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mayo 12th, 1973:

¿Cuándo se acaban las obras de Santiago?

 

Más de cuatro años llevan las obras de restauración de la iglesia parroquial de Santiago, y lentamente, al aire de avances tenaces e Impensados hundimientos, va surgiendo la estampa antigua y primitiva del qué es, hoy por hoy, el mejor templo que Guadalajara puede enseñar a sus visitantes.

¿Cuándo lo podrá enseñar debidamente restaurado? Esta es la pregunta que todos nos hacemos, y, la que su párroco, don Enrique Cabrerizo, no puede tampoco contestarnos. El quisiera, y es lo más lógico, que para el 25 de julio pudiera abrir de nuevo sus puertas la iglesia de Santiago, de Guadalajara. ¿Será cierto este deseó? En ese sentido abogamos porque las obras que actualmente te llevan a cabo, tomen un ágil aliento, y pronto se vean coronados los proyectos que Bellas Artes y la parroquia hicieran hace años.

Pero no quiere esto decir que por mucho correr, se vayan a dejar las coses a medio hacer, o sin cuidado. Está terminada ya la estructura de las naves principal y laterales: con sus artesonados limpios e instalados, con s u s ventanas definitivamente abiertas, con sus columnas y paredes desnudes de] antiguo Velo, y orgullosas ahora de su pura materia pétrea y de ladrillo. Al fondo, en los pies del templo, sobre la puerta semicircular que permitía la entrada en su, origen, se ha descubierto un escudo real, con un par de castillos y otro de leones, pintado sobre el estuco de la pared. Esto confirma que su título de «Real Convento de Santa Clara» le fue dado en sus principios, como consecuencia de haber intervenido directamente en su fundación doña Isabel, hija de Sancho IV de Castilla, y que junto a su hermana Beatriz fueron señoras de Guadalajara, y en su alcázar residieron muchos años.

La capilla plateresca de don Juan de Zúñiga, en la cabecera de la nave del Evangelio, ha sido también dignamente restaurada. Ha quedado demasiado alto, y continuado en sitio diferente al original, el mausoleo del fundador, del que ni la estatua siquiera nos ha quedado, después que las monjas la vendieron, junto con otras esculturas funerarias de la misma capilla, a unos anticuarios. A la izquierda dé este mausoleo, en la pared de dicha capilla, ha sido colocada la placa y escudos en que se recuerda la feliz memoria que en Guadalajara debe existir todavía por doña Isabel de Vera y Cerrillo, quien fundó el mayorazgo de El Sotillo, a cambio de un Juro sobre las martiniegas de Atienza que tenían los franciscanos desde tiempos de su abuelo don Fernán López de Orozco. Esta señora, que lo fue también del bonito pueblo amurallado soriano de Rello, fue le que donó la gran cantidad de agua que de sus fuentes del Sotillo salía en dirección a Guadalajara, para aprovechamiento de los frailes de San Francisco, y posteriormente de las clarisas, de cuya iglesia tratamos ahora. Esto ocurrió en 1459, y aún hoy sigue nuestra ciudad aprovechando, esas aguas.

El punto crucial que, a mi entender, queda aún por acometer en la iglesia Parroquial de Santiago, es la completa restauración de la capilla gótica que culmina la nave de la Epístola, y que fundó poco antes de 1450, el regidor de nuestra ciudad don Diego García de Guadalajara. Se ha restaurado ya con escayola los góticos festones que faltaban en el arco mayor de la capilla, así como la cenefa que contonea todo el recinto. Es necesario de todo punto, sin embargo, volver a, pintar en el sabrosísimo color azul y oro, tan propio del gótico, este festón, cenefa y nervios de las bóvedas. Al igual que están todavía Pintados los escudos de las claves; y como estuvo hasta hace poco, y debe volver a estarlo, la leyenda gótica que, corriendo bajo la cenefa, explica quién fue la persona ‑que fundó la capilla; cuáles sus cargos, y el año (1452) en que se acabó.

¿Volverán, por otra parte, las imágenes de Cristos y Vírgenes que durante el presente siglo han gozado de la popular piedad de sus parroquianos? En nuestra modesta opinión, esas imágenes modernas no tienen cabida en este templo que, por obra y gracia de la concienzuda y costosa restauración de la Dirección General de Bellas Artes, ha vuelto a su primitiva edad del siglo XIV en que fue alzado. Sólo imágenes y cuadros de esa época pueden ponerse entre sus muros. Cualquier otra intención es, aunque católica y piadosa, atentatoria contra lo que ha costado años de esfuerzo y millones de pesetas.

Sólo nos queda, de nuevo, congratulamos de lo sabiamente que ha estado dirigida esta restauración; de los buenos frutos que ya ha rendido y ha dé rendir en un futuro; y de que dentro de pocos meses, ojalá que para ese final de julio, festividad de Santiago, pueda ser definitivamente, abierta al culto. Para satisfacción de todos cuantos alcarreños amamos nuestro pasado.