”, arribamos al clasicismo de Ovidio en sus “Metamorfosis” y concluimos en la cristiana interpretación de San Jerónimo: hay cuatro edades, en la historia (Oro, Plata, Bronce y Hierro) y en el ser humano (niñez, juventud, adultez, y senectud). Son, quizás, otra forma de explicar el misterio de la vida humana sobre la tierra.

El tercer bloque es obligado. En todos los monumentos religiosos españoles de la época (primera mitad del siglo XVI) se aplica una referencia evidente a la Revelación, con sus antecedentes proféticos en el Antiguo Testamento y en la Gentilidad. La unión de ambas edades o culturas se ratifica en el pensamiento humanista que surge del neoplatonismo de Marsilio Ficino. Cualquier ser humano, si ha sido “bueno”, o justo conforme a la Ley Natural, se salva, está incluido en la intención salvífica de Cristo, que se sacrifica y muere por todo el género humano, de cualquier época y condición. Así, no es raro ver juntas a las Sibilas y a los Profetas. En este bloque hay dos y dos: yo apuesto por la sibila Eritrea junto al profeta Sofonías, a los que se suele asociar en sus profecías, y por la sibila Cumana junto a Isaías (ambos hablan de “Ecce Virgo concipiet”). Así juntos, y enfrentados, aparecen sibilas y profetas en múltiples lugares (en Guadalajara mismo, en la capilla de Luis de Lucena, pero también en las procesiones del Corpus en Toledo, y en Sevilla, en aquellos años, o en El Salvador de Úbeda y en la capilla sixtina del Vaticano, que veinte años antes pinta Miguel Angel por encargo del papa Julio II). Tras el escrito de las Instituciones divinas de Lactancio, es San Agustín quien impone la comparación y equivalencia de Profetas y Sibilas.

El cuarto bloque nos entrega directa la imagen de la gentilidad, de los tiempos en que sin conocer aún a Cristo, los grandes personajes son espejo de virtudes. Así, el rey Salomón, rey de Israel, prefigura de Cristo, autor del “Cantar de los Cantares”, es visitado por Makeda, la reina de Saba, quien acude a visitarle tras largo viaje y le lleva especias, oro y piedras preciosas. Junto a ellos, otra pareja, que bien podría representar esa lucha o ambivalencia del Bien y el Mal, aunque desde la ejemplar gentilidad: Zenobia, reina de Palmira, en el desierto sirio, en el camino de Roma a Persia, victoriosa un día y finalmente prisionera y humillada por el emperador Aureliano.

¿Están hablando entre ellos? Sin duda. Sus rostros así lo manifiestan. No callan, sino que expresan. Cantan, gritan, susurran. Es difícil escucharlos. Analizar lo que dicen supondría, en cualquier caso, un ejercicio meramente literario. Para el que no valgo, aunque lo intente. Pero identificarlos, nombrarlos, admirarlos, ya es un ejercicio de imaginación y de apoyo a esta cultura tallada que nos ha quedado en todos los rincones. De la catedral de Sigüenza y de muchos otros edificios de nuestra provincia, de Castilla, en España toda. Creo que merece la pena pararse unos momentos a mirar estas enjutas, a escuchar su voz coral, a dejar volar la imaginación ante ellas.

aache ediciones de guadalajara libros

Navidad en la catedral de Sigüenza

Catedral de sigüenza retabloLa catedral de Sigüenza es, sin duda, el edificio religioso y artístico más representativo de la diócesis y de la provincia. Por su veteranía (se comenzó a construir en el siglo XII) y por el acopio de obras de arte, en arquitectura, escultura y pintura, que a lo largo de los siglos ha acumulado. Ahora en la Navidad, cobran vida y actualidad alguna de sus más relevantes obras de arte. Por ejemplo, el retablo mayor.
En uno de los ámbitos más representativos de la catedral de Sigüenza, como puede ser la capilla mayor, es donde aparecen algunas escenas de la Natividad e Infancia de Cristo, que deben ser admiradas por cuantos se ocupan de conocer a fondo las representaciones artísticas de tales hechos bíblicos. Esa capilla mayor de la catedral ocupa el fondo de la nave principal, y se rodea del deambulatorio o girola. Se escolta en su entrada de dos anchos pilares cubiertos de columnas adosadas, al estilo tradicional del gótico languedociano. En ella destacan, como cierre magnífico en hierro, la gran reja que labró en 1628-33 el artista Domingo de Zialceta, por encargo del obispo fray Pedro González de Mendoza, religioso franciscano, hijo de los duques de Pastrana.
El fondo de la capilla es ocupado por un impresionante altar mayor, encargado por el prelado fray Mateo de Burgos, y ejecutado entre 1609-11, por el escultor Giraldo de Merlo y su equipo de colaboradores. Consiguió el artista en esta pieza su obra maestra, muy representativa del manierismo castellano de los inicios del siglo XVII. Consta este retablo en madera policromada, cuajado de tallas y relieves, de un zócalo y tres cuerpos de distinto orden: jónico, corintio y compuesto. En el zócalo se ven escenas de la Pasión y en su calle central se abre un gran espacio rematado por frontón triangular, donde se instala el Sagrario o tabernáculo, que es de corte herreriano, rico en tallas y estatuillas. En el primero y segundo cuerpos hay esculturas en hornacinas, con relieves encima, en ambas calles laterales: representan a San Andrés, Santa Lucía, San Francisco de Asís y Santa Catalina en el cuerpo inferior, y a Santa Irene, Santa Ana, Santa Bárbara y otras vírgenes en el superior; las calles adyacentes a la central muestran amplios paneles de talla con imágenes de la Virgen y de la vida de Cristo. Y en el centro, dos grandes relieves con la Asunción de María, (advocación original y permanente del templo) y más en alto un sobrio Calvario, escoltándose de escenas en relieve como son la Ascensión del Señor y la Venida del Espíritu Santo. Otras muchas estatuas de santos, relieves, frisos y paneles enriquecen el conjunto de este hermosísimo retablo renacentista, que se remata con el escudo heráldico del obispo comitente tenido por ángeles.
En el cuerpo central del retablo, a los lados de la escena patronal de la Asunción de María, aparecen las escenas de la Natividad (a la izquierda del espectador) y de la Epifanía (a su izquierda) que para los belenistas y cuantos en estas fechas admiran los espacios y obras que reflejan el íntimo instante de la Revelación de Dios en la Tierra, son cruciales.
La primera escena, la Natividad, se muestra en un marco de relativa austeridad, con un arco y un muro, lisos, al fondo. En medio relieve, aparece centrando la escena la santa pareja de José y María, respaldados por la otra pareja de la naturaleza, el buey y la mula. Delante de ellos, en un pesebre cubierto de telas, desnudo, el Niño, el Dios que nace. La otra mitad del mundo humano se ocupa por tres pastores, que vestidos ricamente uno de ellos, y con pobreza el otro, señalan al infante. La policromía es vibrante y la escultura muy manierista, con músculo pero muy contenida.

aache ediciones de guadalajara libros

La segunda escena, la Epifanía, se ofrece en un marco más vibrante, aunque de talla plana. En él aparece un vestíbulo con altos pilares dejando abierto el paisaje a la izquierda, donde aparecen tenues unas montañas y en lo alto el cielo donde brilla una estática estrella, sin cola, pero potente. En cuanto a los personajes que pueblan la escena, están por supuesto la santa pareja, con María sentada y José arrodillado y apoyado en su cayado, que quizás muestra la vejez de su edad. En tanto, María, muy joven, sostiene al Divino Niño en sus rodillas, desnudo, que con su mano alzada quiere jugar con el elemento que el primero de los sabios orientales le ofrece. Las otras figuras de la escena son, por supuesto y como corresponde, los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, más un paje que ricamente revestido le sujeta la cola del manto a Melchor, el sabio blanco. Y que es quien arrodillado se postra ante el Niño. Los otros dos, retrasados, y en pie, cada uno con su pomo de oro en las manos, conversan y se preparan para la misma adoración y ofrecimiento. En definitiva, una escena muy bien compuesta, en la que los volúmenes de las figuras destacan por la vestimenta más que por la anatomía.

Giraldo de Merlo, el autor del retablo, dirigió un taller denso de colaboradores, muy solicitado en la Castilla de la primera mitad del siglo XVII, formando conjuntos retablistas de grandiosidad volumétrica y riqueza iconográfica sin precedentes, dentro de un estilo manierista contenido y sobrio, muy claramente romanista. El autor había nacido en 1574, en los Países Bajos, en un pueblecito (Mierlo) cerca de Amberes, pero llegó a la península ibérica, desarrollando aquí su arte espléndido. Además del retablo de Sigüenza, hizo el grande de la catedral actual de Ciudad Real, y el del monasterio de Guadalupe, más obras menores en Toledo, Avila y otras ciudades castellanas.