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enero 2nd, 2009:

Segobriga, a dos pasos de la Alcarria

Cerca de Pastrana, -si bajamos hasta el Tajo por Almonacid y seguimos bordeando la sierra de Altomira hasta llegar a Barajas de Melo, de donde se sigue en corto trecho hasta Tarancón, y de allí por la nacional de Valencia, enseguida se llega a Segóbriga-, está la maravilla de ver resucitada y ofrecida al sol la ciudad romana de Segóbriga, un enclave que es hoy una de las joyas de la corona castellano-manchega en punto a enclaves arqueológicos, y que para cuantos hacen el “turismo cultural” que nuestra Región ofrece alto y claro, es una meta indudable. Damos aquí unas notas, muy breves, que nos ha proporcionado Juan Manuel Abascal Palazón, un alcarreño que ha sido, a día de hoy, quien más profundamente ha estudiado esta ciudad romana en nuestra Región.

 

Un corto trecho separa a Segóbriga de la autovía N-III Madrid-Valencia, donde está muy bien indicada la desviación. Se aparca (todo está regulado, porque se ha convertido poco a poco en un Parque Arqueológico puntero) y se sigue a pie la secuencia de la visita, que consta de dos fases nítidas: un primer vistazo al centro de interpretación o museo, y la visita completa a la ciudad, a la que se llega por un paseo de acacias que nos pone enseguida, y tras ver restos de épocas visigoda y musulmana, delante del cerro que desde antiguo se llamó “Cabeza de Griego” y que a pesar de mostrarnos hoy un enclave romano de enorme importancia, se revela como un filón inmenso en el que todavía está por descubrir y excavar más de la mitad de lo que fuera aquello.

Centro de Interpretación

Un moderno edificio alberga la recepción, el Museo y una pequeña tienda de recuerdos. En ese lugar podemos obtener una visión global de la antigua ciudad romana y admirar una selección de sus hallazgos, entre los que destacan los escultóricos. Al mismo tiempo, en el recinto se han instalado algunas imágenes virtuales de los antiguos monumentos, que permiten al visitante la contemplación de los edificios en su estado original. El Centro dispone de una sala dotada con medios audiovisuales y capacidad para 80 personas, en la que se proyecta un video introductorio previo a la visita al conjunto monumental, lo cual da una idea muy exacta de la época en que floreció Segóbriga, como se fue conformando el conjunto, y las funciones de cada espacio.

Desde el Centro de Interpretación se inicia la visita a través de la necrópolis extramuros, por un camino hoy acondicionado con arbolado y fuentes, hasta llegar al pie del teatro y anfiteatro, en donde empieza el área monumental.

La ciudad monumental

Quizás el elemento más conocido de Segóbriga sea el teatro. Es uno de los más pequeños, pero mejor conservados, de este tipo de monumentos romanos en España.  Se disponía, parejo con el Anfiteatro, a ambos lados de la vía de entrada que subía hacia la Puerta Principal de la ciudad, pero en las afueras de la misma. Se aprovechó la inclinación del cerro para su construcción, completando el graderío con sillares sacados de las canteras abiertas al Sur de la ciudad, al otro lado del río Gigüela. Se inauguró en tiempos de los emperadores Tito y Vespasiano, en el siglo I después de Cristo.

El graderío o cavea está muy bien conservado. Estaba dividido en diversos sectores por medio de escaleras y en tres partes de altura diversa que quedaban separadas por corredores horizontales pues estaban destinadas a los espectadores según la clase social a la que pertenecieran, quedando las gradas de la parte inferior, más amplias, para los asientos reservados a las autoridades y personajes destacados.

La ima (baja) y media cavea se conservan perfectamente, mientras que falta la suma cavea, que se apoyaría en la muralla tras elevarse sobre un corredor abovedado bajo el que corría la calle que unía las dos puertas de la ciudad. La parte inferior conserva una orchestra casi semicircular, como espacio en semisubsuelo, rodeada de tres escalones para los asientos de las autoridades. Frente a ella se alza el proscaenium o tablado, que era de madera sostenido sobre pilares de piedra. Detrás del tablado se alzaba la clásico frons scaena, o especie de decorado que servía para que la voz tornara fuerte hacia los espectadores, estando decorada con columnas y algunas esculturas de las musas del teatro, así como de personajes de la familia del emperador, presididas por la diosa Roma, constituyendo un programa de propaganda política de la familia imperial.

Todo ello confirma el carácter no sólo lúdico, sino también político y religioso que tenía el edificio del teatro en la antigua Roma, pues estaba destinado a las grandes fiestas y solemnidades colectivas, en especial a las relacionadas con el culto imperial.

En la ciudad de Segóbriga se encuentra el viajero con otros espacios monumentales y ambiciosos, que deslumbran y hacen soñar cómo sería aquello hace veinte siglos (19, para ser más exactos). Por una parte, frente al teatro, estaba el hipódromo, hoy sin excavar todavía, pero grande como el de Roma. Y junto al teatro el circo, enorme y espectacular. En la parte alta, en la ciudad propiamente dicha, encontramos el foro, enlosado al estilo de las grandes ciudades imperiales, con múltiples columnas y capiteles por todos los lados. Más las termas monumentales, la basílica comercial, los restos de la muralla…. El viajero que suba hasta el cerro de “Cabeza de Griego” se llevará una impresión monumental, y deseará volver, sin duda, cuando (quizás pasados unos años) se hayan desvelado otras zonas de la ciudad, otros edificios complejos, más estatuas, joyas, quizás mosaicos que seguro que quedaron bajo las tierras hoy verdes y prometedoras.

Una historia de la ciudad de Segóbriga

Según nos explican los profesores Abascal Palazón (Univ. de Alicante) y  Martín Almagro-Gorbea (Univ. Complutense de Madrid), el desarrollo urbano de la ciudad romana debió comenzar a mediados del siglo I a.C., fecha en que se pone en marcha la emisión de moneda en su ceca y en que se lleva a cabo la construcción de una parte de la muralla, que estará definitivamente en pie en la época augustea.

A lo largo de los siglos I y II d.C. continuaron en la ciudad a buen ritmo las nuevas construcciones, con la edificación del teatro, anfiteatro, basílica, pórticos, termas, etc. que dieron a la ciudad un aspecto urbano similar al de cualquiera de los grandes centros de otros territorios.

Una gran parte de estas obras fue financiada con aportaciones particulares, destacando por su importancia el teatro, en el que la inscripción del frente de la escena relata la financiación de las obras a cargo de una familia de rango senatorial.

Algo similar podemos decir de las grandes termas públicas de la parte superior de la ciudad, construidas a finales del siglo I o comienzos del II d.C., en las que una gran inscripción descubierta en las excavaciones contiene parte de una titulatura imperial relacionada con la edificación del complejo.

De la pujanza de algunas élites segobrigenses da idea el número de inscripciones con mención de donación de obras públicas descubiertas en la ciudad. A la inscripción ya citada del teatro y a la dedicación privada de un recinto de culto para Zeus Theos Megistos, hay que añadir la inscripción que hoy puede verse sobre la puerta de entrada al Centro de Interpretación, que recuerda las obras financiadas por L. Sempronius Valentinus.

Al servicio de las minas o como libertos domésticos, los indígenas e hijos de indígenas atestiguados en Segóbriga llegaron a tener sus propios cultos.

La presencia de estas gentes en la ciudad es la prueba de que el programa urbanístico y decorativo que arranca antes del cambio de era no es un elemento accidental, y que Segóbriga era a comienzos del Principado un gran centro urbano y comercial.

Las sucesivas excavaciones han ofrecido testimonios de esa pujanza que se manifiesta en los programas escultóricos de los edificios públicos. A la serie de retratos y esculturas ya conocida de antaño, hay que sumar ahora un retrato de Agrippina Maior, otro de Vespasiano y varios personajes togados. Incluso es de hace solamente un año la aparición en excavaciones progresivas de un torso de emperador romano que hoy preside el Centro de Interpretación, y que acompañando a estas líneas nos da idea de la importancia y belleza del hallazgo.

Información Complementaria

Dirección: Centro de Interpretación. Carretera de Saelices a Villamayor de Santiago, s/n, 16430 Saelices (Cuenca)
Telf.  del Centro de Interpretación: 629 75 22 57
Horarios: del 15 de abril a 15 de septiembre: 9 a 21 horas.
Del 16 de septiembre a 14 de abril: 10 a 18 h.
Lunes cerrado, excepto festivos.
Entrada: Tarifa general: 4 euros. Tarifa reducida: 2 euros (carnet de estudiante, carnet joven y grupos a partir de 15 personas). Visitas en grupo, concertar cita telefónicamente.
El acceso a Segobriga se encuentra en la salida 103 de la autovía Madrid-Valencia/Alicante, y puede realizarse también desde la localidad de Saelices. Desde este punto es preciso recorrer 3 km por la carretera que une Saelices con Quintanar de la Orden hasta llegar a la ciudad romana.
Lecturas recomendadas: Segóbriga (Guía del parque arqueológico) escrito por Juan Manuel Abascal, Martín Almagro-Gorbea y Rosario Cebrián, y editado por la Junta de Comunidades, como guía oficial del parque. Museos de Castilla-La Mancha, de la Editorial AACHE de Guadalajara, con referencia a más de 200 museos de toda la Región, entre los que se incluye Segóbriga, de la que se da también resumen e imágenes.