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septiembre 15th, 1995:

Las fotografías alcarreñas de Francisco Goñi

 

Hace no más de diez años, una de las viejas casas de la calle Olmillos de nuestra ciudad iba a ser derruida para ser levantada otra nueva sobre su solar. El propietario, Félix Ortego (Pali para los amigos), subió hasta el desván a ver si había algo que merecía la pena rescatar, o bien dejaba que todo el polvo y trastaje que suele haber en los desvanes caía al mismo tiempo que la casa. Se encontró un arcón lleno de cajitas de cartón, y en cada una de ellas diez placas fotográficas de cristal. Había montañas de cajitas, centenares de placas. Miró algunas al trasluz, y vio que, en negativo, presentaban escenas en las que aparecía con insistencia el mismo personaje. Era el Rey Alfonso XIII de España, retratado en todas las posturas, en todos los actos, en todas las ciudades y rincones a donde había llegado durante su reinado. Era todo un tesoro gráfico que se le venía a las manos. Pali Ortego, gran fotógrafo, primer presidente que fue de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara, recibió ese día la más grande alegría de su vida. Corrió a comentarlo a sus amigos fotógrafos, y entre todos sacaron el arcón, los negativos de cristal, y se pusieron a clasificarlos y hacer listas de los temas en ellos contenidos.

Francisco Goñi, fotógrafo del Rey

Las fotos resultaron estar hechas por Goñi. Por Francisco Goñi. La investigación para saber quién fue ese señor devino ardua y lenta. Los miembros de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara, con Santiago Bernal a la cabeza, iniciaron el rastreo, entre los negativos, para tratar de identificar al autor. Solo encontraron que una de las placas presentaba la imagen de una sepultura en la que ponía «Familia Goñi». Y en algunas otras, en las que aparecía un joven de atusado bigotazo, con pose de cantante de tangos o disfrazado de moro nazarita, se hacía referencia a un tal Paco. Resultó encontrarse (esto lo encontró mi buen amigo José Antonio Sánchez Mariño) en una vieja enciclopedia militar el dato de que Francisco Goñi había sido cadete de Artillería en Segovia. Y se suponía que este señor habría vivido en Guadalajara a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Nada más. Años después apareció un sobrino suyo, un tal don Francisco Gilsanz Goñi, que actualmente vive en Santander y durante muchos años fue secretario del Ayuntamiento de El Burgo de Osma, que ha ido revelando los más datos de la identidad de este hombre enigmático, y de cuya obra se salvó, por verdadera casualidad, una parte importantísima de la memoria de España y de Guadalajara de los primeros años de nuestro siglo.

Francisco Goñi Jover nació en Madrid, en 1873, en la casa de la calle Arenal donde vivían sus padres. Gente acomodada, en ocasiones visitaba su domicilio de Madrid el tenor navarro Gayarre, que acompañado del señor Goñi padre al piano cantaba y hacía que en la acera se arremolinara el personal a escucharle. Intentó el joven Goñi hacerse militar, pero su precaria salud le hizo retirarse. Se presentó a unas oposiciones al ministerio de Hacienda, hacia 1920, ganando una plaza en el Catastro de Guadalajara. Y aquí se vino a vivir. Permaneció soltero, y ganó plaza además de juerguista y hombre alegre. Se aficionó a las fotografías, se compró una voluminosa máquina y se lanzó a hacer, sobre todo en Madrid, fotografías por todos lados, trabando amistad con los artistas punteros de la época (Alfonso, el padre, y Campúa). No sabemos cómo, pero el caso es que se hizo muy amigo del Rey Alfonso XIII, y este le nombró fotógrafo oficial del Príncipe de Asturias. En realidad Goñi fotografiaba a la familia real continuamente, en grupos, en excursiones, en actos oficiales, conduciendo coches por los caminos de Guadarrama, patinando en pistas de hielo, e inaugurando barcos, líneas de tranvías, Ferias internacionales, incluso participando en guerras, como las diversas batallas desarrolladas en el Rif cercano a Melilla hacia 1923.

Vivía Goñi en una casa de la Calle Mayor, y al parecer era bastante distinguido en el trato de señoras, atento siempre con todos cuantos se relacionaba, bastante querido en nuestra ciudad. Colaboraba con sus fotografías en las punteras Revistas gráficas de la época (el «Blanco y Negro», «La Esfera», «Nuevo Mundo» y «Mundo Gráfico»), así como en Guadalajara era muy amigo de los redactores del «Flores y Abejas», que en junio de 1920 comentaban que Goñi y Antonio Velasco hicieron varias fotos del conjunto de los cofrades «apostólicos» de la procesión del Corpus. He visto esa fotografía, y es realmente impresionante.

En 1936, tras el Alzamiento de Franco, Francisco Goñi fue encarcelado en la Prisión Provincial de Guadalajara junto a cientos de alcarreños más. Ignoramos los cargos, aunque a la mayoría los encarcelaron sin ellos. El 6 de diciembre de 1936, en el asalto a la Cárcel por grupos izquierdistas, Goñi murió fusilado junto a 300 alcarreños más. Su sobrino dice que se imagina que le fusilarían en la cama, porque con 63 años que contaba entonces, estaba casi impedido, y apenas si podía andar. Quizás su íntima amistad con el Rey, durante muchos años, le valió la pena de muerte.

¿Cómo llegaron todos sus negativos sobre placas de cristal, a la buhardilla de la casa de la calle Olmillos? Todo un misterio que será muy difícil resolver. Aparecieron, de todos modos, otras placas de Goñi en otras casas de Guadalajara, durante estos últimos años, lo que ha permitido que la Agrupación Fotográfica de Guadalajara tenga en estos momentos guardada una de las más impresionantes colecciones fotográficas de la historia de España.

Una exposición subyugante

Con las fotografías más directamente relacionadas con Guadalajara, la Agrupación ha hecho una exposición que estos días de Ferias está exponiendo al público en su sede del Ateneo Municipal. Tuve la fortuna de pasar una tarde, hace unos meses, en el laboratorio de la Agrupación, junto a Mario Bernal Cacho y Juan Carlos Cobos Pérez, que se han encargado, con su perfecta técnica reveladora, de hacer las copias de las más curiosas fotografías que Francisco Goñi hizo a Guadalajara, a sus monumentos, a sus gentes, y al propio Rey cuando en varias ocasiones vino hasta aquí, hasta su querida Academia y Servicio de Aerostación (Globos, para los amigos). Son pocas, pero perfectas, un goce total el mirarlas, el revivir los latidos de aquellos días ya tan lejanos. Saber que tras ellas hay una vida, un misterio además, y que en cualquier caso (porque hay que mantener siempre abierta la capacidad de asombro) sobre el papel permanece vivo el instante, las gentes, sus risas, el sonar de los motores, el murmullo del viento…

Junto a estas líneas pongo algunas fotografías que me han prestado los amigos de la Agrupación. Una es el retrato de Goñi, aquí vestido de militar, aunque él no lo era. He visto algunas otras en la colección en las que aparece autorretratado con trajes orientales. Todo un tipo con los pies grandes.

Las otras son aspectos de la vida en nuestra provincia, en los años veinte del siglo: el gran grupo que posa en el Patio de los Leones del palacio del Infantado está centrado por el Jefe del Gobierno y de la Junta Militar, el general Miguel Primo de Rivera. A sus costados se sumaron todos los «politiquillos de Guadalajara» como los llama Goñi en el apunte a lápiz que pone sobre la placa. Muchos de ellos serían simples curiosos, (digo yo), porque no creo que en 1924 hubiera tantos «politiquillos» como los que ahí aparecen. No los hay ni hoy, que tenemos una población cuatro veces mayor…

La otra fotografía es de Sigüenza. Goñi viajó por toda la provincia, y nos dejó algunas placas realmente sorprendentes de pueblos, monumentos y escenas vívidas que sorprenden. En esta vieja estampa de Sigüenza aparece en primer término el viaducto de los Arcos, sobre el barranco de Medina, y la catedral al fondo, que todavía muestra su torre del Santísimo enhiesta y la ausencia del cimborrio sobre el crucero, añadido que le puso Labrada en la restauración tras las Guerra. Hay muchas más imágenes de la provincia, merecedoras todas ellas de otra exposición antológica.

En cualquier caso, creo que este es el momento de recordar figura tan curiosa y excepcional como este Goñi, que a pesar de haber vivido tan intensamente la Guadalajara de los felices veinte (y de morir en ella en el ecuador de la década de los terribles treinta), apenas dejó rastro ni memoria entre nuestras gentes. Sus fotografías, a través de las placas cristalinas milagrosamente recuperadas por la Agrupación Fotográfica, pueden ahora verse y gozarse en exposición que ha de mantenerse abierta hasta el próximo domingo. Quizás lo mejor, culturalmente hablando, de las Ferias de este año.