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El castillo de Jadraque

Tiempo de otoño, tiempo de visitar Guadalajara. Riberas amarillentas y alturas azules. Una sucesión de pueblos en silencio, de castillos olvidados, de monasterios en ruina. Pero todo ello se amalgama en una sucesión de sugerencias que nos prestan el dictado de su esencia secular. Hay que volver a la tierra, caminarla, subir a sus altos cerros. Por ejemplo, el que mantiene al castillo de Jadraque, con latido.  El viajero que por la tierra de Guadalajara, o por toda Castilla, busca visitar las viejas fortalezas medievales y admirar sus estampas, llegará de forma obligada ante Jadraque, y recordará la frase que el pensador José Ortega y Gasset le dedicó en uno de sus viajes, que venía a decir que se trata del cerro más perfecto del mundo. Sea o no cierta esa afirmación, el caso es que el castillo jadraqueño, en el borde de la Alcarria y en el inicio de la Campiña del río Henares, ofrece un aspecto soberbio culminando con silueta humana la sencillez de un fragmento de hermoso paisaje. Recordamos su historia Le llaman a este el castillo del Cid, porque en la tradición popular queda la idea de haber sido conquistado a los árabes, en lejano día del siglo xi, por Rodrigo Díaz de Vivar, el casi mitológico héroe castellano. La erudición oficial había descartado esta posibilidad por el hecho de que en El Cantar de Mío Cid aparece don Rodrigo y su mesnada, tras pasar temerosos junto a las torres de Atienza, conquistando Castejón sobre el Henares, y ostentando durante una breve temporada el poder sobre la villa y su fuerte castillo. Se había adjudicado este episodio al pueblecito de Castejón de Henares, de la provincia de Guadala­jara, que, curiosamente, está junto al río Dulce, apartado del Henares, y sin restos de haber tenido castillo. El poeta de la gesta cidiana se refería a una fortaleza de importancia, vigilante del valle del Henares, a la que llaman Castejón los castellanos, en honor de su aspecto, pero que para las crónicas árabes puede tener otro nombre. Era éste Xaradraq. Y fue concretamente el Jadraque actual el que conquistó el Cid en sus correrías por esta zona de la baja Castilla en los años finales del siglo xi. Teoría ésta que todavía se confirma con el hecho de haber sido denominado durante largos siglos, en documentos de diversos fines, Castejón de Abajo a Jadraque, que hoy tiene una […]

10 Castillos imprescindibles de Castilla La Mancha

Un recorrido por Castilla la Mancha nos ofrece panorámicas de su patrimonio ingente: común a la tierra castellana, son esos edificios, los grandes castillos y alcazabas, los que mantiene su memoria. Una tierra grande, ancha, antigua. Una tierra que hoy vemos luminosa, con viñedos, ciudades monumentales, industrias, juventud que se entrena. Pero Castilla la Mancha es también una tierra de hondas tradiciones, y, sobre todo, un lugar en el mundo donde surgen altos y severos los vestigios de una historia cierta, irrenunciable, cargada de símbolos, certezas y misterios. En ella se alzan (es Castilla… recuerda) los castillos, a docenas. En cualquier recodo del camino surge a lo lejos, en el horizonte, la alzada presencia. Y en llegando se levanta sonoro, poderoso, el oscuro perfil de sus almenas. Los castillos de Castilla la Mancha tienen mucho que decirte, todavía. Atienza. En la parte mas al norte de la tierra castellano-manchega, se alza la villa amurallada y roquera de Atienza, poblada hace miles de años por los celtíberos, bastión luego de los musulmanes, y desde hace siglos ocupada de labriegos que admiraron siempre a sus señores, los reyes castellanos, los condes guerreros, dueños de las distancias. Atienza tiene un castillo roquero sorprendente, al que es muy fácil subir, a pie, desde la plaza mayor. En lo alto de la roca, la torre del homenaje, y al final de sus escaleras, las terraza. Sube allí, observa en torno, escucha y aguanta el viento, poderoso. Almonacid de Toledo. Sobre la llanura parda toledana se alza en lo más alto de un poderoso cerro esta fortaleza que fue durante siglos propiedad de los arzobispos toledanos. Su estructura es muy curiosa, y muy demostrativa de cómo fueron las construcciones militares medievales: cerca exterior, castillo interior y torre fuerte o del homenaje en su centro. Belmonte. En la tierra de Cuenca, sobre las anchas llanuras de la Mancha, esta riente pirueta de la arquitectura y la historia. Propiedad de los Pacheco durante siglos, el buen hacer de un arquitecto borgoñón, Juan Guas, levantó esta complicada mezcolanza de torres y patios, de salones y ventanas. Todo tiene el marchamo de lo gótico en Belmonte, y allá se celebran, ahora, luchas y torneos con armas antiguas, entre bravos muchachos que entrenan con sus espadas, lanzas y dagas. A Belmonte es fácil llegar, subir en coche hasta la puerta misma del castillo, y vagar por su patio, sus salones que […]

Viaje al aljibe del castillo de Valfermoso

A Valfermoso de Tajuña se sube por una carretera retorcida en cien curvas. Frente a la ermita de la Virgen de la Vega inicia su andadura esta vía (GU-916) y llegados arriba lo primero que vemos es el castillo, y bajo él, tallado en la roca, está el aljibe que justifica nuestro viaje. Habrá que tener suerte y encontrarlo abierto. Si no fuera así, dirigirse al Ayuntamiento, donde tienen las llaves y el compromiso de abrirlo a los viajeros. Desde el mirador de Valfermoso, ahora con la otoñada en pleno esplendor, la visión de la Alcarria, con el valle del Tajuña en su centro, es fantástica. Tenemos a los pies un río mínimo, apenas un hilo de agua en esta tierra seca, pero en su torno se adivinan las alamedas fértiles, abrazadas del potente brazo de los campos de cereal, y en las laderas que se ofrecen como la copa de un cáliz por ambos lados, se derrama el aceite de los olivos, la flor de las aliagas, el humilde tono azul del romero que se preña de abejas, mientras que las hileras zigzagueantes de chopos amarillean intensamente el valle. La Alcarria tiene pocas visiones totales (desde el mirador de Alocén, desde la ermita de los Llanos en Hontoba, desde el santuario de la Virgen del Madroñal de Auñón, desde la meseta de la Alcarria sobre Ledanca…) pero este de Valfermoso es quizás el perfil más cierto. Llegamos a Valfermoso y nos encontramos con quien fue su alcalde en la plaza. El que tenía hace unos años. Rufino Expósito es un buen amigo de viejos tiempos, de caminatas largas y afanes compartidos, que él ha volcado en ayudar a su pueblo y a sus vecinos. Cuando rigió el pueblo le hizo muchas mejoras. Se nota, sobre todo, por quienes llegan ahora después de muchos años. Y Valfermoso tiene, también porque así era el día, toda la luz y el brillo de la Alcarria en el otoño. Nos ha llevado al mirador, que él ha construido con firme baranda metálica y abiertos límites para que dé la sensación a quien en él se ponga de estar volando sobre el valle. Un acierto total. El aljibe sorprendente Pero donde la sorpresa de los viajeros se hace mayúscula, es al ver el aljibe del castillo. Aunque ya era conocido, estaba publicado, y figuraba en las guías, recientemente se le ha hecho una limpieza […]

Volviendo a Pioz

Cuando se busca, cada semana, un lugar del patrimonio, las probabilidades de dar con una iglesia románica, un viejo palacio, o un castillo casi se reparten a partes iguales. Vamos a dar hoy una idea para que viajen mis lectores, cerca de Guadalajara, cualquier domingo de enero por estas planicies de la primera Alcarria, y se dirijan hasta la monumental masa pétrea del castillo de Pioz, que alberga una historia considerable y, sobre todo, nos da la imagen segura de una fortaleza medieval. Uno de los lugares que, en la Alcarria, mayor encanto reúne para una visita corta, de esas de tarde de domingo invernal como las que ahora tenemos, es la villa de Pioz, en la llanura que remata las cuestas pasado Chiloeches, camino del valle del Tajuña. Solamente hay un elemento monumental que llame la atención del viajero, y es el castillo, soberbio pináculo de piedra gris que parece gritar su poderoso sueño sobre la plana sabana de viñedos y matorrales. Pioz perteneció en un principio a la Tierra y Común de Guadalajara. Su historia es larga y suculenta, pero aquí la resumo en aras de la brevedad que un periódico impone. En el siglo XV, el rey de Castilla Juan II entregó el lugar en dote a su hermana Catalina, al casar ésta con su primo, el turbulento infante de Aragón don Enrique. Pero el mismo Rey se lo quitó, pues el cuñado le movía guerra, y lo entregó en señorío a don Iñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, quien tras su muerte lo transmitió a su hijo, el gran Cardenal de España don Pedro González de Mendoza. Otro lugar más de esta ancha Alcarria que nos presta su anchura, en el que la familia Mendozainscribe su verdiroja enseña de poderío. Este magnate, el Cardenal de España, comenzó la construcción del castillo en la última mitad del siglo XV. Posteriormente, en 1469, lo cambió a don Alvar Gómez de Ciudad Real, secretario de Enrique IV, por su villa de Maqueda. Así, pues, desde esa fecha perteneció Pioz y su fortaleza a la familia de los Gómez de Ciudad Real, en la que se mantuvo hasta el siglo XIX, cuando murió sin sucesión la última poseedora del mayorazgo, doña Vicenta de la Cerda y Oña. Este castillo de Pioz pasa por ser uno de los más bellos ejemplares de la provincia de Guadalajara, al menos en […]