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Un Mendoza escritor, don Bernardino de Mendoza

 

 Uno de los más interesantes sujetos de la familia de los Mendoza, numerosa y variopinta en cuanto a gentes dedicadas a las más extrañas andanzas, fué sin duda este don Bernardino de Mendo­za, que ejerció, entre otras cosas, de escritor, de militar, de diplomático, y de tratadista de temas militares.

Perteneció este individuo a la familia de los Mendoza de Guadalajara, concretamente a una de sus ramas segundonas, pero no por ello menos encopetadas, ricas e influyentes que la principal de los Infantado. Nació en el seno de los vizcondes de Torija y condes de Coruña, perteneciendo a una larga serie de 19 hermanos. Fueron sus padres D. Alonso Suárez de Mendoza y doña Juana Jiménez de Cisneros. Nació este individuo en la ciudad de Guadalaja­ra, en 1541. Estudió en la Universidad de Alcalá, donde se graduó de bachiller en Artes y Filosofía, licenciándose de lo mismo en 1556, y pasando luego a ser colegial del de San Ildefonso de la ciudad del Henares.

Entró al servicio del Rey Felipe II en 1560, destacando pronto por sus grandes dotes. Actuó en dicha Corte como embaja­dor, siéndolo del Rey en Londres, en París, en Roma y otros lugares de Italia. También fue militar destacado en la guerra de Flandes, en la que actuó no sólo de capitán, sino también de cronista de sus más importantes eventos, y de tratadista teórico y práctico de los sistema militares y guerreros empleados. Inter­vino en las más duras campañas de Flandes, sufriendo en ellas lo indecible, llegando a resentirse su salud de forma que perdió la vista y, muy avejentado y tullido, se retiró a Madrid, donde vivió sus últimos años pobremente, muriendo en 1604. Dispuso su enterramiento en el solar de sus padres, en la iglesia parroquial de Torija (Guadalajara), viéndose aún hoy una lápida sencilla en el presbiterio en la que se lee su memoria de hombre sencillo y valeroso. Uno de los objetivos de la visita a la villa de Torija, ahora remozada con la reconstrucción de su castillo, es sin duda la visita a la sencilla tumba de este gran hombre.

El interés de Bernardino de Mendoza como autoridad científi­ca radica en su Tratado sobre la Guerra. De las diversas obras que escribió, y que abajo se relacionan, la más interesante a nuestro objeto fue la Teórica y Práctica de la Guerra, que escri­bió en 1594. Se trata de un libro de teórica militar comprobada por la práctica. El autor, partícipe en numerosas campañas, responsable de la dirección táctica de muchas batallas, asaltos, y maniobras militares, adquirió una experiencia importante, lo que unido a su inteligencia y capacidad de síntesis, le posibili­tó escribir esta obra, que desde el momento de su aparición fué reconocida como la mejor de su tiempo y de tiempos anteriores, en punto a la basamenta teórica de la guerra.

Expone por una parte diversos elementos mecánicos que son precisas en las batallas. Así, destacan en su obra el trazado de una torre de defensa y una atalaya desmontable de cincuenta pies de altura; una pieza de artillería de escaso peso que sería capaz de atravesar amurallamientos de gran espesor; e incluso describe un puente militar desmontable y transportable, al estilo de los realizados por los zapadores de más modernos tiempos.

En el aspecto técnico de la organización del ejército y las batallas, Bernardino de Mendoza explica las que a su entender serían idóneas condiciones de alojamiento de los ejércitos; la calidad de la tierra para ello; el manejo conjunto o separado de la caballería, la infantería y la artillería; las formas varias de fortificaciones y asaltos; la defensa de las plazas y su aprovisionamiento; el modo de caminar, de luchar y de descansar los ejércitos; el paso de los ríos por éstos, etc. La obra fue traducida al alemán, francés, inglés e italiano. Siempre ha sido considerada como un auténtico hito y punto de referencia del arte militar del Renacimiento, y por ello, y por haber sido un autén­tico avanzado de su época, Bernardino de Mendoza ha pasado con justicia a la historia de la ciencia española.

En cuanto a las ediciones que ha recibido su obra más cono­cida, podemos relacionar las siguientes: Theorica y Pratica de Gverra, escrita al príncipe don Felipe nuestro señor, por don Bernardino de Mendoça, Madrid, Viuda de P. Madrigal, 1595. De este libro se hicieron nuevas ediciones, como la de Amberes en 1596, la de Venecia, ya en italiano, también en 1596, y otras en inglés, en francés y en alemán en años inmediatamente posterio­res.

Además escribió Bernardino de Mendoza muchas otras cosas, de las que serían mas interesantes estas: Los seys libros de las Politicas o Doctrina Civil de Iusto Lipsio que sirven para el govierno del Reyno o Principado, traduzidos de Lengua latina en castellana, por don Bernardino de Mendoça. Madrid, Imprenta Real, 1604, También los Comentarios de don Bernardino de Mendoça de lo sucedido en las guerras de los Payses baxos, desde el año de 1567 hasta el de 1577, Madrid, por Pedro Madrigal, 1592. Esta obra apareció primeramente en francés, editada en París por Guillaume Chaudiere, en 1581. Luego tuvo otras ediciones en diversos idio­mas: en inglés apareció en Londres, por Sir Edward Hoby, en 1597, y en francés nuevamente en Bruselas, por Guillaume Tome, en 1860. En español es posible leerla en el tomo II del Volumen XVIII de la Biblioteca de Autores españoles, Madrid, por Rivadeneyra, 1853, pp. 389‑561. 

Bibliografía consultada

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ALMIRANTE, J.: Bibliografía militar de España, Madrid, 1876, pp. 510‑56

PICATOSTE RODRIGUEZ, F.: Apuntes para una biblioteca científica española del siglo XVI, Madrid, 1891, pp. 3644‑365

LOPEZ PIÑERO, José M. et al.: Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Barcelona, 1983, Vol. II, pp.53

GARCIA LOPEZ, J.C.: Biblioteca de escritores de la provincia de Guadalajara, Madrid, 1899, pp. 330‑338

ZAPATA: Memorial Histórico Español, tomo XI, Madrid, 1887, pp. 436

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