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La iglesia románica de Pinilla de Jadraque

 

A orillas del río Cañamares, que nace en las serranías de Atienza, se asienta el pueblecillo de Pinilla de Jadraque. Presidiendo su breve caserío, surge la iglesia parroquial dedicada a la Asunción de Nuestra Señora. Es ésta una iglesia que, por su interés capital para la historia del arte español, fue declarada Monumento Nacional en 1965. Pertenece al estilo arquitectónico románico, y presenta varios detalles que la hacen singular en muchos aspectos. De una sola nave, orientada de poniente a levante. Construida toda ella con tallado sillar. Sobre el muro occidental apoya una enorme espadaña de remate triangular, provista de cuatro vanos para las campanas constituyendo un detalle poco usado y de gran efecto estético. Rodeando a la iglesia por el Sur y poniente, aparece una galería. porticada o atrio, en el estilo o tradición de los templos románicos de Castilla la Vieja: lugar de reunión del Concejo era éste, y sus múltiples arcos se hallan sujetos por columnas pareadas y bellos capiteles de simplicidad románica, con decoración vegetal, y, algunos de ellos, curiosas escenas de significado religioso y profano, de gran valor iconográfico. En el interior, de una nave, destaca el arco triunfal que da paso al presbiterio y ábside, él cual también se decora con capiteles. El entorno en que se halla enclavada esta iglesia es totalmente original, sin añadidos ni agresiones urbanísticas de ningún tipo. Un gran incendio a principios de este siglo la destrozó, interiormente, pero el pueblo se encargó de reponer lo perdido y arreglarla en lo que pudo sufrir al exterior.

Este magnífico monumento, tan someramente descrito, queda clavado en el corazón y el  recuerdo de quien lo contempla. Aparte su objetivo valor de documento y testimonio de una época, supone un encuentro sentimental con la vieja y aislada piedra castellana, con la raíz nuestra, que aún late en estos recónditos lugares. Como edificación románica, es indiscutible su enorme valor y significado en el contexto de este estilo en Castilla, por lo que de pervivencia y especial interpretación de unas formas tiene. Lo más importante, sin duda, del conjunto, es su atrio porticado, con sus historiados capiteles, y la gran espadaña de cuatro vanos.

El estado actual de este valioso monumento es malo; está en peligro. El peso de la espadaña ha ido haciendo presión excesiva sobre los muros, reventando esta presión en el muro meridional del atrio, cerca de su esquina suroccidental. Esta gran grieta que se ha abierto, y que en el transcurso de unos años hubiera llevado el monumento al suelo, ha sido acallada en sus amenazas con un primitivo sistema de contención: unos palos que apuntalan el atrio, y que de momento, cada vez más precariamente, sujetan la ruina. Este arreglo, doméstico, fue realizado con la prestación personal de los vecinos del pueblo, y de un entusiasta grupo de alcarreños enamorados del arte de su tierra. La fotografía de primera página ilustra acerca del aspecto de este atrio y de su apuntalamiento. Pero esa imagen está captada hace ya cinco o seis años. Ni qué decir  tiene que actualmente la amenaza de ruina es mucho mayor.

Las iniciativas para solucionar el problema de este monumento han sido varias, y hasta el momento estériles. El cronista Layna Serrano, gran estudioso del románico en Guadalajara, llevaba como una dolorosa espina este problema clavado. Sé de muy fidedigna fuente que en los momentos de su agonía (murió hace siete años) sólo tuvo en su boca este nombre: Pinilla. Y repitiéndolo angustiado, dejó de existir. Las peticiones para su restauración cayeron en el vacío. Posteriormente han sido varias las voces que se han alzado en este mismo sentido. Personalmente, hice gestiones ante la Dirección General de Bellas Artes, que sólo contestó con dilaciones. Hace 3 años y a instancias mías, el gobernador Zaragoza Orts hizo también una gestión ante este organismo oficial, recibiendo la contestación de que se encargaba del proyecto de restauración al arquitecto señor González de Valcárcel, reconocida, autoridad en las materias de restauración (y autor de las obras en el Palacio del Infantado y Santiago de Guadalajara, entre otras muchas). Al pasar el tiempo y no tener noticia de que estas imprescindibles y muy urgentes tareas reparadoras se iniciaran, nuevas gestiones por nuestra parte han obtenido la información de que el proyecto está hecho, pero que no hay dinero para realizarlo.  

La situación, pues, es bien clara: un templo románico de ejemplares características, pieza fundamental de este estilo en Guadalajara, reconocido como Monumento Nacional y, por tanto, a cargo en su cuidado y mantenimiento, del Estado. Desde hace años en condiciones de progresiva amenaza de ruina. Alcarreños, aficionados al arte, estudiosos y autoridades, haciendo gestiones para su salvación. Y la Administración del Estado dando evasivas, lanzando promesas inconcretas, olvidándose del tema. La iglesia románica de Pinilla de Jadraque está lejos, apartada de las rutas turísticas. Pocos han oído hablar de ella y aún menos la han visto. Pero como se hunda (cosa que puede ocurrir cualquier día de estos) las voces se van a oír muy lejos. Pues se habría perdido algo que es patrimonio de todos, de la nación entera, del mundo incluso. La solicitud que, mediante estas líneas, públicamente, hago por enésima vez a la Dirección General del Patrimonio Artístico, es que se inicien inmediatamente las obras de restauración de este templo. Petición que, estoy seguro, apoyan todos los habitantes de Guadalajara, y todos los conocedores del arte español.

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