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agosto 11th, 1973:

Doña Aldonza de Mendoza (II)

 

Nació doña Aldonza, como ya hemos visto, del matrimonio entre don Diego Hurtado de Mendoza, almirante de Castilla, y doña María, hija Ilegítima del rey Enrique II. Fue su venida al mundo entre los años 1390‑95, muy probablemente en Guadalajara, llegando a tal conclusión, y a falta de fidedigna documentación que lo acredite, teniendo en cuenta la fecha de boda de sus padres y el nacimiento de su primer hermanastro don García. Fue hermano de los mismos padres don Pedro González de Mendoza, que murió siendo niño. Y hermanastros, hijos del almirante y doña Leonor doña Elvira Laso de la Vega; doque también murió en la infancia; doña Elvira Laso de la Vega; doña Teresa de Mendoza; don Gonzalo Ruiz de la Vega, y don Iñigo López de Mendoza.

Educada en la pequeña pero fastuosa corte arriacense mendocina, doña Aldonza se vio enseguida rodeada de lujos y continuas felicidades que, como se sabe, pocas veces suelen ir juntos. Cayeron, sin, embargo, agrias disensiones en el seno de la familia, por culpa, cómo no, de los celos femeninos, que ante nada ni nadie se detienen: creyó ver doña Leonor una excesiva confianza entre su esposo don Diego y la prima de éste doña Mencía de García de Ayala, que a su vez hacía de educadora de Aldonza. A tanto llegaron las asperezas, que el matrimonio se separó, yéndose Leonor a su villa de Carrión y quedando Diego aquí, a las orillas del Henares, donde finalmente pasó de este mundo el mes de junio de 1404.

Doña Aldonza quedó muy bien heredada. Recibía la villa, ya por entonces muy importante, de Cogolludo, «con sus castillos e aldeas» (l); las de Loranca de Tajuña, el Pozo de Portillo y la heredad de Torralba (que dio el rey Enrique a doña María, hija de éste y madre de Aldonza). Además, y como compensación a ciertas cantidades que su madre doña María le había dejado y que, por lo visto, don Diego había gastado en «caprichitos» de doña Mencía, le da sus villas de Tendilla, Coveña, la mitad del lugar de Novés, 50 cahices de sal en las salinas de Atienza, sus casas mayores de Toledo, as! como los lugares de Argecilla, Palazuelos, Robredarcas y varias heredades en Utande, Espinosa Y Membrillera, Carrascosa y Cutanilla; el monte de Tejer, el molino de Saelices, sus casas de Jirueque, Castilblanco y Mandayona, así como, finalmente, los ajuares de sus casas de Guadalajara, Buitrago y Madrid, y todo el aljófar y la plata dorada de los diez mil maravedies que por Juro de heredad deja don Diego a su prima doña Mencía, ordena que a la muerte de ésta pasen a su hija Aldonza.

Ya vimos que, tan ricamente cuajada de poderío, fue fácilmente concertado el matrimonio de doña Aldonza con el duque de Arjona don Fadrique de Castro, quien, como ya veíamos la semana pasada, y a causa de su ingerencia en la guerra «de los infantes de Aragón» en el partido contrario al monarca castellano, fue apresado por éste, aún con ser algo familia suya (2), y falleció finalmente en la fortaleza de Peñafiel. Más por culpa de su mujer que por azares de la política del siglo XV, se vio don Fadrique metido en líos familiares con su cuñado el marqués de Santillana: en 1422 llegaron a un acuerdo, tras larga desavenencia fraterna, partiendo en dos el señorío del Real de Manzanares, y los pueblos de Colmenar (de la Sierra), El Vado, y el Cardoso. El litigio a pesar de ello, continuó lago tiempo.

Vivió doña Aldonza cinco años en Guadalajara, desde 1430 en que falleció su esposo, hasta 1435 en que, ya enferma, se retiró a Espinosa de Henares, donde el otorgamiento de testamento y su muerte se sucedían en breve espacio de tiempo. Desde nuestra ciudad protegió decididamente al por entonces todavía no muy pudiente monasterio jerónimo de Lupiana. Además de las mandas que le dejaba en el testamento, costeó en vida el arreglo de la capilla mayor, que agrandó y ennobleció cubriéndola de artesonado y adornándola con un retablo que suponemos de estilo gótico, y bastante interesante por cuanto fr. José de Sigüenza, a pesar de ser muy devoto del arte medieval, le alaba encarecidamente(3). Encargó también la sillería coral, en madera tallada en estiló gótico, de la que hoy no queda resto alguno.

En Espinosa testó doña Aldonza, sintiéndose repentinamente enferma, a 16 de junio, de 1435, y dos días después fallecía. Sin hijos ni parientes bien allegados (a don Iñigo de López de Mendoza, su hermanastro, le ignora sistemáticamente, dispersa sus pertenencias entre monasterios y obras mandas piadosas, dejando también gran cantidad de bienes para sus primos Diego Hurtado de Mendoza y el adelantado Pedro Manrrique. En su larga lista de donaciones aparecen mencionados casi todos los conventos y casas de religión de Guadalajara y «zona centro», dando, incluso, para «las beatas de casa mayor fernandes de guadalfaiara dies myll mrs», y para «las beatas de la morería de guadalfaiara dos myll mrs».

Al monasterio de Lupiana dejó doña Aldonza, entre otras cosas, los 50 cahices de sal de Atienza que le dejó su padre, y 19 excusados paniaguados que tenía Juro de heredad en Guadalajara. Le da también algunos ricos tapices y 100.000 maravedís para comprar cálices, cruces y una custodia. Todo el lujo del Cuairocentos español, cayendo de las manos de esta noble dama.

De las desavenencias familiares, rayanas en la guerra comarcal, que se produjeron a su muerte no creo sea este lugar propicio para hablar. Baste saber que uno de los herederos de doña Aldonza, don Diego Hurtado de Mendoza, y el hijo del otro, don Diego Manrique, se apoderaron inmediatamente de gran parte de los muebles y joyas de la finada, yéndose con todo a Cogolludo. El Marqués de Santillana, todavía enojado con, su desheredamiento, no encontró otra situación que irse inmediatamente, seguido de una hueste de 600 lanceros, a por los dos alegres aprovechados, que salvaron la vida gracias a la autoridad real, que se interpuso entre ambos bandos (4).

Y esta es, en resumidas líneas, la crónica de la vida y milagros de doña Aldonza de Mendoza, duquesa de Arjona, que ahora cuenta ya de nuevo, si bien en silenciosa talla alabastrina y clara, entre los alcarreños, sus paisanos.

(1) Hizo testamento don Diego Hurtado el 2 de abril de 1400, en El Espinar. Se conserva en el Archivo Histórico Nacional, casa de Osuna. Lo publica íntegro el Dr. Layna Serrano en su «Historia de Guadalajara…», tomo I, pág. 298.

(2) Este duque de Arjona era nieto del infante don Fadrique hermano natural de Pedro I, e hijo del condestable de Castilla don Pedro Enriquez. Su parentesco con el rey castellano era muy lejano.

(3) Fr. José de Sigüenza, «2.1 y3.1 parte de la Historia de la Orden de S. Gerónimo», 1600.

(4) Glosan este episodio tan medieval, de fraternal trifulca guerrera por cuestión de herencia D. José Amador de los Ríos en su «Vida del Marqués de Santillana», Y el Dr. Layna Serrano, en su Historia de Guadalajara y sus Mendozas en los siglos XV y XVI.