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La iglesia de El Cubillo de Uceda

La iglesia parroquial de El Cubillo de Uceda es un edificio que merece la pena admirar, escrutar y fotografiar. Es un conjunto polimorfo en el que se encuentran varios estilos artísticos. Todos ellos con singularidad y fuerza.

Cualquier día de esta primavera, cualquier mañana, será un buen momento para acercarse hasta El Cubillo y admirar su iglesia. Es un edificio bien plantado en la plaza, aislado de cualquier otra edificación, rodeado de jardines, fuentes y caserones. Un resumen de la historia de esta villa campiñera, que ya en sí misma explica el porqué de algunos de los elementos que forman esta belleza patrimonial.

El Cubillo estuvo incluido en el alfoz o Común de Villa y Tierra de Uceda, perteneciendo en señorío a los arzobispos primados de Toledo. En el último cuarto de siglo XVI, el rey Felipe II enajenó todo el Común de Uceda, dando privilegio de villazgo a las aldeas, y vendiendo a don Diego Mexía de Ovando la cabeza del territorio.

El Cubillo de Uceda fue declarado Villa con jurisdicción propia en 1583, y a partir de esa fecha no conoció otro señorío que el del Rey de España. Vivieron sus vecinos de la agricultura fundamentalmente de secano, y también existió una gran tradición de fabricación de tejas y ladrillos en este lugar.

Ese hecho, el de pertenecer en Señorío, desde la Edad Media, al arzobispado de Toledo, condicionó en gran modo el estilo, los estilos, de este templo que hoy vamos a visitar. Porque de lo originario medieval, de lo que queda ábside y memoria en las techumbres, surge la forma mudéjar. Y de la época renacentista, cuando a mediados del siglo XVI es Alonso de Covarrubias el arquitecto más señalado de la archidiócesis, el protegido y preferido de sus magnates y eclesiásticos, proviene la fachada y los capiteles, la estructura interior, en suma, que es algo toledano y covarrubiesco por los cuatro costados.

La iglesia en rápida visita

La iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora de la Asunción es un edificio muy interesante, artísticamente. En su aspecto exterior destaca, en primer lugar, el ábside o cabecera, orientado a levante. Es de planta semicircular, y su fábrica es de ladrillo visto, dispuesto en forma de arquerías ciegas en tres cuerpos, conformando un ejemplar magnífico de románico mudéjar. Debe ser lo único conservado de la primitiva iglesia del lugar, construida hacia el siglo XIII. El resto del templo fue erigido de nuevo en el siglo XVI. Destaca sobre el muro de mediodía un atrio muy amplio, compuesto de esbeltas columnas de capiteles renacentistas, sobre pedestales muy altos, lo que le proporciona una gran airosidad y elegancia. La portada de este muro es obra de severas líneas clasicistas. En el hastial de poniente, a los pies del templo, y centrando un muro de aparejo a base de hiladas de sillar y mampuesto de cantos rodados, muy bello, destaca la portada principal, obra magnífica de la primera mitad del siglo XVI, buen ejemplar del estilo plateresco de la escuela toledana. El ingreso se escolta de dos jambas molduradas y se adintela por un arquitrabe de rica decoración tallada con medallón central y abundantes grutescos, amparándose en los extremos por semicolumnas adosadas sobre pedestales decorados y rematados en capiteles con decoración de grutescos. Lo cubre todo un gran friso que sostienen a los lados sendos angelillos en oficio de cariátides; dicho friso presenta una decoración a base de movidos y valientes grutescos, rematando en dentellones. En la cumbre de la portada, gran tímpano semicircular cerrado de cenefa con bolas y dentellones, albergando una hornacina avenerada conteniendo talla de San Miguel, y escoltada por sendos flameros. Sobre el todo, ventanal circular de moldurados límites.

El interior es obra adecuada de la misma época, yo diría que en el comedio del siglo XVI, y nos ofrece un equilibrado ámbito de tres naves, más alta la central, separadas por gruesos pilares cilíndricos rematados en capiteles cubiertos de decoración de grutescos muy bien tallada. Sobre el muro norte aparece un gran medallón de talla en que figura la Virgen y el Niño. La capilla mayor se abre a la nave central, y se cubre con bóveda de cuarto de esfera, mientras que el resto del templo tiene por cubierta un magnífico artesonado de madera, de tradición ornamental mudéjar, aunque con detalles platerescos, todo muy bello y bien conservado, obra de la primera mitad del siglo XVI.

El suelo de las naves está cubierto de numerosas lápidas sepulcrales, con leyendas y escudos tallados, correspondientes a diversos vecinos del pueblo, seglares y eclesiásticos, de los siglos XVI y XVII. El conjunto del templo, en su aspecto arquitectónico y ornamental, está claramente dentro del ámbito artístico del plateresco toledano, muy en la línea de lo que hace por estas tierras Alonso de Covarrubias y los de su escuela.

La mano de Covarrubias en El Cubillo

Todo en la iglesia de El Cubillo nos hace pensar en Alonso de Covarrubias. No se han encontrado documentos que certifiquen con exactitud el autor o autores de este templo, pero tanto en el arquitrabe de la portada de poniente, como en los capiteles del interior, se nota la mano, la firma segura del arquitecto y escultor toledano.

No hace falta más que ver y comparar estos dos capiteles que acompañan estas líneas. El primero es de El Cubillo. El segundo, del claustro de Luliana. En ambos se muestran angelillos en el borde superior, y bichas en la esquinas. En el cuerpo del capitel, un detalle renacentista singular y único, que usa el arquitecto con profusión: un cofre atado de una cinta que a su vez cuelga de una argolla.

Otras cosas que admirar en El Cubillo

En el pueblo se ven varios ejemplos notables de arquitectura popular campiñera, utilizando en fachadas el “aparejo toledano” a base de hiladas de ladrillo y mampuesto de piedra rodada, con diferentes y bellas soluciones; vanos arquitrabados con maderas talladas, decoración de ladrillo en jambajes de ventanas y en aleros; buenos ejemplos de hierros forjados en rejas y otros elementos. En el Extremo occidental de pueblo destaca el edificio o caserón que la tradición dice fue el primero edificado en el Cubillo, por Hernando García, cuando se fundó el pueblo. Se trata en realidad de un caserón de planta baja y principal, con fábrica de ladrillo, mampuesto y sillar. Su puerta presenta gran dintel de piedra en el que se ve tallado un sencillo escudo de armas. Posee también rejas interesantes. Es indudablemente obra de final del XV o principios del XVI.

Cerca del pueblo, por su extremo meridional, asienta la ermita de la Soledad, hoy dedicada a Camposanto. Presenta una puerta de doble arco y en ella grabada la fecha de 1565. También es interesante, a la salida del lugar y en el camino hacia Uceda, la fuente de abajo, construida en buen sillar en la época de Carlos IV.

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