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El escudo de armas de Sigüenza

Escudo de la ciudad de Sigüenza, en el edificio del Peso Viejo, por A. Herrera

 

La Diputación Provincial de Guadalajara, en su entrega continua y dinámica hacia los pueblos todos de la provincia, ‑ ha iniciado una actividad de tipo cultural que quiere acoger con carácter general a todos ellos y que persigue dotarlos de un escudo de armas o heráldico municipal, para que de este modo cada villa tenga su símbolo y en él se reconozca y se identifique mejor. En esa idea, esta semana ha tenido lugar una nueva entrega del Escudo Heráldico Municipal a una ciudad singular, como pocas: a Sigüenza. En el marco de un acto de tipo cultural, cual era la entrega de los premios de poesía y literatura «Ciudad del Doncel», que concede el Ayuntamiento de Sigüenza en la víspera de San Vicente, su Patrón ancestral, se hizo entrega por parte del presidente de la Excelentísima Corporación Provincial del escudo seguntino a su Ayuntamiento. Con tal motivo hicimos unas alusiones, breves y sucintas, de la historia y la leyenda que ha corrido durante siglos en torno a estas armas heráldicas y que son de esta manera.

Pocos son los escudos pie los centros poblacionales de la provincia que, como el de Sigüenza, gocen de una tradición tan larga y tengan una iconografía tan previa y rica y variada. Dentro de la homogeneidad de su estructura, el escudo seguntino aparece por doquier en los más variados ámbitos de la ciudad. Recordamos, deprisa, los que tallados en piedra hay sobre el ancho portón del antiguo peso o pósito; presidiendo la fuente barroca de la plaza de Don Bernardo o sobre la puerta y balconada de la Casa Ayuntamiento. Incluso por antiguos documentos sabemos que ya en los sellos de plomo usados por el Concejo aparecían el castillo y el águila emparejados, como símbolo de la Ciudad del Alto Henares. Es, por tanto, de larga tradición el uso dé armas propias de la ciudad de Sigüenza y su Ayuntamiento. Pero, a pesar de ello, no estaban aún reconocidas oficialmente, según las normativas legales vigentes, y es por ello que hemos realizado el estudio, somero, pero con intento definitorio, de las mismas.

Ya en el siglo XVIII un autor especialista en heráldica, Antonio de Moya, publicaba una amplia referencia sobre este escudo. En su libro «Rasgo heroico. Declaración de las armas y blasones con que se ilustran muchas ciudades y villas de España», describía las de Sigüenza, con las figuras y esmaltes correctos. Las había visto, indudablemente, en escritos o manuscritos heráldicos antiguos o incluso el propio Concejo se las había mandado. Pero lo verdaderamente curioso era el significado que a estas armas quería dar, y que era el siguiente, a todas luces, exagerado e imaginativo.

Decía así Antonio de Moya so­bre el blasón de Sigüenza: «En silencioso idioma refieren las imágenes, esmaltes y colores del escudo de armas con que la ciudad de Sigüenza se ilustra: la nobleza, distinción y antigüedad que alegan sus naturales y re­públicos las viene de sus prime­ros pobladores. El castillo de oro en campo de azur (que no me opongo a que sea su más moder­no blasón) significa la pureza, integridad, firmeza, valor y for­taleza, que comúnmente reside en sus moradores, de cuyas virtudes, tienen dadas bastantes pruebas, que pudieran contraerse aquí si fuera nuestro asunto escribir de sus gloriosas hazañas. El águila sable con las alas bajas; coronado a la antigua con un hueso principal del cuerpo humano en las garras, sobre campo encarnado, representa todas las circunstancias del funesto suceso de los nobles seguntinas (sic). El estrago y ruina en que se vieron los pocos que quedaran se contiene en este mapa. Por la alianza y unión que mantenían con la república de Roma tomaron por jeroglífico el águila coronada a la antigua, y cuando acudió esta potencia con sus auxilios y esfuerzos, en su amparo no halló sino lamentos, lástimas y desdichas, clamores y tristeza. Así lo muestra el fúnebre color con que se pinta la insignia principal de los romanos y el tener las alas caídas es expresión de su dolor y sentimiento. La sangre derramada en el teatro de la guerra se mira en el campo del escudo. El hueso principal del cuerpo humano en las garras del águila es señal cierta y evidente de los míseros despojos de tan dolorosa tragedia. Lo público de este caso dio por misión a los vencidos para ordenar su escudo y expresar en la forma y disposición que lo mantienen sin alterarlo en nada.»

Evidentemente, Moya confunde Sigüenza con Sagunto, y hace protagonistas a los seguntinos de lo que en realidad vivieron los seguntinos contra los romanos. Pero eso es tangencial a nuestro tema. El caso es que el texto arriba copiado, muy dentro de la literatura barroca, no hace sino fabularen torno a un tema que es netamente más sencillo que lo que Moya pensaba.

Más recientemente, Julián Moreno, cura párroco que fue de Palazuelos, escribió un interesante artículo sobre las armas seguntinas, en el libro que se editó en 1924 con motivo del centenario (octavo, centenario) de la Reconquista de la Ciudad a los árabes, y en él suponía que el significado real de este escudo era el de los blasones personales de los dos primeros obispos de Sigüenza: don Bernardo de Agen y don Pedro de Leucata. Si ello era así, el orden de ambos escudos estaba invertido, pues a la derecha y principal lugar aparecía el castillo, representativo de don Pedro, y a la izquierda el águila, emblema de don Bernardo.

La verdad es que ello tenía visos de suficiente raíz, como para pensar en su certidumbre. El escudo de Bernardo de Agen, primer obispo y primer señor temporal de la ciudad desde1138, era un águila pasmada en campo liso, tal como se ve en su enterramiento del comienzo de la girola de la catedral. Y el escudo del segundo, de don Pedro de Leucata, aparece pintado sobre el muro de fondo de su enterramiento en la capilla mayor catedralicia, y consisten en su simple castillo, también sobre campo liso. Era lógico pensar, repito, que este escudo seguntino pudiera estar hecho con los blasones personales de sus dos primeros obispos y señores, aunque en tal caso las piezas y campos estaban en orden cambiado.

Pero muy recientemente, y debido a la amable comunicación personal del cronista oficial de Sigüenza, investigador y erudito conocedor de la ciudad en sus más recónditos detalles, he sabido que las armas de Sigüenza se corresponden exactamente, en piezas, metales y colocación, con las de la ciudad francesa de Agen, de donde era natural don Bernardo, el primer obispo y señor. Ello clarifica definitivamente la cuestión y consagra como ciertas las armas de Sigüenza, que hoy y durante siglos se han usado, y de este modo se reconoce también su origen concreto.

Para terminar, ésta es, en breves palabras, como lo requiere la ciencia del blasón, la descripción del auténtico escudo heráldico municipal de la ciudad de Sigüenza: escudo español, partido. A la derecha, castillo donjonado, de oro, aclarado de gules, y mazonado, de sable, en campo de azur. A la izquierda, águila pasmada de sable, coronada de oro, apoyada sobre un hueso humano de oro, en campo de gules. Al timbre la, corona real, propia del régimen monárquico legalmente establecido.

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