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marzo 30th, 2007:

Un centenario gozoso. Sánchez Portocarrero, historiador de Molina

 

El próximo día 4 de abril, se cumplirán los cuatro siglos del bautizo, en Molina de Aragón, de su más grande historiador: Diego Sánchez Portocarrero. Esta efemérides no va a pasar desapercibida, al menos en el Señorío Molinés. Y por parte del Ayuntamiento capitalino se ha preparado una jornada cultural, el próximo lunes día 2 de abril, para rememorar a este ilustre antepasado, y para presentar su obra, la “Antigüedad del Noble y Muy Leal Señorío de Molina” cuya primera parte fue impresa en Madrid, en 1641, a costa del propio autor, y que ahora se pone en manos de todos los molineses entusiastas en forma de edición facsímil.

 El personaje, Sánchez Portocarrero

 Nació don Diego Lorenzo Sánchez Portocarrero y de la Muela, en Molina de Aragón, en 1607, y fue bautizado en la parroquia de Santa María del Conde, exactamente el 4 de abril de ese mismo año, según constaba en la correspondiente partida del libro de bautizados de esta parro­quia que abarca del año 1594 a 1724, firmada por el licenciado Arrieta. Su linaje vivió en Molina desde la Edad Media, pues ya en el siglo XIV fue alcaide de sus castillos un tal Fernán González Portocarrero, nieto de Martín Pérez Portocarrero, que murió guerreando al servicio del rey Sancho IV de Castilla.

Los Portocarrero probaron su nobleza numerosas veces en las Órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara y San Juan de Je­rusalén, según puede verse en los documentos conservados en las Reales Chan­cillerías de Valladolid y Granada. La casa de los ancestros de don Diego Sánchez Portoca­rrero debía estar en la colación de la parroquia de San Martín, considerada como el templo más antiguo de la ciudad del río Gallo. Tenía Portocarrero una heredad llamada Canta el Gallo, junto a este río. A lo largo del manuscrito de la inédita segunda parte de su “Historia de Molina”, don Diego menciona varias veces su habitual residencia en la localidad molinesa de Hinojosa, en la casa que había sido de sus abuelos. No se sabe en qué edificio residiera, pero sí que pasaba allí largas temporadas, escribiendo, y explorando el terreno en torno, especialmente el cerro “Cabezo del Cid” que preside el término, donde él mismo encontró numerosos restos y piezas arqueológicas que, en forma de cascos, frenos de caballo y armas varias de hierro, pensó que se trataban de elementos abandonados por el ejército del Cid Campeador cuando por allí pasara camino de Valencia, pero que en realidad eran piezas de la época celtíbera, abundantes en el castro que realmente había sido aquel alto cerro.

En las pruebas que aportó para solicitar el hábito de la Orden de Santiago, dijo ser hijo legítimo de don Francisco Sánchez Portocarrero, también regidor perpetuo de Molina, y de doña María de la Muela; nieto por línea paterna del doctor Lorenzo Sánchez Portocarrero y de Gregoria de la Muela, y por la materna de don Salvador de la Muela y de doña Teresa Fernández Díaz, cristianos viejos de limpia prosapia, resi­dentes en Molina.

Aunque los hijos de hidalgos y mayorazgos cursaban, por lo general en el siglo XVII, estudios en Calatayud, Daroca, Sigüenza o Alcalá, no hay rastro de que en tales poblaciones fuera alumno de ningún Centro el joven Diego Sánchez Portocarrero. Ante esta ausencia de referencias documentales, el académico de la His­toria y Cronista Provincial don Juan Catalina García López, opta por decir en su «Biblioteca de Escritores de la Provincia de Gua­dalajara» (Madrid, 1898), que «no parece que don Diego estu­diase carrera alguna, lo que no fue parte a impedir sus grandes aficiones a las Letras, de que tan claro talento dio; antes bien, como hidalgo y regidor de Molina, parecía llamado a las armas o al menos a mandar la gente de guerra de su pueblo».

Hay que colegir de ello que fue autodidacta, lector constante de libros, de cuantos legajos o manuscritos cayeron en sus manos, anotando cuidadosamente cuanto de interés le contaban letrados y ancianos en relación con el Señorío de Molina. Su cu­riosidad desde muy joven por todo lo molinés es bien patente, insaciable desde los años mozos, pues de otra manera no le hubiera sido posible reunir tantos materiales, según veremos al tratar de su producción literaria en muy diversos aspectos. Es por ello que puede afirmarse que don Diego no estudió carre­ra universitaria alguna. Ni en los archivos de Alcalá ni en los de Sigüenza se encuentra la menor huella de su paso por las aulas del siglo XVII.  De ahí se colige que esa vida silenciosa, de estudio y meditación, aportó con espontaneidad en la edad adulta unos valores y calidades del mejor cuño literario.

Don Diego casó en primeras nupcias con María Muñoz de Dos Ramas Nidamiy, y en segundas con Ana Gerónima de Salcedo y Velasco, hija legítima de don Roque de Salcedo y doña Ana Martínez de Velasco, vecinos de la villa de Pozuela, quedando viudo de ésta última el año 1664. De ninguna tuvo descendencia. En 1663, algún tipo de enfermedad padecido por doña Gerónima, y viendo cercano su final, la llevó a otorgar testamento en la ciu­dad de Trujillo. El año de 1665, ya viudo, casaría con Antonia María de Escobar y Obando Sotomayor y Chaves, hija de los señores don Alvaro Rodríguez de Esco­bar, caballero de la orden de Alcántara, regidor de la ciudad de Trujillo, y de doña Teresa de Obando. Con ella tuvo como descendientes a Francisco José Sánchez Portocarrero, heredero en su mayorazgo, y que fallecería poco antes del mes de sep­tiembre de 1695, y un segundo hijo que nació, ya muerto don Diego, en 1666 del que no queda rastro alguno a la muerte de su hermano, por dejar como heredero único y universal de todos los bienes a Bartolomé Malo de Mendoza.

Su esposa quedó como albacea de su hacienda, junto al caballero calatravo don Gonzalo de Chaves y Orellana, Gobernador de Al­magro y su distrito, el licenciado Francisco Caballero, Vicario de la villa de Fuentes en la Alcarria, y don Jerónimo Arias de la Muela, su pariente, natural de Molina de Aragón.

 La obra, Antigüedad del Noble Señorío de Molina

 La mejor forma de celebrar el centenario de un escritor, es, por supuesto leer sus obras. De ahí que con la colaboración del Ayuntamiento de la Ciudad de Molina, la Librería Anticuaria Cortés de El Escorial, y la editorial AACHE de Guadalajara, se haya alcanzado este objetivo: el de brindar al público la posibilidad de leer, incluso de tener en su biblioteca, un ejemplar del libro más principal que Sánchez de Portocarrero escribiera. En formato facsímil de su primera edición, la “Antigüedad del Noble y Muy Leal Señorío de Molina” ofrece la parte inicial de la gran obra escrita por Sánchez Portocarrero en la que narra la historia del territorio en que naciera y viviera casi toda su vida.

Debe saberse que este historiador barroco pasó la vida reuniendo datos, tomando apuntes, y desarrollando con el mejor orden que pudo, la historia entera de la tierra molinesa. Su acúmulo de papeles, manuscritos, documentos y memorias debió ser enorme y hoy se considera perdida. Pero lo que sí se sabe es que terminó, o al menos desarrolló de forma bien estructurada, una gran historia molinesa que sin embargo no pudo llegar a darse completa a la imprenta, principalmente por el costo económico de la operación, que no fue capaz de asumir ni el autor, ni el Concejo molinés, ni editor alguno.

Todavía joven, hacia 1640, tenía ya reunida tal cantidad de datos, especialmente eruditas anotaciones tomadas de los clásicos y no demasiado fiables cronicones, que se animó a dar a luz y poner en imprenta su Primera Parte de la Historia de Molina. Era entonces regidor de la villa y su tierra, y capitán de sus gentes de armas. Vivía a caballo entre Molina e Hinojosa, y llevaba una existencia plácida de lecturas, paseos y escritos. Aunque no desesperaba de ver entera puesta en papel impreso su gran obra, decidió empezar a propagar su sabiduría mediante este libro, que finalmente salió a luz, impreso, en tamaño octavo, en 1641, gracias al impresor Diego García de la Carrera, de Madrid.

Con un preámbulo de Sánchez Portocarrero titulado “A los que leen” se inicia el libro. Entre otras cosas, nos dice que “El lenguaje he procurado que sea el más propio de a Historia, con mayor atención a la claridad de la narración que a la alteza de las palabras”. Y tras ello, ya como portada de la obra, el texto que sigue, definitorio de lo que pretende: “Antigüedad del Noble y Muy Leal Señorío de Molina, título de los Reyes de Castilla con la lista Real de los Príncipes y Reyes sus Señores. Que escribió don Diego Sanchez Portocarrero, su regidor perpetuo, capitán y caudillo de sus Gentes de Guerra Antiguo, por su Majestad Católica”.

El libro está presidido por una bella portada que es un grabado sobre plancha de cobre, con ilustraciones y una tipografía muy característica del siglo XVII, de gran belleza, creatividad y os­tentación. La portada está presidida por un escudo perteneciente a don Diego de Castrejón y Fonseca, obispo de Lugo, por lo que va timbrado con los símbolos de la dignidad episcopal, y la leyenda utroque gladio (con una y otra espada); debajo aparece otro escudo, el del cabildo eclesiástico molinés, de forma ovalada, con un jarrón de dos asas curvas del que surgen tres azucenas, y rodeado de la leyenda: sicut lilium, alusivo a persona o cosa especialmente calificada por su pureza o blancura.

También ofrece esta portada grabado el escudo del Señorío de Molina, timbrado de corona ducal, con un brazo armado sosteniendo entre los dedos índice y pulgar un anillo de oro, símbolo de la llamada “Concordia de Zafra” (1222), por la que el Señorío quedaba ligado ya para siempre a la corona de Castilla. Añade otra leyenda, que dice: Brachium Domini confortavit me (el brazo del Señor me ha consolado) y a su lado aparece aún otro escudo, este el de la ciudad de Molina, de corona sencilla, partido en dos, con una rueda de molino en cada una de sus partes, y la leyenda: Contrivit fines forum (el foro ha roto los límites), que se nos hace difícil de interpretar, y en la que quizás Sánchez Portocarrero quiso sintetizar lo que la villa de Molina en ese momento repre­sentaba para su entorno, y es que como la rueda del molino rompe los granos que la rodean, así hizo Molina a los que se la opusieron, en tiempos antiguos, y según leyendas. El mismo Sánchez Portocarrero así lo explica: “son… las ruedas el valor y la constancia con que quebrantó Molina a los que se le opusieron o la invadieron, como suele la rueda de molino con los granos que intentan cercarla, o impedir su progreso por lo qual puse yo por mote deste escudo en la primera parte desta Historia».

El libro que viene a continuación, denso y un tanto árido para el lector del siglo XXI, tiene un indudable gancho para cuantos gustan de analizar la historia, los viejos tratados, las fuentes originales. A lo largo de sus muchos capítulos, hasta totalizar las casi 350 páginas de la obra, Sánchez Portocarrero nos da noticias de la creación de la ciudad, en tiempos antiguos, y de los señores que tuvo, principiando por don Manrique de Lara, y acabando en Felipe IV, rey que ciñe en esos momentos la corona del más poderoso país del mundo, a la sazón (España).

Un lenguaje sonoro y rebuscado, para contar con él mil y una noticias novedosas y fundamentales para entender la evolución histórica del Señorío de Molina, apareciendo referencias a sus espacios arqueológicos, accidentes geográficos, personajes y batallas. Una maravilla de libro que, gracias al empuje del Ayuntamiento de Molina, ha conseguido salvar la inercia de los siglos, y ahora, justo cuatro siglos después del nacimiento de su autor, verse impreso y en las manos de cuantos gustan saber más y en profundidad de su tierra natal, esa imperecedera Tierra Molina que tantos llevamos en el corazón.

 Apunte

 El libro conmemorativo

 Encuadernado en terciopelo color crema, nos llena las manos con su presencia severa y elegante. Se inicia con unas palabras del alcalde de Molina, Pedro Herranz, y aporta un estudio inicial sobre la vida y la obra de Sánchez Portocarrero, elaborado por el Cronista Provincial Antonio Herrera. Sigue la reproducción facsímil, en tamaño ligeramente mayor del original, la obra completa del historiador molinés, que supera las 300 páginas de datos.  El original que ha servido para su reproducción pertenece a la Librería Anticuaria del también alcarreño Salvador Cortés Campoamor, y la elaboración del libro se ha hecho en estudios y talleres de Guadalajara, (filmación de Fernando García Gálvez, edición de AACHE, impresión de Minaya) consiguiendo una pieza exquisita que va a ser inmediatamente acaparada por los coleccionistas de libros de nuestra tierra, que los hay y muy abundantes.