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marzo 20th, 1987:

El retablo del Marués de Santillana (I)

 

Anda ahora de actualidad el Retablo del Marqués de Santillana, obra de arte de categoría primerísima en el patrimo­nio artístico español, y del que por unos y otros se ha hablado, en estos días, exponiendo claramen­te dos premisas que ya con anterioridad, y en un trabajo que por sus características tuvo escasa difusión, previamente planteé (*): una, la de que es verdaderamente penoso que una pieza artística de tal considera­ción esté encerrada en una sala sin opción de ser admirada por quien desee hacerlo. Y otra, que la ciudad de Guadalajara, el Ministerio de Cultura, el Museo de Bellas Artes de nuestra ciu­dad, y quien quiera que tenga responsa­bilidad en el tema, debería apoyar por todos los medios la permanencia en Guadalajara de este retablo, y su admiración pública.

Quieren estas líneas ser mero repaso al significado de la pieza, a la descripción de su belleza y al recuerdo de su autor, de su comitente y su destino. Y en este sentido, debemos empezar haciendo referencia al motivo de creación y de su ser‑en‑ el‑mundo.

Sabemos que fué un encargo personal del marqués de Santillana a un pintor que ejercía como artista de cámara en la corte mendocina. En un momento del final de su vida, después de haber pasado por experiencias de todo tipo en la política corte­sana, en la guerra contra los árabes, en la lectura de los clási­cos romanos, y hasta en los amores diversos a las campesinas y a las aristócratas, don Iñigo decide encargar un retablo a honor y gloria de la Virgen María, a la que ha dedicado unos Gozos en los que ha puesto su mejor ingenio y su alta galanura poética. Y quiere que en dicho retablo aparezca su figura, la de su esposa, y su capacidad creativa como versificador. El retablo lo pondrá en algún lugar de sus preferencias más íntimas.

No sabemos exactamente para donde lo encargó. El retablo se ha conocido siempre como el del Hospital de Buitrago, porque allí estuvo durante muchos siglos, desde que en su testa­mento, redactado en 1454, pide que se ponga en el altar mayor del Hospital del Salvador, de su querida villa de Buitrago, un reta­blo,…e sea puesto allí el retablo de los Angeles, que mandé fazer al maestro Jorge Inglés, pintor, con la imagen de Nuestra Señora, de bulto, que mandé traer de la feria de Medina. Pero debemos plan­tearnos realmente la posibilidad de que el encargo de esta obra de arte no fuera hecha, en principio, para aquel lugar. Es muy posible, y lo apuntamos como una hipótesis de in­terés, que este retablo fuera encargado para su oratorio privado del palacio de Guadalajara donde vivía el marqués. En el momento de su prepa­ración a la muerte, prefiere que sea un lugar publico el que ostente su retrato y sirva mejor a los intereses por los que fué programado. ¿Una iglesia, un convento, o incluso la capilla priva­da de su palacio de Guadalajara?  

  Los avatares posteriores de este retablo son conoci­dos, y un tanto tristes. Durante cinco siglos presidió el altar mayor de la iglesia del hospitalillo de Buitrago. A finales del siglo XIX, cuando la almoneda de los bienes de los Mendoza, fue desmontado y almacenado, troceado y como material de desecho, en los sótanos de las casas mendocinas de Madrid, de donde salió, nuevamente restaurado y cuidado con mimo, aunque ya mutilado en parte, hacia la capilla del castillo de Viñuelas que los duques del Infantado poseen en los alrededores de la capital de España. Finalmente, en 1983, este retablo ha llegado a Guadalajara, y montado en una de las salas bajas del palacio del Infantado, destinado a ser admirado como la mejor pieza del Museo Provincial de Bellas Artes, pero que por motivos que siguen sin estar bien aclarados, el retablo continua en sala cerrada y alejado de la posibi­lidad de su contemplación publica. La obra es propiedad privada del duque del Infantado.

El autor del retablo del marqués de Santillana fue el pintor Jorge Inglés. Escasamente conocido en su aspecto biográfi­co, no puede dudarse de su calificación como uno de los artistas mas destacados de la Castilla de mitad del siglo XV. Adoptaría el nombre de maestro Jorge Inglés por ser de esta nacionalidad, o quizás hijo de algún inglés. De todos modos, su formación artís­tica poco tiene que ver con lo que hacen los primitivos ingleses de la época. Quizás era realmente castellano, y utilizaba ese apodo, o flamenco, traído o contratado por el marqués, y fue nombrado de esa manera por su acento extraño. El hecho cierto es que denota una influencia muy clara de la pintura flamenca, especial­mente de van Eyck. Su arte, forzosamente, lo tuvo que apren­der fuera de Castilla.

Para Elías Tormo, Jorge Inglés se habría formado en España, en una firme tradición de miniaturistas. De hecho, muchos de los libros que formaban en la biblioteca de don Iñigo López de Mendoza, están decorados con bellísimas miniaturas que proceden sin duda de la mano e inspiración de maestro Jorge. Sánchez Cantón  hizo un detallado estudio, desde el punto de vista artís­tico, de la colección biblio­gráfica del marqués de Santillana, y parece fuera de duda que el Inglés decoró los manuscritos del Tratado de Caballe­ría de Bruni d’Arezzo; de la Grande e General Historia y Crónica General de Alfonso el Sabio, así como los de un volumen en que se contienen versiones de El Fedon, la Vita Beata, la Oración ante Honorio III y las Declamationes de Lucre­cio, todo ello hoy conservado en la Biblioteca Nacional de Ma­drid, con múltiples muestras de escudos, angelotes tenantes, orlas y decoraciones miniadas. Además se le atri­buyen las tablas del Retablo de la Virgen de la iglesia parroquial de Villasandino en Burgos, y un San Jerónimo sobre tabla en el Museo Provincial de Bellas Artes de Valla­dolid, todo ello posterior a 1450. La obra de Jorge Inglés ha sido estudiada, con la brevedad que impone su escasa producción, por tratadistas como Sánchez Cantón, Bertaux, Tormo, Valeriano Bozal, Azcárate, Gudiol, etc.           

En cuanto al momento de realización de esta obra, es fácil aventurar fechas, pues el marqués, que en él se ofrece en auténtico retrato vivo y palpitante, muestra tener aproximadamen­te unos 50 años de edad, ya en la madurez más avanzada de su vida. Es lógico que fuera retrato autén­tico, pues lo encargo en vida, y en ella se concluyó. Sería, por tanto, hacia 1448 que podríamos fechar la obra. Seis años después mandaba pasarla a Buitrago, cosa que no ocurri­ría realmente hasta después de 1458, año de su muerte.

En la próxima semana seguiremos haciendo el repaso del significado y la simbología de este interesante Retablo del Marqués de Santillana, hoy puesto de actualidad gracias a la polémica sobre su posible salida de la ciudad.

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(*) HERRERA CASADO, A.: El Retablo del Marqués de Santillana (una joya olvidada), Guadalajara, 1986, 12 págs., edición electrónica no venal, para bibliófilos.