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diciembre 15th, 1989:

Los hospitales en Sigüenza

 

Como todas las villas y ciudades importantes, desde la Edad Media tuvo Hospitales la ciudad de Sigüenza, especialmente con el objeto de recoger pobres y peregrinos. Progresivamente fueron adoptándose sus usos a la sanidad y curación de enfermos.

Las primeras noticias sobre hospitales de Sigüenza datan del siglo XII, bajo el obispo don Rodrigo. En septiembre de 1197, este obispo concedió a perpetuidad al Cabildo unas casas que tenía cerca de la catedral, para que fueran destinadas a hospital de recepción y mantenimiento de pobres. Este fue el llamado «Hospital de la estrella» que duró hasta finales del siglo XVIII.

El hospital de San Mateo fue fundado por Mateo Sánchez, canónigo con dignidad de chantre, en tiempos del obispo Alonso Carrillo de Acuña, a mediados del siglo XV. Su testamento es de 1445. El patronato del hospital se entregaba al deán y cabildo catedralicios. Se encontraba situado al lado del Hospital de la Estrella, entre las actuales calles del Hospital y la Estrella, y sobre la puerta había una lápida con el escudo heráldico del fundador, una imagen de San Mateo, y esta inscripción: «Los que en esta casa mueran absueltos quedan de culpa y pena: por bula del Papa Alejandro VI». La farmacia o botica de este hospital era muy notable, y fue fundada también en el siglo XV por otro canónigo, don Mateo Sánchez Bravo. En la lauda sepulcral de este individuo, que todavía se conserva en la catedral de Sigüenza, se lee: «fundó y dotó a su costa el cuarto y botica del Hospital de San Mateo». Existió este ámbito hasta 1936 en que los bombardeos acabaron con ella. Doña Dorotea Ribera escribió un artículo sobre esta botica que nos ha sido imposible localizar. La describe con detalle Blázquez Garbajosa en su obra sobre el Señorío episcopal de Sigüenza (*).Los obispos cuidaron siempre de su hospital. En 1215 el obispo don Rodrigo le declaró exento de impuestos. En 1649, el obispo don Pedro de Tapia lo amplió, entregando la suma de 6.000 ducados para hacer dos habitaciones grandes con sus camas y dotaciones. Y en 1688 el obispo Carbonell hizo lo mismo, para separar los enfermos de distintos tipos en su interior.El cabildo administraba el Hospital, y se preocupaba de mantener un cuerpo de facultativos al cargo. Este se componía habitualmente de un médico, un cirujano y varios boticarios, lo que queda reflejado en los padrones sucesivos de la ciudad. Pero también el Concejo o Ayuntamiento contrataba a veces sus médicos y cirujanos para que trabajaran en este hospital. El contrato solía ser por tres años, y las condiciones que en dicho contrato se le imponían al médico eran las siguientes: vivir en la ciudad, no ausentarse de ella sin la licencia de los alcaldes, asistir a todos cuanto lo solicitasen (clérigos y legos) y a los pobres debía atenderles gratuitamente, pudiendo cobrar sus honorarios normales al resto de personas. Por estos servicios, el médico del Concejo recibía un salario, cuyas cifras orientativas eran éstas: 24000 maravedises en 1563; 34000 mrs en 1598; 1875000 mrs en 1638.

Respecto a la asistencia de los hospitales seguntinos, especialmente los de San Mateo y la Estrella, según vemos en un documento de 1751 que publica Blázquez en su citada obra, era de la siguiente manera: 

«En dos Hospitales se egercita diariamente la caridad christiana con la más prolija asistencia y policía: el uno llamado de la Estrella, solo admite pobres pasageros de todas clases y por tiempo limi­tado, esto es el que baste al reparo para proseguir su viaje, segun la mayor o menor causa del paciente y el juicio prudencial del Administrador.

El otro es general para toda especie de en­fermedades a reserva de las incurables y de otras vergonzosas a la modestia christiana, consta esta utilísima fundación de quatro entre sí distintas porque llevando su quenta separada de sus caudales concurre a un mismo fin, supliendo las sobrantes a las alcanzadas y manteniendo siempre con este eco­nómico gobierno el objeto a que se dirigen, que es la curación de los enfermos y crianza de niños Expósitos; el Cabildo de la Santa Iglesia tiene a su cargo el Patronato absoluto; y lo desempeña nombrando para administradores uno de los prebenda­dos timorato, caritativo y de buena conducta.

Son muchas las personas de ambos sexos que se ocupan en la asistencia de pobras por ser estos en número muy crecido y no salir del hospital asta su total restablecimiento.

Dos de las cuatro obras pias son para enfer­mos y combalescientes; y en ambas cuadras separadas para mugeres y sacerdotes, la tercera de Niños Expósitos administrada con suma diligencia, así en la elección de nodrizas de buena salud y costum­bres, como en velar sobre el modo con que estas los tratan; por estar averiguado atienden mas las tales mugeres a el interes que a la piedad y obliga­ción…»

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(*) BLAZQUEZ GARBAJOSA, A.: El Señorío Episcopal de Sigüenza, Guadalajara, Institución Provincial de Cultura «Marqués de Santillana», 1988, Colección «Alfoz», nº 1