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La Caballada, según Bernal

El grupo de La Paz, de la Caballada, portadores de la Bandera y la Vara. Con toda una tradición de 850 años a sus espaldas.

Estos días está de celebración Atienza. Nada menos que 850 años cumple su fiesta más antigua y solemne, la más querida y entraña. La Caballada o fiesta que hacen en la pascua de Pentecostés los cofrades de la Santísima Trinidad, es memoria de la historia de la villa, es memoria de Castilla y de sus formas de entender un rito que va más allá de lo religioso, que entronca con esencias humanas de caminos, y festeja la alegría de los arrieros, de los comerciantes que atravesaban el pais llevando mercancías.

Mañana sábado empieza la fiesta, pero el domingo será de nuevo la Caballada plena. Este año se celebra el 850 aniversario del hecho histórico que la dio vida. Aunque habría que hablar mucho sobre la fecha exacta en que ocurrió este hecho. Porque la mayoría de los historiadores del evento (y me refiero a Francisco Layna, Serrano, a Jesús de la Vega y a Tomás Gismera) dan por hecho que fue en abril de 1163 cuando tuvieron lugar los acontecimientos de los que surgió esta celebración de plena esencia civil.

Una especie de historia

Resumiendo, y para centrar a mis lectores en el tema, debo decir que la situación política en la Península Ibérica, a mediados del siglo XII, es la siguiente: Alfonso VII el emperador, rey de Castilla y León, a su muerte deja dividido el reino, entregando León a su hijo Fernando (II), y Castilla a su hijo Sancho III (el deseado), quien al año de comenzar a reinar muere, dejando a su hijo, muy pequeño, como heredero. Este hijo es Alfonso, que llegará a ser octavo de Castilla, el rey que tuvo durante más años el cetro en las manos (1158-1214, 56 años), y que en 1212 (de esto sí que hace ahora, el próximo mes de julio, 800 años) fue vencedor del imperio almohade en Las Navas de Tolosa.

Huérfano de padre y madre a los dos años de edad, la tutoría la ejercen los de la familia Castro.Tantolos Castro como los Lara son los dos grandes grupos feudales que controlan el estado castellano en ese momento. Las presiones del rey de León, Fernando II, tío del rey niño, hacen que los Castros se lo entreguen sellando de esta manera, una vez más, el predominio del reino leonés sobre Castilla. Pero la cosa no queda ahí, y los Lara se mueven. Fernando II penetra en Castilla para ir tomando posesión de sus ciudades, y llega a Burgos que se le rinde si problemas. Quiere llegar a Toledo, y en el camino, en Soria, exige a los Castro que le entreguen al niño. Estos lo hacen, pero la situación, realmente dramática, toma un giro nuevo cuando los Lara, en secreto, sacan al niño de Soria y lo conducen hacia el sur, primero a San Esteban de Gormaz, y luego a Atienza. Es don Manrique de Lara (primer señor de Molina) y su pariente don Pero Núñez de Fuente Almegir quienes le llevan, queriendo salvarle, y salvar a Castilla de un nuevo vasallaje a León. Llegan a Atienza. Es la primavera de 1163 (¿o de 1162?). Las crónicas no se ponen de acuerdo. El caso es que en la primavera de ese año, y rápidamente desde Soria, Fernando de León llega a Atienza, tenida de los Lara, y exige que se le entregue al niño. Los castellanos se oponen, y los atencinos traman un plan para sacar al jovencísimo rey de aquel lugar y salvarle en otro más seguro de Castilla.

De ahí que los arrieros prepararan una nueva salida de la villa, cargadas sus mulas de mercancías, y entre el grueso de gentes y cosas que transportaban, llevaron vestido de aldeano al joven monarca, que así pudo llegar salvo a la ciudad de Avila, y allí crecer y llegar a ser, sin más problemas, el gran rey que fue, y que consiguió, entre otras cosas, al final de su reinado, frenar definitivamente en los montes jiennenses de Las Navas de Tolosa la arrolladora máquina islámica del sultán almohade Muhammad am-Nasir, cambiando definitivamente la posible historia de España y de Europa, que por entonces se hubiera consagrado como territorio musulmán.

Hay que leer a Layna Serrano (en su “Historia de la villa de Atienza” y en su investigación sobre La Caballada) lo que por menor escribe sobre todo esto. Cimentado en los datos originales (primero pensando en 1162 como año de los hechos, luego en 1163 y siempre quedando la lógica duda del periodo entre 1159-1163) construye con su castizo lenguaje un relato que es hermoso pero quizás demasiado imaginativo. En todo caso, los hechos están ahí, y con el cañamazo de los febles documentos, más la sal y pimienta de la imaginación y el color de los relatos quiméricos, nos ha llegado este anecdotario en el que se suman algunas circunstancias legendarias, que tanto gustan a la generalidad de los lectores y al pueblo llano.

Los significados de La Caballada

De un hecho concreto, ocurrido hace 850 años, y que se debe enmarcar en la actividad política de la época, ha surgido una fiesta que es recuerdo leve de otros tiempos, y ha ido tomando un sesgo de espectáculo al que de vez en cuando le ponen un añadido de nacionalismo castellanista.

Lo importante sería analizar en profundidad de qué recovecos del subconsciente junguiano vienela Caballada. Porquela verdad es que 850 años dan para mucho, y la cosa no solo memora un hecho puntual, sino que recoge un gran caudal de ancestralismos previos.

En este momento, y sin poder entrar en muchos detalles, conviene traer a colación a San Julián. La cofradía (institución religiosa y civil a un tiempo) se puso bajo la advocación de San Julián y dela Santísima Trinidad, perdiendo el primero de sus títulos con el paso del tiempo. Quedó, pues, la esencia mística, pasando al olvido la teoría del origen gremial.

Según el antiguo santoral católico, el día 12 de febrero se celebraba en la Iglesia universal la festividad de San Julián. Tras la revolución que en las nóminas celestes introdujo el Concilio Vaticano II, a San Julián se le ha trasladado de fecha, y ahora le celebramos el día 16 de ese mismo mes.

Trae su aventura biográfica, entre otros santorales, el «Breviario Segu­ntino» del siglo XIII, que le sitúa en el primer siglo después de Cristo, haciéndole natural de la región de El Bierzo, aunque el «Romancero español» le supone hijo de padres españoles, pero nacido en Nápoles. Está claro que su origen es totalmente legendario. Cristianización, incluso, de algún mito pagano anterior, del que no sería ejemplo muy lejano el de Edipo como parricida contra voluntad y por insoslayable hado. Hijo de poderosos señores, perteneciente a la alta nobleza, un día perseguía en su caza a un grande y hermoso ciervo, que, viéndose acosado por Julián, se le volvió y le habló, anunciándole que con su propia mano mataría a su padre y a su madre. Asustado, Julián huye lejos de su casa para no co­meter semejante atrocidad. Llega a un lejano país, donde se casa con una princesa y vive feliz. Pero sus padres le buscan y, guiados de unos y otros, llegan al palacio donde vive, encontrando solamente a la esposa de Julián. Esta les brinda su hospitalidad y les cede la misma habitación que usa el joven matrimonio. Vuelve Julián, que, ignorante de la buena noticia de la llegada de sus padres, encuentra que en su habitación, en su propia cama, duerme un hombre junto a una mujer, que piensa es su joven esposa. Ciego de ira, los mata. Reconoce entonces que ha cumplido, con su propia mano, la profecía del ciervo: ha sido parricida. Para rogar el perdón de Dios se va a los caminos, peregrino errante, y alberga y cuida a los enfermos y a los leprosos en un hospital de su fundación. En el transcurso de los siglos, especialmente a partir de la Baja Edad Media, San Julián se torna en el proto­tipo del caminante y del caballero. Se le representa en hábito galante, con atributos de caza, con espada y daga, incluso con un halcón sobre la mano izquierda. También como monje o caminante u hospitalero recibien­do leprosos. Los caballeros le toman por su patrón. Los caminantes, tam­bién, y es frecuente en las veredas que cruzan España en la Edad Media oir esta frase que se dirigen mutuamente los polvorientos viajeros: «Ayude vos San Julián» o «Válgaos San Julián». El mito del parricidio acaba cris­tianamente con el perdón de Dios que le es enviado a San Julián por boca de un ángel. Encarna, de todos modos, dos arquetipos del género humano: el caballero y el caminante.

En la provincia de Guadalajara, que es donde me muevo, hay dos cofradías, ambas de antiquísimo origen, que toman a San Julián por su patrón: «La Caballada» de Atienza es una, (finales del siglo XII), y la de «Los Caballeros» de doña Blanca, heredera de don Manrique de Lara, en Molina de Aragón, es otra (pleno siglo XIII).

En Atienza se constituyó la cofradía exclusivamente en honor de San Julián, pues así se apelaba el hospital de la villa y además la hermandad la constituían los «arrieros» de ella, gentes de camino perenne, que tomaban por abogado celestial a tan gran caminante. Las constituciones escritas del siglo XIII nos muestran a esta cofradía de «La Caballada» bajo el título dela Santísima Trinidady San Julián. Olvidándose poco a poco este último apelativo.

Molina de Aragón nos muestra la otra vertiente de este tema: el Cabildo de Caballeros de doña Blanca, fundado por esta señora en el siglo XIII con cien hombres nobles de a caballo de su alta y fortificada villa, se hizo «en honor de la Santísima Trinidad, Santa María y San Julián». En este caso será la advocación mariana la que permanecerá, con el título de Nuestra Señora del Carmen, perdiéndose los otros dos.

El culto a San Julián fue perdiéndose en Atienza pero se mantuvo en Molina, donde los caballeros de la ciudad le invocaban al caballero santo con grandes voces ante la puerta de la iglesia de Santa María la Vieja, que perteneció a los caballeros templarios. Los cofrades regalaban ese día un hermoso caballo para la fábrica de la iglesia, existiendo en ella un viejo retablo dedicado a San Julián, que aparecía en diversas pinturas vestido de caballero, de seglar, y con un azor en la mano.

El libro de Bernal sobre La Caballada

Mañana sábado 26 de mayo, al mediodía, en Atienza, se va a presentar el libro que ha editado laJunta de Comunidadescon imágenes de La Caballada, reuniendo en fantástica antología, la obra gráfica de Santiago Bernal. Un libro esperado, meditado, trabajado. Un libro que reúne la máxima expresión de la genialidad fotográfica de Santiago Bernal.

Lleva por título “Santiago Bernal. La Caballada de Atienza”, y mide 28 x 28 cms, encuadernado en cartoné forrado en cromo con 184 páginas, todo él impreso en un papel de alto gramaje y a color todo su contenido. Impresionante. Edita “Junta de Comunidadesde Castilla-La Mancha” en 2011, y no se sabe muy bien donde está impreso, aunque lleva depósito legal de la provincia de Albacete. Una pena, sin embargo, que un libro de esta categoría se haya quedado en la cuneta de las publicaciones ilegales, al no haberle incluido en el listado internacional del ISBN.

Está dedicado a Alfonso VIII de Castilla, a cuantos le han ayudado a publicar este libro, a la villa de Atienza, y a su esposa. Lleva una presentación de Marcial Marín, consejero de Educación, Cultura y Deportes del gobierno regional, más un texto de Jesús dela Vega García, “Te doy mis ojos”, y otro de Tomás Gismera, “Santiago Bernal, fotógrafo”. Al final de la obra, y acompañado de imágenes del autor y sus amigos, aparece un texto del propioSantiago Bernalen el que cuenta con detalle sus experiencias en torno a la Caballada.

El libro, todo él fotográfico, sin más textos que los pies que ilustran las imágenes, tiene cuatro capítulos que definen las jornadas en que se dividela Caballada. Asíel Capítulo I está dedicado al Día de San Isidro, el II al Sábado de las Siete Tortillas, el III al Domingo de Pentecostés, y el IV al Domingo de la Trinidad.

Con este libro de Bernal, la Caballada cobra una fuerza nueva: se hace completamente visual para cuantos han oido y leido sobre ella. Si la fiesta castellana de Atienza ha sido, en gran manera, una creación y recreación de Francisco Layna Serrano (el cronista que la estudió, la analizó y la recompuso) ahora también lo es deSantiago Bernal, que la ha vivido desde dentro durante largos años consecutivos, rescatando en imágenes los rostros, los caracteres y las indumentarias, los gestos y los ademanes, las voces incluso, que parecen surgir de las brillantes páginas.

Santiago Bernal, a quien nunca se harán suficientes homenajes y se le darán las gracias como merece, por cuanto ha hecho por Guadalajara, ha sido uno de los más destacados fotógrafos de la segunda mitad del siglo XX en España. Hombre de cámara analógica, de filtros, de retocados manuales en la cubeta del revelador, de teórico de los papeles (siempre adepto al extraduro), del recorte sabio, del gran formato, del grano que se ve, y del gesto instantáneo, ha conseguido reunir la mejor colección de imágenes sobreLa Caballada. Yha tenido la fortuna de convencer a los políticos de turno para que le pongan en forma de libro (que es algo que permanece para siempre, y que supera con mucho la interinidad de los puestos administrativos) esta colección realizada año tras años, durante más de medio siglo, de los actos y los fastos de la Caballada.

Si alguien la ha dado vida, aparte de sus cofrades, de sus priostes, abanderados, seises y abades, ha sidoSantiago Bernal, a quien personalmente agradezco su trabajo, su entusiasmo, su amistad, y el ejemplar que me ha regalado, pues si no hubiera sido por él, aún lo estaba esperando.

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