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Temas políticos en la «Historia de Guadalaxara»

 

En el panorama de la cultura, alcarreña ‑de la cultura públi­ca, oficial o de grupos ‑ que po­co a poco va desgranando, como con timidez de adolescente o te­mor de irresoluto, algunos temas y consecuciones válidas para el crecimiento y mayor autoidenti­ficación de nuestra región, ha pasado casi absolutamente desaper­cibido un hecho que no dudaría en calificar de importantísimo. Se trata de la edición de un li­bro, de una hermosa e interesan­te colección de noticias y hechos que con el título de «Historia de Guadalaxara», original de fray Hernando Pecha, conservado in­édito el manuscrito desde el si­glo XVII, ha visto ahora la luz gracias al interés que por las cosas de la historia de nuestra tierra tienen los hombres de la Institución Provincial de Cultura «Marqués de Santillana», que es la entidad que se ha encargado de editarlo.

Ha pasado, repito, casi ignora­do este hecho, y ni los comenta­ristas de la cultura, ni jerarquías locales o provinciales, de uno u otro signo, se han manifestado sobre este acontecimiento cultural. La tarea de la Institución «Marqués de Santillana» no por eso pierde el aliento, sino que se recupera en la esperanza de po­der, en sucesivas ocasiones, ir dando a la luz del pueblo alcarreño actual los manuscritos de otras antiguas historias de esta tierra ‑como las de Torres y Núñez de Castro ‑ que vengan a darnos una visión completa y viva de nuestros antepasados, de sus instituciones y problemas.

A lo largo de las 360 páginas de esta «Historia de Guadalaxara» se suceden los más diversos relatos entroncados con la ciu­dad del Henares desde remotos siglos. Y surgen, vivaces, las figuras de capitanes, de obispos, de magnates, de valientes… los hechos notables de guerra, las construcciones de la ciudad, el devenir multiplicado de la fami­lia Mendoza e incluso los hechos políticos que, como destacados en la nación, tuvieron su asiento en la ciudad de Guadalajara. A más de uno le interesará sa­ber que, en la Edad Media, durante largas temporadas, incluso años enteros, los reyes de Castilla tenían instalada su Corte en Guadalajara, junto a su familia, ministros oficiales de iodo tipo, y ejército. De estas estancias con visos de permanencia prolongada son muestras las de Sancho IV el Bravo en 1289, y la de Juan II en 1407. La Corte permanecía asentada en el alcázar del lugar, en lo que hoy son ruinas del cuartel de San Carlos, frente a la Escuela Normal. Era ese edi­ficio un fuerte y bien pertrecha­do castillo, a la entrada de la ciudad viniendo desde el Henares, y asomado casi por igual a ambos barrancos (Alamín y San Antonio) que guardaban la atala­ya arriacense. Custodiado siem­pre por alcaides puestos por el monarca, este alcázar era el au­téntico reducto guerrero de la ciudad de Guadalajara, símbolo            del señorío real de ella, y lugar, como hemos visto, de residencia de reyes, reinas e infantes.

Pero en nuestra ciudad hubo, también en remotos tiempos, otro tipo de actividad política singular, como fueron las Cortes del Reino, reunidas aquí en diversas ocasiones en que, por asuntos muy graves del Estado, los reyes las convocaban. No consta el lugar exacto donde tenían lugar las sesiones de Cortes, pero es muy probable que lo fueran en este mismo alcázar‑castillo, o en alguna iglesia a él cercana, como la mudéjar de Santiago. Así recordamos las Cortes que en 1390 reunió aquí Juan I de Castilla, a, las que asistió como Canciller López de Ayala, en las que el monarca propuso su abdicación, que no fue aceptada. Años más tarde, su hijo Juan segundo, en 1407, volvió a reunir nuevamente Cortes junto al Henares, y describe el hecho con gran lujo de detalles y enumeración pormenorizada de asistentes, el autor ­de la «Historia de Guadalaxara» que estamos comentando. Estuvo, entre otros, don Pedro de Luna, luego Papa rebelde Bonifacio VIII. Y aún en 1436 don Juan II volvió a reunir al supremo organismo de la gobernación de su Reino, y aquí en Guadalajara durante largas jornadas se debatió acerca de los problemas que en cuanto a gasto público, gobernación y corregimiento de ciudades, nombramiento de cargos y otros asuntos estaban pendientes. Poco a poco, y sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XV, los Mendozas fueron imponiéndose, como auténticos señores feudales, en la ciudad y comarca alcarreñas, que, aun siendo de directo gobierno real, estaban maniatadas por las decisiones, generalmente corroboradas por las armas, de estos Mendozas que tan preclaras figuras tan dado a la historia de España.

Son estos algunos temas políticos que, mezclados a otros biográficos, genealógicos o meramente anecdóticos, se encuentran a lo largo y ancho de las páginas de esta «Historia de Guadalaxara» que Hernando Pecha escribió en el siglo XVII, y ahora, después de largos años escondida y olvidada, se ha dado al público en pulcra edición de la Institución de Cultura «Marqués de Santillana», dependiente de la excelentísima Diputación Provincial, y que, con obras como esta, se afirma en su decisión de brindar y realizar una cultura que, aunque oficial, trata de lograr una identificación mayor de los alcarreños con su entornó vital, con su tierra y con su historia.

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