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Andar por Brihuega

 

La villa alcarreña de Brihuega fue siempre, en los pasados siglos, patrimonio de los obispos de Toledo. Cedida por Alfonso VI al primero de ellos, tras la reconquista de 1085, siempre fue querida y cuidada por estos mandatarios eclesiásticos. En lo alto de su «peña roja» colocaron el castillo, y entre las estrechas y empinadas calles pusieron múltiples templos, de los que sabemos que al menos cinco fueron románicos (Santa María, San Miguel, San Felipe, San Juan y San Pedro). Del último solamente quedan hoy mínimas huellas; del penúltimo, el recuerdo, pues se hundió a comienzos de este siglo. Los tres primeros se mantienen en pie, bien restaurados, dispuestos a la admiración del viajero.

Santa Maria de la Peña

En el llamado Prado de Santa María, al extremo sur de la población, puede admirarse la iglesia parroquial de Santa María de la Peña, uno de los cinco templos cristianos que tuvo Brihuega y que fue construido, en la primera mitad del siglo XIH, a instancias del arzobispo toledano don Rodrigo Ximénez de Rada.

Su puerta principal está orientada al norte, cobijada por atrio porticado. Es lo primero que ve el viajero, y por ahí recibe toda su admiración inicial, su preparación al asombro. Se trata de un gran portón abocinado, con varios arcos apuntados en degra­dación, exornados por puntas de diamante y esbozos vegetales, apoyados en columnillas adosadas, que rematan en capiteles ornados con hojas de acanto y alguna escena mariana, como es una ruda Anunciación. El tímpano se forma con dos arcos también apuntados que cargan sobre un parteluz imaginario y entre ellos un rosetón en el que se inscriben cuatro­ círculos. La puerta occidental, a los pies del templo, fue restaurada en el siglo XVI por el cardenal Tavera, cuyo escudo la remata.

El interior es de gran belleza y puro sabor medieval. Durante el rato que dure la visita (que recomiendo hacerla en domingo, y por la mañana, que es cuando permanece abierto el templo con más seguridad), el viajero’ se adentrará sin dificultad en un ámbito medieval, luminoso y de drástica serenidad a un tiempo. En él llaman la atención sus muros, de piedra descubierta en sus tres naves, que comportan una tenue luminosidad grisácea de deslumbrante poder evocativo. El tramo central es más alto que los laterales, estando separados unos de otros por robustas pilastras que se coronan con varios conjuntos de capiteles en los que sorprenden sus motivos iconográficos, plenos de escenas medievales, religiosas y mitológicas. Las techumbres se adornan con nervaturas góticas. Sobre la entrada a la primera capilla lateral de la nave del Evangelio, una gran ventana gótica se muestra. En el siglo XVI, el cardenal Tavera modificó el templo colocando a sus pies un coro alto, que se sostiene sobre valiente arco escarzano, en el que medallones, escudo y balaustrada pregonan lo radicalmente distinto del arte plateresco con respecto al románico. Sobre el muro de este coro aparece una interesante pintura medieval que merece ser conservada y, por supuesto, admirada por los viajeros. La cabecera del templo está formada por un, ábside de planta semicircular, que al exterior se adorna con unos contrafuertes adosados, y esbeltas ventanas cuyos arcos se cargan con decoración de puntas de diamante.

San Felipe

La iglesia de San Felipe es, sin duda, la más bella de Brihuega. Construida en la misma rosetones, el central calado con semicírculos formando una estrella. Al sur existe otra puerta, más sencilla, pero también de estilo tradicional. El interior ofrece un aspecto de autenticidad y galanura medieval como es muy difícil encontrar en otros sitios. Se estructura en tres naves esbeltas, la central más alta que las laterales, que se separan por pilares con decoración vegetal y se recubren con artesonado de madera. Al fondo, el presbiterio, con su tramo recto inicial, y la capilla absidial, semicircular, de muros lisos, cinco ventanales aspillerados y cúpula de cuarto de esfera, completa el conjunto que sorprende por su aspecto románico de transición, netamente medieval. La torre del templo no está totalmente unida a él, sino que se aprovechó uno de los torreones de la cercana muralla, poniéndole en lo alto unas campanas.

San Miguel

Está situada esta iglesia en la parte baja de la villa, camino ya de Cifuentes, y ha sido recientemente restaurada con unos criterios de modernidad. Así, y a pesar de que siempre está cerrada, puede verse su grandiosa portada abierta al muro de poniente, en limpio estilo románico de transición, con sencillos capiteles y múltiples arquivoltas apuntadas, y otra puerta sobre el muro meridional, del mismo estilo pero más sencilla. A levante se alza el  ábside poligonal de traza mudéjar, construido de ladrillo descubierto, con múltiples contrafuertes adosados y sin ventanas. El interior, en el que prácticamente han quedado tan sólo los muros y los pilares que separaban las tres naves, muestra completa la cabecera, a la que se accede a través de un arco triunfal apuntado que apoya en columnas y pilastras con capiteles de decoración vegetal, y se cubre en su parte absidal mediante una hermosa bóveda nervada de ladrillo, en forma de estrella de seis puntas, lo mismo que el tramo recto del presbiterio. El estilo que inspiró este templo estaba netamente en conexión con el más puro mudéjar toledano, al que recuerdan las escasas estructuras que aquí quedan. La torre de las campanas está adosada al lado norte del templo.

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