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Don Francisco Layna Serrano: Su obra

 

La obra que dejó don Francisco Layna Serrano fue ingente, de gran volumen y, por supuesto, de gran valor en punto a aportaciones de noticias y temas inéditos. Si las líneas maestras de la historia provincial ya estaban dadas de antes, especialmente por el también cronista provincial don Juan‑Catalina García, Layna fue enriqueciendo en contenido y matizaciones muchos aspectos de la vida de la ciudad de Guadalajara y de otras villas importantes, poniendo su sentido de crítica histórica muy rigurosa y ponderado, basado en un conocimiento total, cabal y bien maduro de toda la historia hispana. En otro aspecto, su obra de investigación en torno al patrimonio artístico provincial es totalmente nueva, pionera, pues apenas nadie antes que él se había ocupado en profundidad de ese tema. Pero, aun con la conciencia de que no el abarcable en escasas páginas el estudio de la obra de Layna, intentaremos aquí resumirla, proponiendo las diferentes vertientes de su trabajo, las fuentes fundamentales que utiliza, las novedades que aporta. Los estudios claves en que radica su dimensión gigantesca.

a) Temas médicos: si bien fuera del contexto que como historiador y cronista provincial tuvo Layna -y por ello le estudiamos aquí- fue nuestro autor en su vida profesional un universitario de talla, doctor en Medicina, especializado en los predios de la Otorrinolaringología, y autor de algunos trabajos publicados en revistas médicas, que forman también parte de su obra, por lo que conviene reseñarlos. En 1929 apareció una obra, breve pero enjundiosa, sobre la «Reflexoterapia endonasal», tema candente en la época, que alcanzó al traducción al inglés y su divulgación en Estados Unidos. Antes, en 1921, había publicado unos «Ensayos sobre Otorrinolaringología» en los que ponía diversos casos de su consulta y manera en que los había resuelto, todo ello desarrollado con un idioma que él se empeña en hacer atractivo y superando la ortodoxia y sequedad habituales de los textos médicos. En el Congreso Hispanoamericano de Otorrinolaringología celebrado en Zaragoza en 1925, Layna presentó diversas comunicaciones que luego fueron publicadas en forma de folletos: «La aspiración de las aletas nasales»; «Historia clínica de un quiste paradentario»; «La resección submucosa de los cornetes» y «Tratamientos de elección en los vaciamientos mastoideos».

b) Temas de Historia: en ellos fue en los que Layna Serrano descolló y trabajó ampliamente. Además de una amplísima bibliografía de fuentes documentales utilizadas impresas, él rastreó numerosos archivos y se dedicó con perseverancia al estudio de gran cantidad de material hasta entonces inédito. Durante los años de la guerra, que él pasó en Madrid, acudió puntualmente al Archivo Histórico Nacional, donde trabajó sobre los fondos de Conventos suprimidos y el legado Osuna, obteniendo material principalísimo para sus obras capitales. Luego visitó la biblioteca de la Real Academia de la Historia, donde la colección Salazar y otras similares le aportaron abundante documentación. Por supuesto que el estudio «in situ» de los archivos municipales de Guadalajara, Atienza y Cifuentes le permitieron ampliar sus datos de una manera exhaustiva sobre estos lugares.

De estos estudios archivísticos, y de su erudición amplísima, fueron saliendo las obras históricas que le consagraron como gran conocedor del pretérito provincial: en 1932 publicó su primer obra: El Monasterio de Ovila» escrita a raíz de iniciarse el traslado de este antiguo cenobio cisterciense a Estados Unidos. Al año siguiente apareció la primera edición de «Castillos de Guadalajara», obra en la que volcó Layna su ya inmenso caudal de conocimientos históricos, describiendo, tras haberlos visitado y estudiado sobre el terreno, las viejas fortalezas alcarreñas y molinesas. Este libro alcanzó en total tres ediciones, todas ellas agotadas en escaso tiempo. De una conferencia suya titulada «El Cardenal Mendoza como político y consejero de los Reyes Católicos» apareció en 1935 un folleto interesante, dando a la imprenta por fin, en 1942, su grande y definitiva obra: la «Historia de Guadalajara y sus Mendozas en los siglos XV y XVI» en cuatro gruesos tomos, con la que en 1945 obtuvo el Premio Fastenrath de la Real academia Española. En esa obra desborda el conocimiento que Layna alcanzó sobre la familia prócer que dio vida durante varios siglos a Guadalajara. Llegó a conocerla, como dijo alguien, como si de su propia familia se tratase. También hoy es libro buscadísimo, por lo raro y útil. En 1945, y como fruto de sus investigaciones en el Archivo Histórico Nacional, dio a luz su obra «Los Conventos antiguos de Guadalajara», con documentación prolija. Y en ese mismo año, la «Historia de la villa de Atienza», en un volumen de más de 600 páginas donde plasmó la historia de Castilla, de la reconquista, del territorio serrano y alcarreño, y por supuesto de Atienza, describiendo además su arte y sus costumbres. Todavía en este ámbito de la historia, Layna trabajó duro en el archivo municipal y en el parroquial de Cifuentes, saliendo tras largas horas de dedicación una magnífica «Historia de la villa de Cifuentes» en 1955 que ha sido reeditada hace poco.

Estos son fundamentalmente los libros dedicados enteramente a temas históricos de la provincia, pero es de señalar que Layna Serrano puso en toda su obra (tanto en los libros de arte, que ahora veremos, como en los de costumbrismo así como en sus múltiples artículos y conferencias) el preámbulo histórico conveniente, muchas veces con datos inéditos.

c) Temas de Arte: aquí destacó Layna por la abundancia de temas tratados, y el descubrimiento de documentos, artistas y noticias de gran interés. Su tarea en esta área la desarrolló en algunos libros, y sobre todo, en numerosos artículos publicados en revistas especializadas. Sus primeras obras «El monasterio de Ovila» y «Castillos de Guadalajara», aunque de base histórica, traen muchas descripciones artísticas del cenobio y de las fortalezas estudiadas. Será en 1935 que aparece su obra «La Arquitectura románica en la provincia de Guadalajara», fruto especialmente de viajes y recogida «in situ» de datos. Fue reeditada hace algunos años, habiéndose agotado nuevamente. Y como libro aceptado unánimemente es de recordar el que apareció en 1948 titulado «La provincia de Guadalajara» en el que, a gran tamaño, se reproducían más de 700 fotografías de nuestra tierra, con texto del cronista.

En revistas especializadas como «Arte Español» y «Boletín de la Sociedad Española de Excursiones» publicó Layna lo más útil de su aportación en historia del arte. Solamente cabe aquí recordar algunos de los temas de mayor interés: la iglesia mudéjar de Santa Clara (hoy Santiago) en Guadalajara; el palacio del Infantado; la parroquia del Salvador, en Cifuentes; la capilla del Cristo en Atienza; la iglesia parroquial del Alcocer; los retablos de la parroquia de Mondéjar; las tablas de San Ginés, en Guadalajara que él describió y procuró su restauración; la cruz parroquial de La Puerta; la parroquia de Alustante; las obras de Alonso de Covarrubias en el monasterio e iglesia de La Piedad en Guadalajara; la cruz del perro en Albalate; la custodia de la Trinidad, en Atienza; el sepulcro de Jirueque: el cuadro de Ribera en Cogolludo; las tablas de Santa María del Rey en Atienza, y un amplio estudio del arte en nuestra provincia sobre las épocas del Renacimiento y el barroco. La aportación de Layna al estudio de los temas artísticos de la tierra de Guadalajara fue fundamental, siempre en forma monográfica, pero con una ponderación de criterios y una base documental suficientes.

d) Temas de Costumbrismo: en este campo no fue muy amplia la actividad de Layna. Al estudiar pueblos y ciudades en un afán de totalidad, tocó aspectos costumbristas con el mismo rigor que los históricos y artísticos. En otros casos, se enfrentó a estos temas de una manera exclusiva, y así es memorable su estudio de la «Caballada de Atienza» publicado en la revista «Hispania» en 1942, o sus «Tradiciones alcarreñas: el Mambrú de Arbeteta y la Giralda de Escamilla» que dio en 1944.

e) Guías provinciales: un último aspecto de la prolífica actividad del cronista Layna fueron las múltiples. -aunque breves- guías provinciales, encargadas generalmente por el Ministerio de Información y Turismo o por Asociaciones turísticas independientes. Así, aunque raras de encontrar, son de reseñar las guías de Cogolludo, Atienza, Brihuega, Cifuentes y Guadalajara, en pequeños folletos; Atienza, su castillo y la Caballada aparecidas en 1958, y el castillo de Sigüenza, en 1959, con datos para su reconstrucción. En cada página escrita por Layna, en cualquiera de sus obras, aflora siempre el mismo amor encendido por su tierra, que sin embargo nunca le hace perder ni un ápice la serenidad crítica y el rigor estudioso de la materia histórica que trata. Una obra (en la que no hemos incluido lo referente a otras provincias españolas, que fue abundante y bueno) que consagró a nuestro personaje como un auténtico historiador y conocedor de la tierra alcarreña. Un cronista provincial, el más prolífico de la serie, que elevó a límites de auténtico prestigio la institución que encarnaba. Su recuerdo seguirá siempre vivo -en su obra buscada continuamente -en esta tierra de Guadalajara.

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