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marzo 27th, 2002:

Paseando por las Plazas Mayores de Guadalajara

No me canso de recomendar un ejercicio que es sano para el cuerpo y para el alma. El ejercicio de pasear por la provincia: recorrer caminos, carreteras y montes. Andar entre arboledas, pisar las plazas. Precisamente de estas, de las plazas mayores de la Alcarria, quiero hablar hoy. Y hacerlo porque, además de ser un elemento que siempre asombra y vivifica, a propósito de un libro que acaba de aparecer editado tenemos ya la posibilidad de contar con el catálogo completo de “Plazas Mayores” de la provincia de Guadalajara. Una gozada real, una fantástica aventura visual (anímica también) sobre la irregular superficie de nuestra tierra.

El Colegio Oficial de Arquitectos de Guadalajara y la Caja de Guadalajara han editado a la limón, hace un par de meses, un hermoso libro que viene a ser el testamento alcarreñista de un historiador, artista y estudioso de la arquitectura: de Luis Cervera Vera, un auténtico apasionado de nuestra tierra, a la que miró con los ojos del viajero que siempre llega desde lejos, y las goza con más gozo. Luis Cervera Vera había sido, en años pasados, asiduo a los jurados de los Premios “Provincia de Guadalajara”, y siempre en las conversaciones que mantuvo con los alcarreños demostró que sabía más, mucho más de esta tierra, que la mayoría de ellos. Esta sabiduría la había ido tomando de sus viajes, de sus apuntes directos, de sus estudios bibliográficos (era un asiduo lector de “Nueva Alcarria”, me consta), y la esencia histórica de nuestra Alcarria la tenía incrustada en las venas. No en balde publicó el gran libro/estudio sobre el Colegio de la Santa Cruz de Valladolid, fundación del humanista Cardenal Mendoza, o la apasionante visión histórico-gráfica de la ciudad de Lerma, o esa delicada, tarea de orfebre casi, monografía sobre la villa de Pelegrina, mimoso análisis, casa por casa, de su iglesia, su castillo, sus plazuelas, cuestas y miradores…

Con este libro recién publicado, Cervera se ha desvelado como uno de los mejores conocedores (de los que andan, miran y apuntan todo) de la provincia de Guadalajara. Un académico que nos había dado ya previas muestras de su riguroso análisis de la realidad constructiva y patrimonial de lugares como Pelegrina o Brihuega,  pero que de una forma callada y continuada, había ido haciendo una colección suprema de dibujos de las plazas mayores, de los monumentos, de las calles y plazas más sugestivas de los pueblos de Guadalajara.

Gracias al cariño desplegado por su hijo, Luis Cervera Miralles, de sus amigos alcarreños Tomás Nieto y Miguel Angel Embid, y de sus compañeros de profesión, el Colegio de Arquitectos ha puesto en las manos de quienes estén interesados en estos temas un catálogo que solo podemos calificar de impresionante, bellísimo, abultado y valioso: los dibujos de las plazas mayores de casi ochenta pueblos de nuestra provincia (están las de Guadalajara capital, Sigüenza, Cogolludo, Atienza, Molina, Pastrana, por supuesto, pero están también las calles de Tendilla, los rincones de Checa, los palacios de Tortuera, las perspectivas de Horche… un total de 400 dibujos colosales, nítidos, evocadores. Estas “Plazas Mayores en las comarcas guadalajareñas” de Luis Cervera Vera se alzan ya, sin duda alguna, y desde ahora mismo, como una de las obras clásicas y hermosas de la bibliografía provincial. Un libro que, en mi opinión, no debe faltar en ninguna biblioteca alcarreñista, por lo que tiene de capital y firme.

Plazas Mayores con Encanto

Parodiando el título de una serie de libros-guías que pululan por ahí, y que ofrecen lo mejor de los pueblos, los paisajes, las fiestas, los monasterios y los paradores de España, este libro que acaba de salir podría ser así titulado: “Plazas Mayores con Encanto”. Porque, aunque todas son de la provincia de Guadalajara, todas lo tienen. Quisiera destacar aquí las mejores, pero (lo reconozco) es imposible. No ya por delicadeza hacia las demás, sino por imposibilidad física. ¿Cómo voy a hablar de la plaza mayor de Sigüenza, esa joya de Castilla y del universo occidental, y olvidarme de la de Cabanillas del Campo, que también tiene sus edificios clásicos, su aire rural e íntimo, su color canela sobre fachadas y tejados? La grandiosidad, la sonoridad arquitectónica de una se compara con la sencillez de la otra, y las dos se marcan su tanto, hay empate.

¿Y se puede hablar con tonos elogiosos, ditirámbicos y tal, de la Plaza del Trigo de Atienza, otro ejemplar soberbio y único de la más pura Castilla, y olvidarse de la más sencilla de Lupiana? Pues imposible. Porque la primera reúne en sus edificios, en sus combinaciones de maderas, galerías, escudos, templos y murallas el conjunto más sensible y espectacular de temas monumentales, bien dispuestos, asombrosos,… pero Lupiana no tiene nada que envidiar: Su rollo en el centro del ancho plazal. Su Ayuntamiento dieciochesco, su alta barbacana, su arboleda en las espaldas, y sobre el conjunto el pueblo alzado: aquí la cascada de tejados, allí la mole dorada de la iglesia covarrubiesca, allí los montes yesosos de la Alcarria. Todo un conjunto imborrable.

Aún más. Si la plaza mayor de Guadalajara, cada día más conjuntada, cuidada (y también más vacía de gente) se hace cuerpo inequívoco con su torre del reloj, sus soportales, su Ayuntamiento clasicista, su anchurosa frente…. ¿por qué no parangonarla con la plaza de Uceda, que es también abierta, también tiene Ayuntamiento, también suma templo modernista, edificios clásicos, escudos arzobispales, lejanías de viento y sierras? Es posible. Sí: tenemos un plantel de “Plazas mayores” que pueden presumir de encanto, de espaciosidad, de belleza, de valor monumental, de reserva histórica. Sobre todo, (para mí, es lo mejor de todas ellas) de ámbito comunitario y fértil de encuentros, de fiestas, de sonrisas. Las plazas mayores (en el libro de Cervera Vera aparecen casi un centenar, retratadas en 400 dibujos de los que apenas puedo mostrar dos o tres de ellos junto a estas líneas) son lugares con vida, no solo con encanto. Son espacios abiertos al aire, a la luz y las palabras. Son tránsitos para caminar, para departir, para mirar. Y de esas tenemos cientos. ¿Quién dijo que Guadalajara es una provincia pobre? Tenemos la mejor riqueza, la del corazón que late siempre, la del paisaje sorprendente, la de estas plazas que ahora Cervera (como testamento de amor hacia Guadalajara) nos ha dejado en este libro fabuloso, memorable, único.