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Las cañadas de la Mesta por Guadalajara

 

En un repaso que forzosamente ha de ser breve, a lo largo de dos semanas vamos a recordar algunos datos y anécdotas interesantes en relación con el paso de los ganados de la Mesta, de los caminos y cañadas por donde discurrían, a través de nuestra provincia de Guadalajara, y más concretamente por medio del Señorío de Molina, donde de una forma ya proverbial, siempre fue muy abundante y de gran calidad el ganado ovino.

En un recuerdo sucinto de la historia de la Mesta, hemos de decir que se inicia en tiempos de Alfonso X el Sabio, en 1273, quedando sus normas contenidas entonces en el «Cuaderno de las Leyes de la Mesta». Alfonso XI, en 1347, puso bajo su protección a todos los ganaderos del reino, disponiendo que se formara una sola cabaña: «la Cabaña Real». Y en 1454, Enrique IV incorporó a la Cabaña Real toda clase de ganado. Pocos años después, los Reyes Católicos dieron muchas prerrogativas a los ganaderos, declarando de su libre provecho todos los pastos, abrevaderos, majadas, veredas, descansaderos, baldíos y terrenos comunales, para que los ganados pudieran libremente circular.

La Mesta era así un auténtico «Estado dentro del Estado». También la monarquía de los Habsburgo dio muchos decretos favoreciendo la Mesta, y en el siglo XVI la cabaña nacional ascendía a casi tres millones de cabezas de ganado bovino, de las que casi la tercera parte estaban censadas en tierras de Molina. La política de los Borbones fue paulatinamente frenando al poderío de los Jueces y Alcaldes Entregadores de la Mesta, y restando fuerza a esta institución, quitando sus privilegios. Finalmente, las Cortes de Cádiz, y la activa política de Jovellanos, pusieron fin a esta oligarquía descarada de la que puede decirse que en gran modo frenó el desarrollo de la agricultura y la industria en España.

Los caminos por donde discurrían, España arriba, España abajo, los hatos y rebaños de ovejas en siglos pretéritos, recibían diversos nombres en función de su anchura e importancia. Estos caminos eran, de todos modos, respetados de forma general, habiendo duras penas para quienes los entorpeciera. Uno de esos caminos, el más principal, era la Cañada, paso entre zonas cultivadas, huertas, viñedos o labrantíos, con una anchura legal de 6 sogas y 5 palmos (unas 90 varas). Exactamente 75 metros. La vereda tenía 37 metros. La galiana era algo más estrecha, unos 20 metros de anchura, y finalmente quedaban los caminos más estrechos, los cordeles, las sendas, etc.

En Castilla había cuatro principales cañadas: al Oeste, las leonesas; la Central, ó segoviana; la del Este, manchega, y al Sur, la de Cuenca. De estas cañadas, como hemos dicho, salían ramificaciones: veredas o cordeles. Las cañadas de hoja eran estacionales, atravesando barbechos, y respetando en tiempo de siembra los territorios dedicados a la agricultura. Estos  caminos eran vigilados y cuidados por los entregadores (jueces entregadores) que eran funcionarios judiciales protectores de la Mesta.

Las ciudades de reunión de las cuatro cabañas de la Mesta eran: León, Segovia, Soria y Cuenca, y las ciudades donde se realizaban las juntas invernales eran: Villanueva de la Serena, Guadalupe, Talavera, Ayllón, Riaza, Buitrago, Medina del Campo, Berlanga, y Sigüenza.

Se llamaba Cabaña Real al conjunto de ganados bajo la protección real. La cabaña de un particular era el conjunto de reses ovinas, caballar, vacuno, equino y porcino de un propietario, grupo de propietarios o municipios. Cada cabaña tenía a su mando un mayoral, y se dividía en rebaños, o grey (así era llamada en el Fuero molinés), de unas mil cabezas cada uno. Los rebaños más pequeños se llamaban mesnadas, hato o pastorías. Cada uno llevaba 50 murecos y 25 cencerrados, que estaban a cargo de un pastor y 4 zagales.

Es interesante recordar aquí el recorrido de la Cañada Real a través de la actual provincia de Guadalajara. Se iniciaba en el término de Torrecilla del Ducado, y terminaba en el de Almoguera por el sur. Entre ambas cruzaba por Olmedillas, Torre de Valdealmendras, Alboreca, Alcuneza, Barbatona, La Cabrera, Algora, Mirabueno, Las Inviernas, Masegoso, Solanillos del Extremo, La Olmeda, Henche, Castilmimbre, Picazo, Budia, San Andrés del Rey, Berninches, Fuentelencina, Valdeconcha, Hueva, Pastrana, Escopete, Escariche, Yebra, El Pozo de Almoguera, Fuentenovilla, Albares, Mondéjar, Mazuecos, Driebes y Almoguera, discurriendo en todos estos términos a través de los prados, cañadas, fuentes, majadas, bosquedales y términos más característicos, por donde los ganados mestales pasaban en su anual peregrinación desde los fríos pastizales de la alta Castilla hacia los templados horizontes de las sierras de Cazorla y valle de Alcudia.

De todos esos lugares, algunos había en los que habitualmente se detenían los ganados y pastores a descansar, o eran utilizados como puntos de referencia para enviarse cartas, etc. Generalmente eran ermitas, torres abandonadas, o amplios espacios en forma de prados en los que cabían cómodamente los grandes rebaños. En las cercanías de Sigüenza era la ermita de Santa Librada el punto de reunión. Allí estaba, en los altos de Pelegrina, en el llamado «cerro de la Santa», el descansadero de la Cañada Real Soriana. La Cañada real pasaba cerca de la ciudad, y por el interior de ésta cruzaba una «vereda de ganados», por delante de la ermita de San Roque. Todavía hoy el ministerio de Agricultura posee cientos de hectáreas en todo el término de Sigüenza, herencia directa de las posesiones de la Mesta. En la próxima semana continuaremos recordando detalles, relativos en esa ocasión al Señorío de Molina, sobre la Mesta y sus Cañadas por nuestra tierra.

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