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junio 23rd, 2000:

Torija desvelada

El pasado sábado 17 de junio, la villa de Torija se hizo un poco más mayor, un poco más alta, un poco más sabia. Creció, en definitiva, y lo hizo gracias a la aparición y puesta en escena de un libro que revela entera su historia, su biografía, su figura y su gracia. Un libro que se titula simplemente «Historia de Torija», y que ha sido escrito por don Andrés Pérez Arribas, que no es, ni mucho menos, un recién llegado en esto de la historia y los análisis de los viejos tiempos, de las raíces alcarreñas, sino un consumado escritor, analista e investigador de los viejos legajos, que ha tomado con entusiasmo la tarea de investigar y escribir la historia de esta villa torijana, hoy «de moda» por múltiples razones, y no es la menor la que supone lo atractivo de su patrimonio monumental, y la alegre y dispuesta asamblea de sus gentes.

Un libro atractivo

La «Historia de Torija» de Pérez Arribas es un libro que, al primer golpe de vista, tiene las características de lo atractivo. Porque está lleno de golpes visuales, de fotografías impresas a todo color, o en el tono ajado de las viejas cartulinas que reflejan la infancia de los abuelos, tan vivas y latientes como si hubieran sido tomadas ayer mismo.

Además de esa vistosidad, y a nada que el lector se enfrente a él, lo acaricie y le abra las páginas para ir mirando y sabiendo de su interior, se dará cuenta que no le falta de nada. Porque está su historia, su patrimonio al detalle, sus personajes relevantes, los documentos de que se nutre, las últimas noticias y un toque de vida rural que le da el tamaño definitivo de su valor.

En el capítulo inicial de la historia, don Andrés nos habla del significado de su nombre, de la inicial importancia de su estratégica posición sobre el valle y el camino real, y nos trae a la vista las impresiones que reflejaron tras su paso por Torija algunos viajeros de importancia, como Enrique Cock, Cosme de Médicis y el propio Camilo José Cela, que en sus «andanzas alcarreñas» tuvo siempre a Torija como refugio seguro y querido.

Largo y detallado, erudito incluso, es el capítulo dedicado al Señorío de Torija. Una villa que se mantuvo, tras su dominio por los templarios y los reyes de Castilla, en poder de unas cuantas familias españolas, especialmente las de los Orozco y los Mendoza, esencia estos últimos de la alcarreñía militante. De algunos de ellos, y muy especialmente de don Iñigo López, el primer marqués de Santillana, nos da el autor cumplidísima noticia. A mí, de todos ellos, el que más admiración me despierta es precisamente este, el autor de las «Serranillas» y conductor de la primera política maquiavélica de Castilla. Pero la que más compasión me suscita es doña María Fernández Coronel, que fue señora al menos nominal de Torija, en el siglo XIV, y a la que la crueldad de Pedro I privó del consuelo de su marido, don Juan de la Cerda, y llenó de dolor su vida, hasta culminar, poco antes de hacerse monja y fundar el convento de Santa Clara de Guadalajara, lacerándose el cuerpo y quemándose la cara, para no permitir que la incansable lascivia del Rey Cruel la mancillase.

Los Templarios en Torija

Aunque es tema que flota sobre las aguas inciertas de la leyenda, la cuestión de la presencia de los templarios en Torija le ha permitido a Pérez Arribas indagar a fondo en la historia y curiosidades de esta Orden religioso-militar de la Edad Media. Basado en ese documento vivo que es la tradición popular, pone en su libro el lugar del convento, el del templo, y los muros que aún se mantienen en pie de aquellas presencias antañonas. Además, y esto es lo más interesante del capítulo, se anota con meticulosidad la gloria y la decadencia de este grupo misterioso, el de los templarios, que cabalgaban de dos en cada caballo, por demostrar así su pobreza militante.

El «Paso Honroso» de Torija en tiempos de Carlos V (tiempos de torneos y celebraciones coloristas), los judíos en Torija, las verídicas expresiones del Catastro del Marqués de la Ensenada, y la crónica del famoso asedio del castillo y la villa, tomados por mosén Juan de Puelles al frente de las tropas navarras, y recuperados tras cruenta batalla por el arzobispo Carrillo y el marqués de Santillana, en 1446, completan los anales que esta «Historia de Torija» nos ofrece.

Castillo, templo, picota, ermita…

El patrimonio artístico de Torija es inacabable, y Pérez Arribas lo analiza en esta obra con detalle milimétrico. No es para menos. Porque siguiendo sus líneas, mirando sus imágenes, llevando este libro entre las manos, podemos darnos cuenta de la grandeza de sus casas y sus cosas: la «barbacana» famosa, la iglesia solemne, con sus escudos valientes entre las arcadas del crucero, el retablo colorista, más los enterramientos de los vizcondes… y a ello le sigue el castillo, con su larga historia de batallas y vencimientos, y aún el rollo símbolo del villazgo, y finalmente «la picotilla» o cipo conmemorativo puesto por la Corona de los Carlos tercero y cuarto en el Real Camino a Zaragoza, cuyo texto don Andrés se ha entretenido en leer, apareciendo entre otras cosas que fue el arquitecto Miguel Mateo Fando quien lo construyera en 1790: ese hacedor de famosas torres alcarreñas (Escamilla, Arbeteta, el giraldo de Molina…) puso también la mano en esta villa.

Alonso Gamo, Sancha y don Bernardino

No se olvida el autor de esta «Historia de Torija» de mencionar a sus más ilustres hijos. Desde los hermanos Coronel, el uno fraile franciscano, agustino el otro, con cargos de importancia en el aparato del Santo Oficio de la Inquisición, a don Bernardino de Mendoza, ese genio de la diplomacia que sirvió de jefe del espionaje filipino en la Europa del siglo XVI, y a don Antonio de Sancha, el mejor editor de la Corte en los años de la Ilustración literaria, acabando con la más reciente, conocida de todos, figura de José María Alonso Gamo, poeta, historiador de la literatura y sobre todo gran persona.

La vida rural

Hay un capítulo final, amplio y entretenido, que le da a este libro el valor de la variedad y suscita el aplauso final. Y este es el que denomina el autor «Vida Rural» y en él refiere múltiples anécdotas relativas a las formas antiguas y genéricas del vivir en los pueblos, que pasan desde el valor de la sal en los tiempos medievales, a la descripción de los aperos de labranza y análisis final de una almazara.

Con esta carga de información, a ver quién es el valiente que se aburre si coge el libro de Andrés Pérez Arribas entre sus manos. Será una «Historia de Torija» por el pormenor de los detalles. Pero visto en una perspectiva amplia, generosa, viene a  ser esta obra un gran retablo de la Alcarria entera, una vívida imagen, con latido y color, de nuestra tierra, que tiene en la imagen enhiesta y retadora de su castillo, el mejor cartel propagandístico y la más certera prestancia de una historia densa.