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diciembre 1st, 1989:

A propósito de una excelente exposición: El Panteón de la Condesa

 

Se ha celebrado estos pasados días en nuestra ciudad una excelente exposición de arte que ha sido organizada por la delegación de Guadalajara del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla‑La Mancha, y patrocinada por la Caja de Ahorro Provincial, en cuya sala de exposiciones ha sido mostrada al numeroso público arriacense que ha acudido durante su celebración a admirarla.

Trataba la exposición de Ricardo Velázquez Bosco: su obra en la ciudad, y venía a mostrar fundamentalmente la tarea encomiable que un grupo de alumnos de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, dirigidos y asesorados por el profesor Miguel Ángel Baldellou, ha realizado durante los pasados meses en orden a estudiar, dibujar y componer unos extraordinarios dibujos que dan una visión nueva y sorprendente del conjunto arquitectónico de Velázquez en Guadalajara: la fundación de la Condesa de la Vega del Pozo, su iglesia aneja y su Panteón, así como el poblado de Villaflores, el palacio de la familia Desmaissiéres y algunos otros detalles en nuestra ciudad.

Es justo que figuren aquí los nombres de quienes han realizado, con arte, paciencia y conocimientos tan esmerado trabajo: Fernando García Lozano, Juan Antonio García Millán, Juan Pablo de Gaspar y Simón, Luis Miguel Martín López, Santiago Martín Ruiz, Rita Muñoz Ortega y Carolina del Peso Cobeña. Numerosas fotografías y algunos elementos complementarios han ilustrado esta muestra que ha abierto, a muchos alcarreños, los ojos del espíritu hacia una serie de obras de arte insuficientemente apreciadas hasta ahora. Servirá además, eso esperamos, para que ese conjunto inigualable del Panteón, la iglesia de Santa Micaela y la fundación de la Duquesa del Sevillano sean respetadas en el futuro como lo han sido durante el siglo que tiene de vida.

Ricardo Velázquez Bosco, uno de los mejores arquitectos del siglo XIX español, nació en Burgos en 1843, estudió su carrera en Madrid, en 1874, y murió en la capital de España en 1923. Fué desde 1881 catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, y su director hasta 1918. Entre sus grandes obras deben citarse el actual Ministerio de Agricultura en Madrid, y el palacio de Cristal más el pabellón Velázquez en el Retiro madrileño. En Guadalajara se encargó, a pedimiento de doña Maria Diega Desmaissiéres, condesa de la Vega del Pozo y duquesa de Sevillano, de construir una gran Fundación, una iglesia aneja y el panteón funerario de dicha señora, además de restaurar el palacio de esta familia en Guadalajara, de construir un hermoso conjunto agrícola en lo alto de la meseta alcarreña, en el camino de Horche, en el poblado denominado de Villlaflores, así como de restaurar (aquí con poco acierto, todo hay que decirlo) el antiguo convento de la Piedad para Instituto de Enseñanza Media, y la capilla de Luis de Lucena.

El conjunto de la Fundación y Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo es una de las obras más singulares de la arquitectura española del siglo XIX. En estos años se ha cumplido el centenario de su construcción, y en la exposición que comentamos ha quedado bien patente la grandiosidad y la originalidad de esta obra de Velázquez Bosco, llevada a cabo gracias a la filantrópica magnanimidad de doña Diega.

Las obras para el Panteón se iniciaron en 1887 y fueron concluidas en 1916, año en el que se depositaron en su cripta los restos de la fundadora. En la magna construcción contó Velázquez con la colaboración de Benito Ramón Cura y el escultor local Ángel García Diez. La riqueza de la ornamentación y de los materiales empleados hacen de esta obra, por lo menos en su interior, un remedo de los antiguos templos bizantinos. Es ejemplar típico del eclecticismo arquitectónico de la segunda mitad del siglo XIX, y en este caso el constructor tomó referencias formales de diversos estilos orientales y occidentales. Hay netos elementos del románico lombardo, como los arquillos ciegos bajo los moldurajes de las cornisas, pero también pueden encontrarse referencias renacentistas, especialmente en el ámbito de la planta y simetría de las proporciones. La gran cúpula recuerda a la de Santa María del Fiore de Florencia, y el interior con su gran cúpula cuajada de mosaicos evoca inmediatamente la solemnidad de los edificios religiosos bizantinos (Rávenna, Constantinopla…)

Al panteón de la Condesa se añade el valor de la escultura que García Diez puso en la pseudo‑cripta. El grupo de ángeles que porta, en dinámica actitud, el féretro de la señora, es de lo mejor de la escultura modernista española. La planta cruciforme y la bóveda plana de cristal que sirve de techo a la cripta y de suelo al templo es otro de los magníficos resultados del arquitecto Velázquez. La pintura del altar mayor, debida a Ferrant, y las tallas de capiteles y columnas, añaden color y movimiento a este monumento. Conocido, al menos en su silueta, de todos los alcarreños, pero necesitado de su valoración precisa.

Esa valoración que la referida Exposición del Colegio de Arquitectos ha pretendido, y conseguido en buena parte, y que por añadidura es ahora la población de Guadalajara la que debe hacer valer frente a cualquier intento (y puede haberlos) de destruir en cierto modo el ámbito donde se ubica esta joya única de nuestro patrimonio, de un patrimonio histórico‑artístico que estamos obligados a defender por cualquier medio a nuestro alcance.