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Valdesaz en su aniversario

 

La efemérides ha adquirido en nuestros días el valor del recuerdo. Se ha pasado del canto laudatorio y el mágico trompeteo, a la recordanza entrañable de lo pasado. Son entonces los momentos matemáticamente precisos los que nos apuntan con su dedo para hablar y recordar las cosas antiguas.

En este año y estos días alcanzamos el tercer centenario de la proclamación como villa de uno de nuestros actuales ayuntamientos, el de Valdesaz. Y es momento de recordar lo que entonces ocurrió, para aquilatar la importancia de estas cosas ya tan olvidadas y menudas.

El «Vallem. Salzis» que da abrigo al Ungría fue, desde comienzos de su historia, posesión de los arzobispos de Toledo, y como aldea de Brihuega considerada. Cuando posteriormente en el siglo XVI, el Breve del Papa Gregorio XIII confiriendo a Felipe II absoluto poder para desmembrar villas y jurisdicciones eclesiásticas y adscribirlas a la corona real, Valdesaz, junto con Fuentes, del que era lugar, fué vendido al licenciado García Barrionuevo de Peralta, poderoso eje de la madrileña familia de los Cusano.

Estos señores, lógicamente, permanecieron al margen de los problemas diarios que se suscitaban en sus posesiones del perdido vallejo alcarreño. Los de Fuentes ejercían tal vez con exceso su autoridad sobre los indefensos vecinos de Valdesaz: abusos en cuanto a los repartimientos y cobranza eran frecuentes. Ni cortos ni perezosos, se dirigieron al Rey, los del valle, solicitando les concediera la merced de declararlos villa con jurisdicción propia, y ofreciendo 900 ducados al recibir la concesión solicitada. La viuda de Don García, Doña Clara de Monroy apoyó a los de Valdesaz en su decisión.

Y adelante fueron las cosas. De tal manera y con tal éxito, que el 31 de diciembre de 1672 llegaba a la hasta entonces aldea de Valdesaz la provisión real eximiéndola de la jurisdicción de Fuentes de la Alcarria, y proclamándola «villa por sí, con jurisdicción civil y criminal, alta y baja, de mero y mixto imperio».

 La alegría fué indescriptible. Por orden de Felipe II, fue designado don Pablo Durán y Cano, alcalde mayor de Villaviciosa para dar posesión a Valdesaz de sus preeminencias y jurisdicciones. El 12 de enero de 1673 se eligieron los cargos del nuevo y flamante Concejo. Los dos primeros alcaldes de la Villa fueron Juan de Canalejas y Pedro Sotillo. Al día siguiente, y con la alegría desbordada de las gentes, se procedió a alzar la picota, símbolo del villazgo, en el centro de la plaza, limitándose, en principio, a colocar un árbol pelado y adornado «con hierros y sortijas». En la cuesta del Cermeño se clavó la horca. La alegre procesión siguió después a visitar las tiendas de carne y de aceite, así como la taberna, donde a poco si se acaba el vino. Los pesos y medidas de los establecimientos se examinaron según marcaban las leyes, «encontrando estar todos buenos». Se deslindaron términos y señalaron mojoneras. Y a San Macario, cómo no, se le dieron gracias y ofreció la avena.

Ha sido ahora Valdesaz, pero la próxima vez lo será cualquier otro, y siempre caerán, como maduro fruto de los árboles, estos mínimos y cordiales aniversarios que forman la trama espesa, sencilla e innumerable de nuestra historia provincial.

Corregidores y alcaldes, vecinos y señores, nos han dado ton su callar, su firma y sus inquietudes, el exacto latir de un tiempo ido, de un, tiempo navegado y viejo, pero no muerto. Nunca muerto, porque nosotros, en evocándolo, mantenemos su cotidiana resurrección.

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