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noviembre 4th, 2022:

Lecturas de patrimonio: una lápida de cristianos nuevos en Hita

lapida en hita

Por Antonio Herrera Casado

Visitando los bodegos de Hita, de los que aún existen varios, aunque solo dos de ellos se pueden recorrer con seguridad, encuentro en uno de ellos algo inesperado, y es una gran lápida mortuoria, semejante a las muchas existentes en la iglesia de San Juan de la villa, y que fueron acumulándose en ella (primero en los muros y ahora en los suelos de la misma) procedentes de las ruinas de las otras iglesias que fueron destruidas en la Guerra Civil.

La aljama judía de Hita

Desde la más remota Antigüedad, de siempre hubo judíos viviendo en Hita. Cuando esta fue aldea romana y caminera, o cuando siguió el puesto islámico con mozárabes dentro. En los siglos cristianos, Hita se pobló aún más de judíos, hasta el punto de que su aljama llegó a ser una de las más pobladas de toda Sefarad, la Península Ibérica.

Fue un caso especial de presencia hebrea en Castilla, puesto que no existía en el lugar una aljama física, un guetto, un barrio específico. Los judíos vivían por doquier, tanto en la plaza, como junto a los templos cristianos. Se sabe que hubo dos sinagogas, estando la Mayor situada en las inme­diaciones de la Plaza, y una escuela judía o Midras. Hoy queda en Hita, en su barrio alto, un gran edificio medio arruinado, en cuya pared norte se abran dos enormes arcos, y en cuyo interior quedan algunas yeserías que pueden ser del siglo XV o XVI y que llevan inscritas frases en un alfabeto que pudiera ser hebraico, aunque lo he visto muy de lejos y en difícil postura. 

El siglo XIII, y bajo el reinado de Alfonso X el Sabio, fue la época de su mayor auge. “Las tres culturas” que el monarca toledano amparó, hicieron de Castilla una nación grande y poderosa, sabia y autosuficiente.

En el año del Edicto de Expulsión (1492) eran más de 150 los judíos que habitaban en Hita formando 60 familias de cuyos bienes y títulos existe una fidelísima descripción. Tomo de la “Historia de la Villa de Hita” de don Manuel Criado de Val estos datos, que, aun someros, dan idea de la gran importancia de la comunidad sefardita en este lugar.

En la Plaza Mayor, centro del poder y el comercio, vivía el Rabí Simuel Castellano, pegado al adarve, e Isaque Cides, junto a su pariente y tendero Mosé. De otra tienda en la gran plaza era propietario Lezar Najari y la llamada «botica del rincón» era de otro judío, Lezar Valenciano. Tenían los judíos todo el comercio acaparado: la pescadería era propiedad de Çague de Pastrana, y el comercio en general (el supermercado de la época) era regentado por Jonto Vellido, judío, y los herederos del Alcaide Ferrando de Mendoza, que también tenía ancestros judíos, mientras que el Mesón grande y el Horno concejil los administraban los hermanos Alazar (Samuel, Yoçe, Çague y Jaco). En la parte alta tenían sus casas Mosé de Cuéllar y Jaco Adaroque, administradores de parte de los bienes de los señores de Hita, los duques del Infantado.

Sigue la meticulosa relación de Criado de Val mencionando sujetos, familias, oficios y negocios de los judíos de Hita. Pasada la plaza, en la subida hacia San Pedro, estaban las viviendas de los Anacaba, junto a Don Samuel Najari y a Don Osman Capa­chen, y los Baquex y Hada, que eran médicos y cirujanos. En el llamado “barrio del Rey de la Majestad” vivían también muchos judíos. Por ejemplo, se menciona en la relación a los Alazares, la gran familia rabínica de Yuçaf el Viejo, máximo propieta­rio de viñedos de Hita. Su mujer, Palanciana, tenía, como era frecuente en las familias judías, propiedades independientes. Y no lejos de la que llamaban Torre de San Jorge (otro de los señalados cubos de la muralla) habitaba otro rico propietario judío, Huda de los Puntos.

La relación entre los judíos, numerosos y potentados económicamente, y los señores de Hita fue siempre proverbial, abierta, mutuamente beneficiosa. No hay datos sobre ello, pero suponemos que buen número de estos judíos aceptó, en 1492, el bautismo, para seguir viviendo en su villa, en sus casas, entre los suyos, “en su tierra y en su país”. Adoptando muchos de ellos como apellidos los apelativos de pueblos y santos del entorno.

En todo caso, recomiendo leer atentamente las páginas que don Manuel Criado de Val dedicó a este tema de los judíos de Hita en su libro “Historia de Hita y su Arcipreste”, porque con minucioso detalle se habla allí de los más señalados, de sus ocupaciones y poderío, y de cómo fueron transmutándose, una vez bautizados (aunque nunca convertidos) en señores poderosos, en ricos comerciantes, en apoyos financieros de la familia Mendoza. Muchas de las lápidas que hoy en San Juan quedan, son también de judíos reconvertidos, y es este tema que no descarto tocar en un futuro.

Una lápida de Cristianos Nuevos en un Bodego de Hita

Después de estas generalidades y curiosidades sobre la Hita judía, explico el hallazgo que hace pocas semanas tuve la suerte de disfrutar, al visitar junto a Angel Luis Trillo, cronista oficial de la villa, uno de sus bodegos, concretamente el que llaman “Bodego del Barrio Alto” y que fue propiedad de don Manuel Criado de Val, aunque no lo llegó nunca a utilizar. En ese bodego, o vivienda excavada en la montaña, puede verse la distribución interior del cerro tallado, con habitaciones muy pequeñas: la cocina y despensa, a la izquierda según se entra, y dos habitaciones o alcobas a la derecha. El pasillo central lleva a una plataforma desde la que se accede al establo y almacenes, donde los antiguos metían sus animales y guardaban sus aperos y granos. En esa plataforma, alguien y en algún momento, colocó una lápida mortuoria que es el objeto de este trabajo. La lápida es del estilo de las que se pusieron en las otras iglesias de Hita y ahora están reunidas en la de San Juan: plana, de piedra caliza finamente tallada, con 2,15 mts. de longitud y 80 cms. de anchura. Adjunto la foto y transcribo lo que a lo largo de sus cuatro bordes corre tallado en elegante letra palatina, teniendo en cuenta que la parte corta del inicio o cabecera falta por completo: “[AQUÍ YAZEN SEPVLT] ADOS LOS MVI MAGNIFICOS SEÑORES LOPE DE MOLINA Y MARIA ANDEA SV MVGER CVIAS ANIMAS DIOS TENGA EN SU GLORIA ÉL MVRIO A 9 DE ABRIL DE 1578 AÑOS [   ] El centro de la lapida está ocupado por un escudo que dicho matrimonio adoptó y que consiste en un campo español apuntado, conteniendo un sol figurado y en sus extremos cuatro estrellas. La bordura lleva unas simples aspas y en el jefe se lee “ut lvceant” que puede traducirse del latín como “para que brillen” y que es frase que aparece en diversos lugares de la Biblia.

Desconocido en los documentos este personaje y su esposa, por el apellido simple “de Molina” podemos deducir que es de origen judío. El apellido de ella “Andea” tampoco es castellano puro ni de linaje conocido. El escudo no se corresponde con ningún linaje, propio o adquirido, castellano viejo, y sin duda es construcción personal del individuo, que utiliza símbolos luminosos y añade la frase latina que insiste en su capacidad de lucir. Todo ello nos lleva a pensar que este matrimonio era cristiano nuevo. Sus abuelos, judíos de Hita, acogiéndose a la cláusula del edicto de expulsión que les permitía convertirse y quedar donde vivían, cambiaron sus apellidos por estos que aparecen en la lápida. Esta debió tallarse en vida de los sujetos, añadiendo luego la fecha de muerte de él, que ocurrió en las postrimerías del reinado de Felipe II, justo unos días después del asesinato de Juan de Escobedo en Madrid.

Más curioso es lo que vemos tallado en la lápida, encima del escudo. Si esa parcela quedó vacía en su día, alguien luego talló en ella un amplio rebaje en forma de círculo, dándole salida por la parte superior, como un desaguadero, habiendo quitado también la inscripción de esa parte. Era esto un rudimentario molino manual de aceitunas, que machacadas convenientemente soltaban su jugo aceitoso, recogido en la hendidura, y rebosante por el extremo superior para ser recogido en cántaros. Posiblemente este molino casero lo tallaron quienes en algún momento cogieron la lápida de alguna ruina y se la llevaron a empedrar y utilizar como noble adorno y útil maquinaria el suelo del bodego dicho. Que hoy se puede visitar y cualquiera puede admirar y conocer con las explicaciones que vaya dando el guía.