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Budia, corazón de la Alcarria

En pleno corazón de la Alcarria, corazón ella misma de la comarca, Budia se alza como un lugar que merece ser visitado y admirado durante, por lo menos, unas cuantas horas. Está esperando en estos momentos el seguro “boom” del turismo, que no acaba de cuajar, aunque en ese camino se han hecho plausibles ensayos. Casas rurales, fiestas con carácter, monumentos y obras de arte únicos en la provincia, paisajes propios de la comarca, urbanismo cuidado, clima agradable…. son los suficientes elementos para concitar una llegada de caravanas alegres. Al menos, ese es el intento de estas líneas, que quieren llamar la atención de quienes buscan salir a recorrer la tierra alcarreña, y ver en ella esas sorpresas escondidas que le aguardan.

Una historia de Budia

Mañana sábado se va a presentar en Budia, en el salón de actos de su Centro Social y Cultural, un libro que reúne todo lo que debe saberse y conviene rememorar en torno a este pueblo. La presentación correrá a cargo de Pedro Aguilar, director de NUEVA ALCARRIA, y en el acto participarán, entre otros, el autor principal del texto y las fotografías, don Juan José Bermejo Millano, y este cronista, que algo ha colaborado en todo este invento, además de la alcaldesa

Doña Ana Sánchez, verdadera “alma mater” de todo lo que pasa y va a pasar en Budia.

Todos los pueblos deberían tener ya su historia escrita. Los anales mas o menos abultados de su devenir secular, puestos en letra de molde, para que las siguientes generaciones los conozcan y defiendan. Y no solo la historia: también el patrimonio, el costumbrismo, las destacadas singladuras de la naturaleza, los personajes que allí nacieron, las coplas y canciones, etc. Budia tiene todo eso en cantidades abundantes.

Algunos datos: de historia, cosas sorprendentes, que los autores del libro referido analizan a cuento del Catastro del Marqués de la Ensenada. Nos dicen como en la segunda mitad del siglo XVIII, la industria de los curtidos en Budia era muy fuerte, dando ocupación a cientos, a miles de personas, y vendiendo sus productos en la Corte, donde apreciaban esas pieles tratadas y curtidas en Budia como de altísima calidad para hacer muebles, encuadernar libros, forrar altares y reforzar cualquier elemento sujeto a golpes.

De arte, las dos tallas de madera policromada que aparecen hoy en el presbiterio de la iglesia parroquial, a ambos lados del altar mayor. Son el Ecce Homo y la Dolorosa tallados personalmente por Pedro de Mena, el artista que a mediados del siglo XVII talló estas preciosas y emotivas figuras por encargo del coronel de los reales ejércitos don Ambrosio Sáez Bustamante. Allí están concitando todas las miradas, y abriendo l as bocas más recalcitrantes: en un ¡oh! De admiración sana.

De arquitectura, el templo de los frailes carmelitas, que hace poco comentaba en estas mismas páginas, y que es un prodigio de elegancia de formas y volúmenes. Hoy, tras muchos años de abandonos y aún destrucciones premeditadas, estás queriendo salir adelante, ser recuperado de algún modo, mediante reconstrucción primero y uso después.

De costumbres, la Sampedrá olorosa y sonora, la fiesta más “rara” de la provincia en la que participa, según dice la leyenda, el mismísimo diablo, pues Pedro Botero, que es uno de los nombres por el que se le conoce, debió trabajar en las tenerías y talleres de curtición de Budia, y en esa fiesta dedicada a San Pedro que se hace quemando los restos de pieles, los fragmentos de botas rotas, y la mezcla de insufrible olor de lo que sobró a lo largo del año,  entre los enmascarados danzarines, sudorosos y “asfixiaos” de calor y humo, está siempre el diablo. Se dice, incluso, que si alguien en esa fiesta, un día consiguiera identificarle y desenmascararle, sería un día grande, porque se cerraría el Infierno para siempre.

Más los mayos, que empiezan mañana también, con sus ritos amatorios, sus cánticos a la Virgen….. más los soldados de Cristo, cofradía militante en toda la Semana Santa…. más los encierros de toros, que junto a los de Brihuega son aquí los más antiguos y famosos de la Alcarria…. cuantas cosas por ver y sentir en esta Budia que se merece un viaje, una estancia larga, y un amor de por vida.

Fernando Poyatos

Entre los elementos curiosos que forman la historia, la nostalgia, y la bibliografía de Budia, surge el nombre de Poyatos, todo un personaje que afortunadamente sigue vivo, aunque residiendo ahora en la costa andaluza. No nació aquí, sino en Calahorra, pero entre los budieros pasó buena parte de su vida, haciéndolos fotografías cuando aún era esa una actividad rara, de ricos y chiflados.

Fernando Poyatos charlaba al caer la tarde con los vecinos. Él vivía en un buen palacio que aún lleva su nombre, y según charlaba y vivía disparaba la máquina. Revelaba luego sus negativos, positivaba  en papel sus instantes, y surgían las fotos que hoy se han erigido en un monumento auténtico del pasado vital de la Alcarria. Donadas a la Diputación Provincial, forman parte del Centro de la Fotografía y la Imagen Histórica de la Provincia de Guadalajara, y en varios catálogos, exposiciones monográficas, fondo permanente en el Centro Social de Budia, etc, siguen dándonos el recuerdo palpitante de las charlas en los soportales, de los antiguos oficios, de los trajes de domingo y las bodas alegres, de la chiquillería militante y la matanza del cerdo entre humaredas.

De Poyatos aparece una representación breve de imágenes en este libro. Las suficientes para captar su mensaje, la identidad de instantes únicos, felices seguro, de tiempos irrecuperables.

Platos con encanto

La gastronomía es una de esas joyas escondidas que tiene Budia, y que mantienen viva las manos hacendosas de sus mujeres. ¿Quién no ha probado, hace años, los dulces “bizcochos crespines” de Budia, que venía reflejados en todos los tratados gastronómicos de la provincia? Ya no se venden al público, pero sí quedan muchas personas que los hacen, y en algunas pastelerías de la Alcarria aún se encuentran. La fórmula era nacida aquí, en la villa de Budia.

La suculencia alcarreña se extiende a otros elementos, que van desde los cocidos con sustancia al agua miel que se obtiene “tras escurrir la miel de los panales, lavados con agua fría, y mezclada con trozos de calabaza que tras múltiples lavados se cuecen añadidos de granos de anís. Una exquisitez de Budia que muy pocos han probado.

De la tradicional matanza salen enjundiosas comidas: la sangrecilla entomatá, las cachazas y alientos, el morteruelo incluso, que procede de las aves y la caza también… pero como siempre ocurre, y si Budia es “el corazón de la Alcarria”, lo mejor de la gastronomía está en sus dulces, que a base de miel, azucar y leches consiguen unos puches y unas gachas, unas magdalenas y unas rosquillas que resucitan muertos y sanan desahuciados. El alajú, las fritillas, las rosquillas de anís…. todo es especial y nuevo, con sabor a la tierra, con el misterio de la elaboración ancestral y callada. Solo por comer, por tener un encuentro de pecados palatales merece la pena llegarse a Budia.

Un libro que ofrece Budia entera

La obra que acaba de aparecer, y será presentada mañana, se titula “Budia, corazón de la Alcarria” y tiene por autores de los textos a Juan José Bermejo Millano y Antonio Herrera Casado. Y de las fotografías a ellos mismos y a Antonio Martínez Ledesma. Consta de 232 páginas en gran tamaño, y se ilustra de cientos de fotografías, la mayoría en composiciones a todo color. Ofrece mapas del término, referencias a todos los temas importantes de su historia, arte y costumbrismo, y aún estudia con detenimiento esos mismos elementos de Valdelagua, un antiguo despoblado que, anejo al Ayuntamiento budiero, hoy es lugar revitalizado y en marcha. Personajes de tono eclesiástico (Budia fue conocida en tiempos antiguos como “el pueblo de los Obispos”), artístico, literario y teatral, cinematográfico y político, a pesar de su tradicional aislamiento ha sido capaz de generar gentes que han llevado su nombre con honra por todo el mundo. Entre ellos, el Nóbel Camilo José Cela, que aquí escribió algunas de sus mejores páginas; el dramaturgo Manuel Catalina, y el filántropo e historiador Andrés Falcón y Pardo, al que mañana también se le rendirá, con la inauguración de una calle en su memoria, el merecido homenaje que Budia le debía.

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