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mayo 10th, 1968:

El Cuatroccento en Cifuentes

La Adoración de los Reyes Magos, en la parroquia de Cifuentes (Guadalajara)

 Publicado en Nueva Alcarria el 10 Mayo 1968

La visita a la parroquia del Salvador, en Cifuentes, es obligada para todo el que llega a la capital de la Alcarria. Su puerta de Santiago, grandioso ejemplar del románico castellano, su púlpito gótico, la grandeza de las naves y otras particularidades del templo la hacen digna de una visita pausada y escrutadora. Pero hoy quisiera resaltar, entre estas joyas artísticas que posee la parroquia de Cifuentes, una obra que para algunos tal vez pase desapercibida, y que es, sin embargo, una magnífica aportación del arte alcarreño al español en general: me estoy refiriendo al retablo, en madera policromada, que se encuentra en la capilla del Sagrario, al fondo de la nave de la Epístola. Ocupando las hornacinas del altar que hay en dicha capilla, cinco relieves en madera sorprenden con su color y la gracia de sus figuras al visitante. Estos grupos escultóricos proceden de la primitiva ermita de Belén, y fueron colocados en esta capilla de la parroquia hace ya muchos años.

Haré sólo una somera descripción de ellos, pues sé que todos los lectores vais a ir a visitarlos, y podréis admirar su magnífica, traza y su color deslumbrante en directo, sin que ninguna explicación empañe la viveza de lo que entra por los ojos. En el centro del altar vemos una talla, de proporciones mayores que las otras, representativa del Nacimiento de Nuestro Señor. A la izquierda del espectador, en la parte superior se presenta la Anunciación de María, y en la inferior, la Circuncisión del Niño Jesús. A la derecha, y en el mismo orden que las dos anteriores, vemos las escenas de la Adoración de los Reyes Magos, y los Desposorios de María y José, ésta última, para mi gusto, la mejor de todas. El autor de estas tallas permanece desconocido; en España siempre ha ocurrido lo mismo: todo lo más grande, todo lo más hermoso, es de autor anónimo.

La fecha en que estas maderas fueron talladas y pintadas, me parece bastante fácil situarla en el siglo XV, más exactamente en su segunda mitad, esto es, en los reinados de Enrique IV o los Reyes Católicos. Para hacer esta afirmación sólo se cuenta con el dato de la indumentaria de las figuras que en ellas aparecen, y aún con otro dato que surge de éste: y es el hecho de que dichas figuras vayan vestidas precisamente a la usanza de la época: los Reyes Magos, la Virgen y San José, los ángeles, los sacerdotes y aun los pastores que en estas tallas aparecen, han sido trazadas por el escultor revestidas de los trajes que los reyes, los pastores, los hombres y las mujeres de aquella época usaban.

Y era a este punto donde quería abocar mi comentario: la costumbre que durante el siglo XV se impone, de revestir todo suceso del pasado con un barniz de presente. Este hecho surge no sólo en la escultura, sino también en la, pintura, arte que entonces, como hoy, marcaba el ritmo de las otras artes. Incluso el teatro se hace eco de esta moda, produciendo piezas muy demostrativas.

El arte pictórico figurativo hasta el siglo XIV realiza sus temas representando las escenas principales, de la religión cristiana en el ambiente en que auténticamente se desarrollaron; entre otras cosas, porque las maneras de vestir no habían evolucionado apenas en estos trece o catorce siglos. Pero es en este siglo XIV, en el que el gótico impera todavía, cuando surge la genialidad, que hay que atribuirla a los artistas flamencos y alemanes. El maestro de Flémalle, los Van Eyck, Van der Meyden, Bouts y otros, imponen definitivamente, en el siglo XV, esta forma de hacer. En España, la introducción de esta moda corre a cargo de Huguet, Reixach y otros artistas catalanes, siempre alertas a lo que ocurre en Europa, y desde Cataluña pasa el resto de la península, dando, entre otras, esta magnífica muestra escultórica que es conserva en Cifuentes.

En el teatro ocurre algo parecido a lo que en las artes plásticas. Juan del Encina, en sus obras religiosas de fines del siglo, XV introduce muchas alusiones a la vida de sus contemporáneos, entremezcladas con los hechos del Nacimiento y la Pasión del Redentor. Esto tiene su máxima representación en varias Églogas en este dramaturgo castellano dedica a la representación de la Natividad: en las que se representaron en la Navidad de 1492, en el palacio de los duques de Alba, las alusiones que hacen los pastores a las vidas de los duques y sus nobles amigos casi llegan a borrar el hecho principal de las piezas.

Esta costumbre tan curiosa de contemporizar artísticamente todos los hechos bíblicos y evangélicos, comienza a decaer a la par que, el Renacimiento aparece y se extiende por Europa. Los ropajes de las figuras, aunque idealizados, se parecen más a los que auténticamente vestían Cristo y su Santísima Madre que a los que nobles y reyes llevan. La moda, de la que entonces nadie se asustó, ha pasado dejando para la posteridad magníficos ejemplos de un espíritu y una época ocupados en buscar nuevos caminos para el arte. Cifuentes puede mostrarse satisfecho de poseer una muestra, una espléndida muestra, del arte original y sincero del siglo XV.