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Historia (de Guadalajara) solo hay una

 

Ayer vivió Guadalajara, de alguna forma, el inicio de las Ferias y Fiestas de este año. Alcalde y concejales, autoridades y vecinos, acudieron en masa a los actos culturales que suelen colocarse en estos barruntados inicios de las Fiestas: inauguración de exposiciones, muestras folclóricas y, por una vez tan sólo, presentación de un libro que va a marcar, estoy seguro de ello, un hito en la historia de nuestra ciudad. Un antes y un después. Porque el libro se titula y trata nada menos que de eso precisamente: de la «Historia de Guadalajara».

Historia e historias de Guadalajara

A lo largo de los siglos ha habido numerosas gentes que, aquí nacidas o venidas de fuera, han dedicado largas horas y aun años en investigar y escribir la historia de la ciudad de Guadalajara.

Sería largo de contar cuales han sido los mejores relatos de nuestra vicisitud: desde los Anales de la Ciudad de Medina y Mendoza, hasta el libro que ayer se presentó en el Ayuntamiento, y que es, a lo moderno, el producto de un compacto equipo de profesionales que han sabido captar lo que necesita el hombre de hoy para saber, en visión rápida, de su ayer, de sus ayeres.

Hasta ahora, como digo, ha habido muchos intentos de escribir la His­toria de Guadalaja­ra. De ellos han resultado algunos manuscritos, difíci­les de consultar y ya medio borrosos, y otros libros que también se han hecho, con el pasar de los años, raros ejemplares de bibliófilo. Categoría que han adquirido ya las más recientes, pues una que puse en pública consideración hace no más de 5-6 años, hoy ya es un libro difícil de encontrar.

La más antigua de las Historias de Guadalajara conocidas es la que escribiera don Francisco de Medi­na y Mendoza a mediados del siglo XVI. La tituló Anales de Guadalajara y hoy se consi­dera perdida. La consultó y utilizó muchas de sus noti­cias el siguiente historiador que acometió el intento: el jesuita Hernando Pecha, en 1632, quien redactó su Historia de Guadalaxara, y como la Religión de Sn. Gerónimo en España fue fundada y res­taurada por sus Ciudada­nos, quedando manuscrita y casi olvidada en los ana­queles de la Biblioteca Nacio­nal hasta que en 1977 se publicó por vez primera, a cargo de la Institución Pro­vincial de Cultura «Marqués de Santillana» con un estu­dio previo realizado por mí. Le siguió inmediatamente des­pués la Historia de la nobilí­sima ciudad de Guadalaxara, escrita en 1647 por el regidor Francisco de Torres, que se quedó manuscrita por los siglos, pues aún no ha visto la luz de la imprenta. Y poco después apareció, en elegante edición clásica, de 1653, la Historia eclesiástica y seglar de la muy noble y muy leal ciudad de Gua­dalaxara escrita por el licen­ciado Alonso Núñez de Cas­tro.

Nada más se hizo en este sentido hasta el siglo XX, en que los sucesivos cronistas locales se afanaron en con­seguir llevar a buen puerto esta vieja aspiración de los buenos arriacenses. Y así don Juan Catalina García pro­porcionó muchos materiales para poder escribir esa Historia en su obra La Alcarria en los dos primeros siglos de /a Reconquista, y don Manuel Pérez Villamil hizo lo propio en los amplios Aumentos que le puso a la publicación de las Relaciones Topográfi­cas mandadas escribir a finales del siglo XVI por el rey Felipe II. Sería, sin embargo, don Francisco Layna Serrano quien diera cima a su monu­mental obra titulada Historia de Guadalajara y sus Mendo­zas en los siglos XV y XV/, publicada por primera vez en 1942, en cuatro gruesos volúmenes, y hoy de nuevo en los comercios gracias a una edición mejorada que, en buena parte, ha sido posible gracias al patrocinio del Ayuntamiento guadalajareño.

En ese río anchuroso de las historias de Guadalajara, ésta que ahora recibimos con aplauso es, posiblemente, la más lograda y, con toda seguridad, la que ofrece datos más actualizados.

Una historia movida y con mensaje

A la historia de Guadalajara nadie puede achacarle que sea aburrida o monótona. Aquí han pasado una inmensidad de cosas. La mayoría buenas, aunque también ha habido momentos de gran dolor y amargura. Posiblemente se hayan concentrado en este siglo que ahora está casi a punto de acabar las más fuertes de las emociones todas: nuestra centuria ha sido la que ha tenido momentos de mayor esplendor (hoy mismo, Guadalajara es una ciudad abierta, luminosa y llena de vida, riqueza y alegría) y días de terrible angustia y tristeza (léase el 6 de diciembre de 1936, para quien tenga algo de memoria). Pero en general, como en botica, ha habido de todo.

En la historia de Antonio Ortiz y sus colaboradores, las cosas de Guadalajara están tratadas con eficiencia, con claridad y perspectiva. Aparecen los primeros balbuceos de lo que pudiera ser un grupo de mínimos asentamientos prehistóricos en los taludes del río Henares. El recuerdo del paso de los romanos. La sonoridad del nombre árabe que quedó para siempre definiéndonos. Y ese sucederse de reyes, de señores, de Mendozas, de fiestas y edificaciones, que forman la historia más conocida.

Sin embargo, el libro de los profesores del Liceo Caracense va más allá. No es una historia al uso, con notas a pie de página, documentos, opiniones. Es una historia lineal, sencilla, pero completa. Una historia de Guadalajara que está, sobre todo, engarzada plenamente con la historia de España. Yo aún diría que es esta la que se cuenta, y a cada paso que da la Patria, en Guadalajara resuena de un modo peculiar. Y se nos dice.

Así son los momentos del Medievo, con la explosión de soberanía y autogobierno populares (concejo de Guadalajara). El Renacimiento de los sistemas centralizados, con los Reyes Católicos y los primeros monarcas de la Casa de Austria (el auge mendocino). La decadencia (Fábrica de Paños de quita y pon). La guerra contra los franceses (El Empecinado). Las revoluciones y movimientos revolucionarios/reaccionarios (la monja de las llagas, Moreno y Marlasca, el Ateneo…) Y al fin la Guerra Civil, con su rastro de tragedia (los fusilamientos, Ortiz de Zárate, Marcelino Martín, italianos y republicanos…)

Todo ese bamboleo de cosas que suceden en España, tiene en Guadalajara su imagen especular. Breve, pero exacta. Y eso es lo que nos dicen los autores de este libro magnífico, bello en presentación, rico en imágenes, en mapas, en gráficos genealógicos… Rico sobre todo en capacidad de darnos la Historia de Guadalajara comprimida y total.

Yo creo que esta ha sido, por una vez, una forma plausible y realmente cultural de iniciar unas Fiestas de Otoño en Guadalajara. Unas Fiestas para las que deseo desde aquí lo mejor, lo más alegre y sonoro. Pero una cosa no choca con la otra. Y entonces viene el lugar y la ocasión para lanzar un fuerte aplauso a quienes, desde el Ayuntamiento de Guadalajara, han hecho posible este maridaje de la Fiesta y la Cultura.

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