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Almoguera, 900 años de historia

 

En este año que se conmemora el Noveno Centenario de la Reconquista de Guadalajara a los árabes, han sido muchos otros los lugares de la Alcarria y de toda la provincia de Guadalajara que también han cumplido en su vida histórica este aniversario de importancia. Uno de ellos ha sido la localidad alcarreña de Almoguera, que con diversos actos lo ha conmemorado, no siendo el menor de ellos la edición, por parte de la Excma. Diputación Provincial, de un libro referente a la historia de esta villa, y que, escrito por Plácido Ballesteros y Ricardo Murillo, ha de ver muy pronto la luz publica.

Recordaremos ahora algo de lo relativo a la historia de Almoguera, en muy breves pinceladas divulgativas. Su nombre, de origen árabe, ya expresa el valor que desde un principio tuvo esta villa, cercana a la orilla derecha del río Tajo, y puesta en un altozano dominante: «el monte, el cerro», esa es la etimología de Almoguera. Se sabe que en la época de la dominación árabe contó ya con una importan­te población, contando además con una rica y poblada aljama judía, que alcanzo a ser una de las más ricas de toda la Alcarria. La villa, custodiada por un castillo y rodeada de muralla, centro la actividad de la Baja Alcarria, y precisamente por eso fue uno de los bastiones importantes a reconquistar en la Campana de Alfonso VI contra el Reino de Toledo. Precisamente en la obra historia «De Rebus Hispaniae» del arzobispo toledano Rodrigo Ximénez de Rada, se menciona a Almoguera entre las poblaciones que el ejercito castellano reconquisto en 1085.

A partir de este ano, ya la villa entre las perlas de la corona alfonsí, recupero e incluso aumento su importancia estratégica, siendo protegida en adelante por todos los monarcas castellanos. Se reedificaron y ampliaron sus murallas y castillo. Y ya en los comien­zos del siglo XII, Alfonso VII la hizo Villa, creando en su derredor un Común de Villa y Tierra, amplio y rico, que incluía en su extenso alfoz a las actuales villas de Albares, Brea, Driebes, Mazuecos y El Pozo, y los hoy despoblados de Araduéniga, Fuentelespino, Valdelmena, Fuembellida, Daharros, Santiago de Velilla y Conchuela.

Este alfoz almoguereño, de rápido crecimiento y potencia, fue entregado en el ano 1175 por Alfonso VIII a la Orden de Calatrava, en un intento de engrandecer y fortificar a este institución militar, importante sostén de su reino. Pero no muchos anos después, concreta­mente en 1257, Almoguera volvió a ser de realengo, siendo el Rey Alfonso X el Sabio quien la recupero para la Corona, entregando a la Orden calatrava, en cambio, su villa y castillo de Sabiote, en la provincia de Jaén.

A partir de entonces, este monarca ayuda aun mas a Almogue­ra, entregándole en 1263 unos privilegios que hicieron de la villa alcarreña un lugar de preferente instalación de colonos y repobla­dores. En ese año, el monarca castellano entre a la Villa el Fuero Real y la concede que la Feria del Día de la Cruz de Mayo, que duraba un día y se celebraba en la cercana aldea de Santa Cruz, durara a partir de entonces ocho días y se celebrara en Almoguera, añadiendo la exen­ción de pechos y de portazgos para todos cuantos participaran en ella. Este tema de la concesión de Ferias y exención de impuestos a sus participantes fue, obviamente, uno de los motores que dieron fuerza a algunas villas en el Medievo. Y Almoguera fue una de ellas.

Entonces desarrollo aun más su población y caserío. Se erigieron dos parroquias (Santa Cecilia y San Juan), y las apretadas filas de sus milicias sirvieron con gloria en las guerras andaluzas de la Reconquista. La tradición asegura que en la batalla de las Navas de Tolosa se encontraron numerosos vecinos de Almoguera, entre ellos un tal Domingo Pascual, Canónigo toledano, portaestandarte del Arzobispo Ximénez de Rada en la pelea.

En 1344, Alfonso XI vuelve a entregar Almoguera a la Orden de Calatrava (cambiándola por Cabra y el castillo de Saravia). Desde entonces, la villa bajoalcarreña fue una de las más ricas Encomiendas de la Orden militar. Concretamente, en 1391 residía allí el Maestre, jefe absoluto de la Orden, fray Gonzalo Martín. Siglos después, y concretamente en 1538, fue cuando el Emperador Carlos I desmembró Almoguera de la Orden calatrava, con permiso de enajenación del Papa, lo mismo que había hecho con muchas otras propiedades de las ordenes y de la Iglesia, en una Desamortización forzada por sus necesidades de guerra. En ese mismo ano, Carlos I la vendió a su general Luis Hurtado de Mendoza, por entonces marques de Mondéjar, y en posesión de esa familia, y en el territorio de ese marquesado quedo desde entonces Almoguera, hasta el siglo XIX.

Uno de los detalles que mejor refunden esta relatada histo­ria almoguereña es quizás su escudo de armas, del que existe una tradición en su uso y constitución de al menos cuatro siglos. Ya en las Relaciones Topográficas que los vecinos de la villa enviaron a la Corte de Felipe II en 1566, se decía axial textualmente: «El Escudo de Armas de Almoguera son tres cabezas de Moros en Campo Verde, y un castillo dorado con una Cruz roxa, dos banderas coloradas escriptas en ellas unas letras arábigas que dicen galler galium y laala, las cuales interpretan los que entienden la lengua arábiga que quiere decir: no hay vencedor sino Dios. Dícese que dio estas armas a esta Villa el Sr. Rey Don Alonso Noveno, porque en la batalla de las Navas de Tolosa, se hallaron muchas personas por el Concejo de esta Villa, y otros hijos­dalgo particulares que hicieron allí lo que eran obligados al servicio de su Rey, y entre ellos un Domingo Pascual, Canónigo de Toledo, natural de esta villa, que llevo el guión del Arzobispo de Toledo, D. Rodrigo, en la dicha Batalla».

Como se ve, una hermosa manera de refundir la historia con la tradición legendaria, y que en muchas ocasiones es ahí, en los escudos heráldicos municipales, donde viene a estrecharse y mostrarse a todos. Las banderas arábigas del escudo de Almoguera son de color rojo porque fueron tomadas a los Al‑Ahmares, dinastía reinante en los siglos XIV y XV en el reino de Granada, y el texto autentico de las mismas es el de Gua‑la Galib‑ila‑Allah, que viene a significar lo mismo que en las Relaciones se decía. Procede ese castillo de su pertenencia al reino castellano, y en recuerdo de la fortaleza que durante siglos domino la altura de la Villa. Y las cabezas de moros y las banderolas, efectivamente, del recuerdo de la participación de almoguereños en las batallas de la Reconquista en la Baja Edad Media.

Son, en fin, retazos de la historia antañona de nuestros pueblos, que se guarda en ellos con autentica veneración, y que en definitiva lo único que viene a decirnos es que, herederos de tan aneja tradición, en la corriente imparable de la historia, nosotros estamos obligados a dar nuestra voz y nuestra acción en esta época.

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