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escultura

Otro programa iconográfico humanista en Pastrana

En los salones altos, de la primera planta, del palacio de los Duques de Pastrana, en esta localidad alcarreña, se pueden contemplar unos programas iconográficos consistentes en la expresión de la filosofía humanista a través del neoplatonismo de Marsilio Ficino, materializados en la madera tallada de los grandes artesonados que cubren las principales salas de esta noble mansión. Bien es sabido que la expresión del Humanismo, como tendencia filosófica y social que trata de poner al ser humano como eje de la vida, la ciencia y la cultura, es la forma en que el Renacimiento se manifiesta en la Europa occidental, dejando atrás, a partir del Cuatroccento, los largos siglos de fórmula teocéntrica, en los que la Iglesia y sus ministros controlaron por completo la sociedad mediante la continua advertencia de que toda expresión del humano comportamiento debía estar sometida a la doctrina cristiana. La conjunción de ambas tendencias (el poder supremo de Dios y la libre voluntad y expresión del Hombre) dieron lugar a una serie de teorías que fueron en principio reprimidas (Erasmo de Rotterdam, los hermanos Valdés, etc.) y posteriormente permitidas, dejando paso a una visión del Humanismo neoplatónico más abierta y fructífera, al menos en el campo de la creatividad artística, formal y literaria. El Renacimiento en España tiene muchos constructores, pero sin duda el foco de artistas (pintores, arquitectos, escultores, poetas y dramaturgos) con eje en Toledo es el que da pie a la consolidación de estas ideas en nuestro país, mediado el siglo XVI. La expresión literaria y aún gráfica de que la Gloria prometida será dispensada tanto a los fervientes cristianos como a los paganos de buena voluntad, se revela en numerosos espacios artísticos: catedrales, techumbres, retablos, tapices y pinturas, a través de múltiples y complejos programas iconográficos. En la provincia de Guadalajara, a partir de 1550, son numerosas estas manifestaciones artísticas, de las que, por poner solamente unos ejemplos, debemos recordar las techumbres de la capilla de Luis de Lucena, y los programas de pinturas de las salas bajas del palacio del Infantado, ambas en Guadalajara, más la “sacristía de las cabezas” en la catedral de Sigüenza, las portadas de iglesias como Peñalver, Pareja, Malaguilla, el claustro del monasterio jerónimo de Lupiana, y el sotocoro de la iglesia de Romancos, todas ellas obras de la segunda mitad del siglo XVI, y realizadas por artistas del entorno de Alonso de Covarrubias. El palacio […]

Un recuerdo del escultor Angel García Díaz

En la ciudad de Guadalajara, que tuvo un patrimonio artístico muy denso, y del que han quedado escasas muestras después de tanto atraco, tanta guerra, tanto bombardeo y tanta desidia, hay varias espectaculares esculturas debidas a uno de los genios de la escultura romántica española. Son piezas debidas al cincel de Angel García Díaz, de quien hoy quiero redescubrir su obra, especialmente radicada en edificios madrileños. Quizás sea por su nombre y apellidos, a los que la sociedad española considera vulgares por ser muy comunes, por lo que este escultor haya permanecido un tanto olvidado y muy poco considerado en los últimos 100 años, aunque su obra, espléndida y de primera línea, todavía pueda darnos, cuando la vemos, un vuelco al corazón. Ángel García Díaz fue en su tiempo un artista reconocido, y considerado por la prensa de entonces un “insigne” y laureado escultor, aunque como digo hoy día es prácticamente un desconocido. En los años iniciales del siglo XX, era uno de los escultores más conocidos y cotizados en Madrid, colaborando asiduamente con el arquitecto Antonio Palacios, con quien tuvo no solo amistad sino una compenetración perfecta en la línea de decorar los edificios que este creaba. Así ocurre que todavía hoy las obras de Angel García decoran muchos y muy notables edificios del centro de Madrid. Por ejemplo, cabe recordar cómo en abril de 1910 Ángel García Díaz y Antonio Palacios fueron fundadores, junto a los más destacados artistas del momento, de la Asociación de Pintores y Escultores. Por su forma de ser, un tanto bohemia y alejada de los salones, no llegó a formar parte de esa “gran sociedad” del Madrid de los felices años veinte, que además solo aplaudía lo que se lucía, y a esta gente que trabajaba en profundidad, sin descanso, con genialidad, no se la apreciaba. Además firmó muy pocas obras, porque hacía lo que los arquitectos le encargaban, colocaban en lo alto de los edificios estas enormes figuras, y nadie se entretenía a preguntar quien había tallado aquello. Breve biografía Ángel García Díaz nació en Madrid, el 19 de diciembre de 1873, en la calle de la Madera, número 14. Muy joven, y gracias a una beca, pudo viajar a Roma y a París luego, pues desde muy pronto fueron evidentes su talento y creatividad. Entre 1889 y 1895 cursó estudios de arte, fundamentalmente escultura, en la madrileña Academia de San Fernando, […]

Patrimonio artístico de Zarzuela de Jadraque

En esta ocasión voy a hacer un repaso exhaustivo de lo que en el aspecto artístico contiene la iglesia parroquial de Zarzuela de Jadraque. El pasado mes de octubre, con ocasión de haberse celebrado en esa villa el VI Día de la Sierra, tuve la suerte de encontrar abierta la puerta de la iglesia, cosa que ya no es nada frecuente en los pueblos serranos y del resto de comarcas. Una vez dentro, me deslumbraron varias cosas. A mencionarlas, estudiarlas y señalar su valor me dedico en las siguientes líneas. Ya el exterior del templo de Zarzuela de Jadraque, dedicado a San Clemente Romano, es bastante interesante. La iglesia es muy rural y sencilla, fabricada con sillarejo y sin apenas elementos de relieve arquitectónico, aparte de los indispensables de fundamento tectónico: muros, puerta a mediodía, y sobre el hastial de poniente una espadaña maciza con dos vanos para las campanas, todo ello realizado con un simplismo y efectividad que nos remiten de inmediato a las formas románicas, y al siglo XIII aproximadamente como el de su construcción. Pero quizás lo más llamativo del templo de Zarzuela, al menos en mi opinión, es la situación en que se encuentra, coronando un gran peñasco granítico que visto desde la calle que accede al edificio, y un poco en perspectiva, nos da la sensación de tener peana propia. Estas cosas –lo digo porque lo ví el mismo día que visité esta iglesia- apenas si la importa a la gente. Pero yo insisto en que se vaya con un poco de sensibilidad hacia las formas y las perspectivas para captar la enorme belleza que un templo así tiene. De esa manera no sólo se visita, se circuye, se anota en la memoria, sino que se disfruta. Y en el fondo, ¿qué es la vida sino un intento de pasárselo bien? Yo lo consigo mirando estas viejas iglesias románicas subidas a lo alto de una roca. La pila bautismal Tan antigua como la iglesia es la pila bautismal. Suele ocurrir: el elemento mueble más antiguo de los templos de nuestra provincia, y en general de España, es la pila bautismal. Porque se hacía con elemento tan pesado como la piedra del entorno, y porque su uso no suponía un deterioro, por lo que nunca se cambiaba. Así ocurre que antes se ha derribado la iglesia y levantado otra nueva en su lugar, que cambiar de […]

Retrato del sepulcro de Mayor Guillén de Guzmán

En días pasados, ha publicado la Revista eHumanista, en las páginas 300-320 del volumen 24 (año 2013) de la Universidad de Berkley en California, un interesante artículo firmado por David Arbesú, que bajo el título “Alfonso X el Sabio, Beatriz de Portugal y el sepulcro de doña Mayor Guillén de Guzmán” nos refiere la peripecia de algunos manuscritos del viejo monasterio de Clarisas de Alcocer y, sobre todo, la descripción del monumento funerario de su fundadora, doña Mayor Guillén de Guzmán, perdido en 1936 pero ahora hallado en la memoria escrita de un contrato firmado en el siglo XIII. Una peripecia que merece ser glosada. En Alcocer hoy no encuentra el turista mucho más que un muro solemne y una fachada antigua surmontada de un ventanal gotizante como recuerdo de lo que fue, desde el siglo XVI, convento de monjas Clarisas. Esas monjas que antes habían vivido, desde la Edad Media, en el término de San Miguel, en un altozano a la orilla derecha del río Guadiela. Y que habían sido fundadas por una mujer prototipo de la Edad Media castellana, doña Mayor Guillén de Guzmán, de la que hoy corre más contenido legendario que real por los libros y las epopeyas. De ella y de su tumba vamos a saber hoy algo más. La vida de doña Mayor Guillén Aunque apagada por la distancia insalvable de los siglos, sabemos que doña Mayor Guillén de Guzmán perteneció a la nobleza castellana, pues había nacido (en torno al año 1210) de la estirpe de los Guzmanes, siendo hija de Nuño Guillén de Guzmán y de María González, así como tía del famoso “Guzmán el Bueno”. Frecuentó la corte del rey Fernando III, en la cual surgió como una estrella ante los ojos del heredero adolescente, Alfonso, quien se enamoró perdidamente de ella, posiblemente para toda la vida. Sin casar todavía, tuvieron una hija, Beatriz, que por entrar en los cálculos de la diplomacia peninsular acabó siendo reina de Portugal, y madre de reyes. Pero cuando Alfonso, reinante ya como Alfonso X el Sabio, alcanzó el trono, la corte impuso su matrimonio con doña Violante de Aragón, que no llegó a oficializarse hasta que la novia alcanzó la mayoría de edad legal, en diciembre de 1246. El rey de Castilla, uno de los más excelentes de la lista de nuestros monarcas, llegó a tener numerosos hijos, unos habidos en y otros fuera […]

Fuentelsaz en el confín

La España profunda es la que se encuentra lejos, a muchos kilómetros de las grandes ciudades, en las que sirven de referencia las plazas iluminadas, los escaparates coloristas y las manifestaciones deportivas o festivas. La España profunda es casi toda la provincia de Guadalajara, y de ella el Señorío de Molina, y de él, Fuentelsaz, que está lejos, muy lejos, de todo. Allí, sin embargo, queda vida, porque la hubo, densa y fuerte, y esa es la materia que cabe recoger de una visita al pueblo, tras mirar despacio su iglesia, sus palacios, sus fuentes, sus callejas, y charlar con la gente y mirar los viejos libros, y los libros nuevos. En Fuentelsaz hay muchas cosas que admirar y algunas más que recordar. Es mayoritario el patrimonio de raíz religiosa, la iglesia parroquial, las ermitas. Dentro de ellas los altares, con sus esculturas y pinturas, de gran relieve a pesar de su lejanía. Con sus campanas, sus clavos, sus custodias, sus víctores en las paredes, que recuerdan a personajes sabios, prudentes y generosos, que ya son solo memoria. Los retablos de Fuentelsaz De pocos conocido el patrimonio artístico de Fuentelsaz, como muchos otros del Señorío de Molina tuvo la suerte de que en la Guerra Civil nadie se dedicara a quemarle los retablos. De ahí que se ha mantenido el templo, y ahora lo vemos, como un auténtico museo del arte barroco, con raíces aragonesas por estilos y autores. Pero dentro de Castilla, como siempre han querido los molineses mantenerse. El más espléndido de todos es sin duda el retablo mayor. Es obra del artista Miguel Herber, miembro de una familia de “hacedores de retablos”. Este lo construyó junto con Francisco Alambra, siendo ambos vecinos de Fuentes de Jiloca. Era el año 1730 cuando se acabó y se mostró con toda su brillantez.  Estructurado al modo clásico de “banco / alzado / remate”, está dedicado al titular de la parroquia, San Pedro en la Cátedra, esto es, la representación del primer apóstol y primer pontífice con hábito de tal y sentado en un gran trono de oro. Ocupa la talla de San Pedro el lugar central y preferente. A sus lados, dos santos franciscanos: San Francisco de Asís y San Diego de Alcalá, este con su atributo más conocido, un ramo de rosas exhibidas sobre el hábito recogido (un milagro que le hizo famoso, y que sucedió ¿en La Salceda? […]