Cuando Dios gobierna de lejos

He terminado de leer “Cuando Dos gobierna de lejos” que aparece (es de AACHE, de la Colección “Pluma Maestra” nº 7) como novela, aunque que en realidad es un estudio novelado de una cultura que desparece, la de los pueblos negros en su vertiente de trashumancia, pero con análisis de otros temas hondos y reales, aunque la mayoría superados. Es un “libro testigo” de alto impacto, porque el autor es un hombre de mil recursos literarios: Rufino Sanz Peinado, de Robleluengo, con una memoria portentosa y una clarividencia inaudita.

“Cuando Dios gobierna de lejos” me ha impactado por muchos motivos. El primero es lo bien escrito que está. Pensado, medido, con acción y con reflexiones. El segundo, la forma en que trata los temas clásicos de la cultura y el mundo rural: paisaje, urbanismo, sociedad, fiestas… Y el tercero, especialmente, su trama, lo que tiene de historia rotunda, de novela perfecta. Es una “saga” en la que a través de la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, una serie de familias (especialmente la de los Robledo, los protagonistas) pasan por un mundo que no cambia, y que lo centra todo (la trashumancia) y recibe la visita de las guerras, de un modo directo o indirecto. La gente de “Aldeanegra” (que es como renombra el autor a su lugar natal, Robleluengo) es por esencia buena, aun con defectos. Pero la maldad les llega de fuera, y lo trastorna todo.

Rufino Sanz Peinado, abogado y político, pero sobre todo escritor de raza, demuestra aquí su valía, que esperaos encontrar pronto en otros libros y relatos, aunque será difícil que pueda superar lo que en este ha hecho. Todo un monumento a la Sierra Negra, a sus gentes, a sus modos de vida. Un libro que debería leer todo aquel que se considere, de verdad, serrano.

El autor, Rufino Sanz Peinado

Es natural de Robleluengo, el lugar de la Sierra que protagoniza la novela, en la que aparece con el alias de Aldeanegra. Él dice que es un lugar de naturaleza dura y hostil cuando los lugareños habían de trabajarla, pero que se convertía en bálsamo para sus ojos cuando se podían parar a contemplarla. En esa tierra, a la que vuelve siempre que puede, aprendió a percibir el olor de las mil flores y plantas del valle, a conocer el significado del cambio de colores en la montaña, a escuchar a los viejos que sabían qué nubes portaban beneficiosa agua y cuáles venían preñadas de meteoros dañinos, y a distinguir el enigmático lenguaje de los búhos, cucos, arrendajos, zorros y otros muchos animales salvajes o amaestrados. También, a hora temprana, los oficios de pastor, segador, trillador y otros de naturaleza menestral.

Rufino Sanz Peinado, que es muy conocido en Guadalajara, se inició como abogado y enseguida ganó oposiciones, entró a trabajar en la Diputación Provincial, llegó a ocupar el puesto de Director de Personal y de Servicios Jurídicos, e incluso tuvo algunos puestos políticos como diputado provincial y delegado del gobierno de la Junta de Comunidades. Ahora ejerce la abogacía particularmente y tiene una intensa vida profesional, que no le aparte, mentalmente, ni un minuto de su tierra, de sus ancestros y de los problemas que todavía les caben afrontar.

Rufino Sanz Peinado

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