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Salvar Beleña

 

Tras el análisis, en pasadas semanas, de ciertos aspectos inéditos del menologio románico de la portada parroquial de Beleña, nos queda sólo por tratar, somera y sinceramente, del estado actual y previsible futuro de esta joya de nuestro arte provincial.

Junto a estas líneas aparece su fotografía, una más de las muchas que de ella han sido ya publicadas. No es necesario que nuevamente sea aquí descrita la belleza y rural encanto, de sus escenas campestres, ni el difícil de interpretar de los cuatro capiteles que, sobre las columnas laterales, sostienen las archivoltas del pórtico. Es preciso, eso sí, reseñar que, desde hace poco más de dos ó tres años, el proceso, de ruina en que este templo está sumido tiene visos de imparable.

Recuerdo personalmente haber visto, no hace más de cinco años, las altas cúpulas góticas del edificio, con su complicada tracería nervada, dar cobijo a la nave única y vacía de otro adorno que constituía este templo. Hoy es el cielo, con sus nubes y sus estrellas, el que se encarga de poner límite a sus paredes. Dentro, por supuesto, la desolación y los cascotes tienen su feudo. A raíz de este desgraciado derrumbamiento, el local parroquial fue trasladado a las escuelas municipales, sitas en una pequeña nave de moderna cons­trucción, en el centro del pueblo.

Pero ahí no han parado las desgracias. El tejado vertido que durante siglos protegió de lluvias y humedades a la bella portada románica, y que hace ya bastante tiempo se hundió en su parte derecha, ha tenido ahora, muy recientemente, otro nuevo fallo, cayendo al suelo en su parte izquierda, y dejando al aire una porción importante de las archivoltas románicas, con el consiguiente peligro de erosión que ello supone para el menologio. La cuestión, por tanto, es grave.

El momento, en cambio, no permite ponerse a echar la culpa de lo ocurrido a nadie. Sobre todo, porque nadie en concreto la tiene. La situación nos ha hecho meditar y sopesar las posibilidades que existen actualmente para salvar (éste es el momento clave) esta joya del arte románico español.

El pueblo de Beleña de Sorbe no posee en estos momentos más de tres familias. Su accesibilidad es muy problemática, pues la carretera que lo une a Aleas y Fuencemillán es, en algunos, lugares, un verdadero arroyo seco, mien­tras que por el río posee una pista sólo transitable para camiones. El irreversible proceso de la emigración rural ha dejado a este enclave de la serranía de Cogolludo en condiciones de casi total abandono. Mal lugar y mal momento, pues, para que nadie se decida a invertir varios millones de pesetas en contener la ruina del templo románico. Queda, por último, el peligro del robo, de, la rapiña de obras de arte que tanto mal ha hecho en nuestro país. Cualquier noche llega un camión a Beleña y carga con lo que allí queda, heredando nosotros las fo­tos y el recuerdo solamente.

La salvación de Beleña está en su traslado. Reconocemos que es duro decir esto. Pero las múltiples razones anteriormente aducidas, nos llevan a ello. Han sido, por otra parte, varias las autoridades del mundo del arte que se han manifestado en este sentido: recordamos ahora cómo el señor Gaya Nuño, en reciente estancia en nuestra, ciudad, nos decía que era eso, su traslado a lugar seguro, el único modo de evitar la pérdida de está importante obra.

¿Dónde se podría llevar esta portada románica? No debe salir, por supuesto, de la provincia de Guadalajara. Lo ideal ‑ seria, en nuestra opinión, que sirviera de ingreso a una nueva iglesia que haya de alzarse en cualquiera de nuestros pueblos en actual desarrollo. Que las piedras que sirvieron de protección a la entrada al templo de nuestros antepasados, sigan ahora cumpliendo su primigenio cometido. Naturalmente, aunque esa iglesia a la que sirvieran estas piedras de entrada fuese edificada en estilo moderno, actual, debería ser trazada (inteligentes arquitectos no faltan en nuestra provincia) en su conjunto de acuerdo con esta obra que iba a recibir en su costado noble. Es sugerencia que sabemos considerará la Comisión Diocesana de Liturgia,

En último extremo, ¿qué mejor lugar para estas piedras que el cálido asilo del Museo de Arte Antiguo que nuestro señor Obispo tiene magníficamente instalado en Sigüenza? Trasladada esta portada, en su integridad y mismo tamaño, a una sala que, nos consta, tiene planeada el Dr. Castán Lacoma como receptáculo de las mejores piezas desperdigadas del arte románico de la diócesis, quedaría definitivamente a salvo de cualquier adversidad. Creemos que es solución a tomar en segundo término, pero también válida y merecedora de ayuda cuando llegase la ocasión.

Hace falta, de todos modos, no sólo llegar a infundir en todos, cuantos se preocupan de estos temas la idea de su necesaria salvación, sino comenzar a solicitar la ayuda económica que esta ope­ración lleva consigo aparejada. El ministerio de Educación y Ciencia, por medio de su Dirección General de Bellas Artes, debería tomar conciencia de este problema. Pues no se quitaría de su lugar multisecular una pieza artística por mero capricho, sino por auténtica y razonada necesidad.

Esta es, finalmente, la situación actual de Beleña. Que no espera sino la decisión de unos y otros para emprender en camino de su muerte o de su resurrección, definitiva.

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