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abril 4th, 1997:

José María Alonso Gamo, memoria de un intelectual

 

El 16 de marzo de 1993 (se han cumplido ahora, pues, los cuatro años) fallecía en Madrid José María Alonso Gamo, y era esa la fecha en que entraba al parnaso de los alcarreños más lucidos, más diligentes y apasionados, fuerza de alma y vena de decires pulcros. Seis años antes, un grupo de académicos había rendido en Torija, su villa natal, el homenaje que reclamaba con justicia una vida entera de esfuerzo intelectual al servicio de las hispánicas letras. Y el pueblo todo le había aplaudido debajo de la cerámica con que se daba nombre a una calle de la alcarreña villa. Aquellos parlamentos sabios, elocuentes y eruditos de los diver­sos académicos y catedráticos (recuerdo la sabia hondura de Rafael Lapesa, la precisión de Francisco López Estrada, la erudición de Manuel Fernández Galiano) en esa hora solemne del homenaje, vinieron a dar testimonio ante los torijanos de quien era realmente el hombre al que ponían rótulo de calle. Quizás muchos otros alcarreños ignoren todavía quien sea José María Alonso Gamo, pero este inexplicable vacío de la memoria debe quedar, a partir de hoy, relleno con algunas nociones que, si breves, sean por lo menos reveladoras de su personalidad y su quehacer. A ello van encaminadas estas líneas.

Quién fuera Alonso Gamo

Ante todo fue poeta, y por encima de ello, intelectual y escritor, ser humano a quien, por serlo verdaderamente, «nada humano le es ajeno». De los que antes se llevaban: educado, culto, leído, apasionado. Alejado de la progresía barbuda y azamarrada. Nació Alonso Gamo en Torija, un 7 de septiembre de 1913, elegido por él este lugar, pues según explica con gracia, pasaba el veraneo su madre en la altura torijana, y esperaba dar a luz en octubre, cuando él quiso venir, antes de lo previsto, al mundo en Torija.

Estudios de bachillerato en Madrid, de Derecho en El Escorial, obteniendo su doctorado en la Universidad Central, en 1933. Luego, enseguida, la Guerra, en la que fragua (como tantos otros) su alma para siempre. Y después de ella, la vocación diplomática, la «carrera» por excelencia, y el deambular por esos mundos, representando y defendiendo a España con pluma, no ya con armas, y con el buen hacer de su corazón grande. Alonso Gamo ha recorrido buen número de capitales americanas y europeas, jubilándose poco después de su último destino, el consulado de Amberes.

Pero el tránsito por los caminos de la diplomacia no le impidió nunca el desarrollo de su más íntima querencia. Pensar y escribir, dar en letra su agobio y su ternura. Poeta de vena lírica, moderna y tradicional a un tiempo, libros como «Tus rosas frente al espejo», «Paisajes del alma en guerra» y «Paisa­jes del alma en paz» han sabido llevar a la página chiquita y ya amarillenta de sus ediciones sencillas el pálpito magistral de su pluma, sin exageración entre las primeras de la poética hispana de este siglo. No en balde, por ella, consiguió en 1952 el Premio Nacional de Literatura, y en 1967 el «Premio Fastenrath» de la Real Academia de la Lengua por su obra Un español en el mundo: Santayana, editado un año antes.

Entre sus obras de investigación y crítica literaria, están como las mejores el estudio que dedicó al marqués de Santillana. Y a ese otro arriacense, también poeta, y novelista, del siglo XVI, que fue Luís Gálvez de Montalvo. Este es el título completo de la obra que le publicó en 1987 la Institución Provincial de Cultura «Marqués de Santillana»: Luís Gálvez de Montalvo (Vida y obra de ese gran ignorado). En las 358 páginas que ocupa, aborda el autor el estudio pormenorizado de la vida y la obra de uno de nuestros más preclaros escritores del Renacimiento, del alcarreño Luís Gálvez de Montalvo, que formó a mediados del siglo XVI en las filas de la corte humanista del cuarto duque del Infantado, siendo uno de los pilares claves de aquella «Atenas Alcarreña» que dio a Guadalajara renacentista el marchamo de un parnaso denso.

José María Alonso Gamo se transforma en esta ocasión en un estudioso de la historia literaria, y en un exégeta de un poeta alcarreño digno de aparecer en todas las historias. Lo más granado del estudio de Alonso Gamo se refiere a la obra de Gálvez, a su producción poética por una parte, y al significado y valoración de su novela más famosa, El Pastor de Fílida, en la que, al hilo de aventuras amorosas intrascendentes, él supo retratar en clave el mundo disperso, intelectual y munda­no de los Mendoza guadalajareños. Alonso Gamo, que bien pudiera por este su libro haber pertenecido a aquel «parnaso» arriacense de mediado el XVI, espiga de dicha novela todas las poesías, y no solo las publica ordenadas, constituyendo la segunda parte de su obra, sino que previamente las desmenuza y analiza desde un punto de vista de crítica textual, con el que viene a ofrecernos lo mejor y más significativo de esta su obra.

Densa aplicación de saberes

De sus versos, espigados en este libro, en aquel poemario, en esta antología, se han hecho recientemente unas hermosas Cinco Canciones que ha firmado en la música el compositor Miguel Ángel Gómez Martínez, director de la Orquesta Sinfónica de Hamburgo, y que con textos de Alonso Gamo se han paseado en magnos conciertos por las principales capitales europeas. Concretamente han servido como sustento de esas composiciones los poemas «Rosas», (de la obra Tus Rosas frente al espejo), «Cuantas veces», (del libro Rincón que en 1984 le editó la Diputación de Guadalajara), «Rincón de la rebotica», «Una ermita» y «La Luz» (de la obra Zurbarán, 1974, con versos del torijano al pintor extremeño).

¿Y de ese libro que escribió con poemas a las obras de Magritte? ¿O los callados versos de amor y ausencia a la mujer que más quiso? ¿Para cuando su traducción completa y estudio mayúsculo de la poética aguda de Catulo? De José María Alonso Gamo, aun con ser uno de los más eximios intelectuales de la historia alcarreña, nos queda aún por conocer lo mejor.

No caben aquí, en estas líneas apresuradas y simples, la relación completa de premios y de hechuras literarias que tejió Alonso Gamo: libros de poesía, de ensayo, de biografías. Conferencias sobre temas literarios y alcarreñistas. Artículos en las más prestigiosas revistas del país. Su elegancia en todo, su pulcritud en la escritura, su perenne asechanza a la obra del clásico, que le ha llevado a ser posiblemente el más importante conocedor y estudio­so de Catulo que hoy existe en el mundo, y cuya traducción y estudio de su obra poética, todavía inédita, está pidiendo a gritos ser publicada. Y va a serlo, gracias a la devoción que por él y su obra mantiene su viuda, María Dolores Sandoval, y el ánimo que a la empresa conceden quienes la conocen.

De Alonso Gamo solo cabe añadir, y no porque esté en el último lugar de sus virtudes, la caballerosidad y la generosa entrega de amistad que a todos brindó. Su biblioteca, de alejandrinos alientos, es puerto donde todos hemos alguna vez recalado; su casa y su tertulia en el paseo de la Castellana donde vivió, a menudo se vestían de alca­rreños horizontes para acoger a los amigos que le aplaudían. Y el pálpito de humanidad y sabiduría que surgía de este alcarreño insigne, acreedor de un busto en bronce para esta etérea galería de los paisanos ilustres, nos envuelve cada vez que le recordamos, que de sus escritos aprendemos o nos adentramos en la suave melancolía de sus versos.