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Viaje a los Entrerrios, entre Villares y Zarzuela

 

La Sierra de Guadalajara, la sierra negra que llaman, es hoy todavía, y después de dos meses de estarle pasando por encima un rigurosísimo invierno, la sierra blanca por excelencia. Está nevada de los pies a la cabeza, y sus charcos, sus arroyos, sus fuentes y sus pozos están helados, algunos en profundidad y con saña. Un hielo violento, un frío que endereza los alientos, una “rasca” que se ha insertado en lo único que tenía visos de vida sobre sus rugosidades: el agua. Y ha quedado todo hecho piedra.

Eso no es impedimento para que los viajeros se hayan echado al camino, y hayan llegado a los “Entrerríos”. Es este un lugar que merece la pena visitar, un espacio minúsculo, como encerrado en un cofre, de nuestra sierra, pero que alienta en quien lo ve el perenne deseo de volver. Explicaremos hoy donde está, como se llega, cual es la mejor forma de visitarlo y disfrutarlo. A la provincia de Guadalajara hay que vaciarla un tanto de estereotipos publicitarios, y decirle a la gente que se olvide de las fotos: que eche a andar, simplemente, y que mire lo que bajo el aire limpio ha quedado sin mancha. Una Naturaleza espléndida llena de sorpresas.

Llegada a Villares de Jadraque

Se llega en coche, desde Guadalajara, Azuqueca, Alcalá o Madrid, por la vega del Henares, hasta Humanes, y aún subiendo un poco más hasta Cogolludo, que se rodea si es que ya se ha visto el frontal de su palacio ducal, que el otro día aquí mismo recordaba y recomendaba. Desde Cogolludo, sierra arriba, se llega al embalse de Alcorlo, y bordeándole enseguida arribamos a Hiendelaencina, que ahora tiene una “variante” cómoda que nos hace avanzar más aprisa, alcanzando enseguida el hondo barrancazo del Bornova, que lo vadeamos sobre un alto puente junto al molino que se quedó prendido en la literatura tras la obra “el río de la Lamia” de Pérez Henares.

Subiendo la cuesta, se llega de inmediato a Villares de Jadraque, un pequeño pueblo en el que ni los sucesivos arreglos han arrancado su puro sabor de oscuras y primitivas formas. Vemos el Ayuntamiento, la fuente, la ermita, que está muy bien restaurada, y desde ella echamos a andar, monte arriba, siempre hacia arriba.

Los Entrerríos

Caminando en cuesta, despacio, se alcanza la altura del cerro, en el que vemos algunas viejas tainas y otras modernas parideras o estabulaciones de ganado. El paisaje en invierno es seco, grisáceo, pero en pocas semanas se pondrá verde a restallar. Habrá praderas de buen pasto (porque ahora solo queda una leve piel amarillenta de hierbas quemadas por el hielo, entre los manchones blanquiazules de la nieve que se acumula en las umbrías) y matorrales de arizónicas más pinos. Seguimos una ancha pista de tierra, que lleva a Zarzuela de Jadraque, y a poco vemos en la lontananza el hondo foso del río de la Vega.

Sin problemas bajamos hacía el agua. Se puede hacer siguiendo la pista, o por senderos que lucen entre los pedregales. Esto es más sano, y nos permite disfrutar de la sensación auténtica del caminante serrano. En no más de una hora desde que salimos de Villares alcanzamos el paraje de Entrerríos. Es este un lugar en el que aprovechando una alameda se han puesto diversas mesas y asientos de piedra, alguna parrilla, y escalones que facilitan su acceso. De tal modo que en la buena época del verano es superagradable quedarse allí a comer, o tenerlo de base de operaciones de otras excursiones río arriba, o río abajo: en este último caso, llegaremos al espectacular enclave, que está a tan solo un kilómetro de los Entrerríos, donde el de la Vega desemboca en el Bornova. Un paisaje que encoge el ánimo, porque son laderas muy pronunciadas, casi verticales, en las que la roca no deja un solo espacio a la vegetación. Una sensación de caos geológico, que solo vive por el rumor del agua, nos invade.

Antes de llegar a esa desembocadura, habremos parado a admirar el punto más bonito de la excursión: el puente viejo, quizás románico, llamadlo como queráis, pero es el puente que desde hace muchos siglos permitió a los viajeros, pastores, recueros y ahora senderistas, pasar sin problema el frío y a veces tumultuoso río de la Vega. Este puente es de pizarra, de grandes lajas, y se le mire por donde se le mire, con sus alamedas en torno, el reflejo de las aguas, las grandes piedras que le escoltan, es una preciosidad. Un lugar de nuestra tierra donde uno se quedaría a vivir, si no fuera por lo lejos que está de todo, y por el frío que hace habitualmente.

Desde Zarzuela de Jadraque

Este paseo puede hacerse, nosotros lo hemos hecho también, desde Zarzuela de Jadraque. Se llega a esta villa subiendo desde Cogolludo por Veguillas, y poco más allá, ya en pleno pinar, tomando el desvío que sale inesperadamente a la derecha. Tras atravesar un suave valle se llega a Zarzuela, que merece visitarse, entre otras cosas, por ver su viejo horno de cocer cerámicas. A este pueblo le llamaron en la antigüedad “Zarzuela de las Ollas”, porque producía unos estupendos cacharros (los había de todo tipo: botijos, cántaros, tinajas, jarras, etc.) que hoy son apreciados por los coleccionistas y los museólogos.

Desde Zarzuela se toma el camino, -de muy buen firme, por lo que permite el paso de automóviles preparados- que lleva a Villares. Y aquí la excursión y las bellezas paisajísticas comienzan desde el mismo pueblo, pues prácticamente todo es bajada hacia los Entrerríos.

De espectacular puede calificarse la bajada que hace el camino, con curvas continuas de 180 grados, dando la sensación a quien le sigue que está descendiendo hacia los infiernos. Se adivina abajo del todo una honda brecha de la naturaleza, se presiente un río, se imaginan unos árboles… pero al final, tras aguantar las botas o sostener el freno, lo que se encuentra uno es nuestro objetivo: los “Entrerríos”. El merendero, la alameda, el puente antiguo. Un lugar para no olvidar, que se hace excursión obligada en el tiempo que vamos a inaugurar pronto, en la primavera que vendrá cargada de verdes, de espumas entre las piedras, de deshielos.

Rutas Fáciles para conocer Guadalajara

Este viaje a pie que hoy hemos propuesto a nuestros lectores, porque lo hemos hecho en realidad, y nos ha encantado, es uno de los 20 tramos de excursiones a pie que nos proponen Sebastián Rubio, y Alicia y María Jesús Ramos, autores que son de un libro que acaban de poner en nuestras manos, y que es un manantial de ideas y un acompañante perfecto de andaduras y senderismos.

Dentro de la Colección Aache Turismo, como su número 5, acaba de aparecer “Rutas Fáciles para conocer Guadalajara”, que nos permite, con sus 128 páginas en la mano, ir por el Alto Tajo, por la Sierra Negra, por los Milagros del Linares o las minas de Hiendelencina (por supuesto, también, a los Entrerríos de Villares) mirando paisaje y siguiendo las indicaciones, totalmente visuales, que nos dan para no perdernos. Este libro es algo más que un simple prospecto de turismo: es una enciclopedia de ideas, de indicaciones y ofertas. Un amigo verdadero para empezar a andar Guadalajara.

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