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Algunos datos para la historia de la Casa Ayuntamiento de Guadalajara

 

Desde hace muchos siglos, la actual Plaza Mayor de Guadalajara ha sido presidida por el edificio del Concejo o Ayunta­miento, en el mismo lugar que hoy ocupa. De su antigua planta y aspecto apenas conocemos datos. Existen referencias sobre su estructu­ra, que en el siglo XVI constaba de una planta baja con arcos y soportales, una planta alta, y sendas torres a los extremos, para las campanas y el reloj. Su construcción era de ladrillo y piedra caliza de la Alcarria. Sus detalles ornamentales, desconocidos, podemos imagi­narlos en el contexto mudéjar de la ciudad toda.

Las reuniones del Concejo de la ciudad se hacían, desde la Edad Media, en el atrio porticado de la iglesia de San Gil. Pasa­ron, ya en el siglo XV, a alternar este lugar por el corral, o atrio, de la ermita de Santo Domingo, situada en el ángulo noroeste de la Plaza Mayor, y ya posteriormente en los salones o cámaras del edificio del Concejo. La amplia plaza que existía delante, cerrada por grandes arcos de piedra hacia las calles que de ella irradiaban (Mayor alta, Mayor baja, cuesta de la Carbonería o del Reloj, y calle del arco como paso a San Gil) servia en ocasiones para la celebración de fiestas, juegos de cucañas, bailes y otras manifestaciones populares. En 1560, cuando Felipe II caso en nuestra ciudad con Isabel de Valois, el Conce­jo salio a recibir a los reales novios en esta plaza mayor, delante del Ayuntamiento, y allí les festejaron ricamente.

Voy a dar en esta ocasión algunas noticias documentales referentes a las reformas que el Concejo de Guadalajara inicio a finales del siglo XVI en su edificio de Ayuntamiento, con objeto de adecentarle, transformar su estructura y añadirle otras dependencias de uso comunitario. Dichas reformas fueron alentadas por el Corregidor de la Ciudad y su Tierra, el licenciado castellano D. Jerónimo Casti­llo de Bobadilla, de quien no hace mucho hacíamos memoria en este mismo “Glosario”.

Los datos que hemos obtenido son todavía escasos, pero adelantan el conocimiento concreto de algunos detalles que indican la transformación importante a que fue sometida la casa‑ayuntamiento de Guadalajara. Esperamos que la aparición de nuevos documentos venga a aclarar y completar este tema.

Parece indudable que se reformo la fachada principal a la plaza, transformando sus grande y pesadas arcadas de ladrillo, de arcos quizás apuntados, en abierta porticada arquitrabada, con colum­nas de piedra y capiteles renacientes, en el estilo alcarreño de lo que durante el siglo XVI tanto se llevo en la ciudad. En 24 de mayo de 1583, el cantero Martín de Artiaga, vecino de Guadalajara, se compro­mete a trasladar dos columnas de piedra que el Concejo haía comprado y que estaban adosadas a la torre de la iglesia de San Gines, cortándolas a la medida precisa y ajustándolas en la casa‑ayuntamiento, tallando para ellas las correspondientes basas y capiteles de moldura toscana.

Dice así el documento:  En la ciudad de Guadalajara a veynte e cuatro dias del mes de mayo de mille quinientos e ochenta y tres anos por ante mi el presente escrivano e testigos yuso escriptos parescio presente martin de artyaga cantero vezino desta ciudad e dixo que por quanto esta ciudad de guadalaxara a comprado dos postes de piedra grandes de la yglesia del Sr. Sant Gines que estan pegados a la torre de la dicha yglesia para la obra que se haze en las casas del ayuntamiento desta ciudad que se obligava y obligo de traer los dichos postes a la dicha casa desta ciudad y los dara asentados en la parte y lugar donde an de estar en perficion y pondra en ellos y en cada uno dellos una basa y un capitel que tenga de ancho cada basa y capitel una bara segun lo que fuere necesario conforme al grueso de los pi­lares la qual basa y capitel a de llevar una moldura toscana y si fuere menester cortar los dichos pilares los cortara y lo que cortare dexara en una pieza y lo que sobrare ha de ser para la ciudad de manera que como dicho es los dichos pilares se traygan y asienten con basas y capiteles a su costa y perficion esto porque se ha de dar por todo ello doze ducados y cinco hombres que le ayuden a traer los dichos plares el dia que los truxere los quales cinco hombres a de pagar la dicha ciudad y para en principio y pago recibe de presente seys ducados de que se dio por contento…

En 32 de mayo de 1583, el artesano campanero de Torija, Sebastián de Arnero, se obligaba a hacer una campana para poner en las casas del ayuntamiento de est2a ciudad por precio de seis ducados y con varias curiosas condiciones, algunas de ellas de este tenor: ‑una campana de ciento e quinze libras de metal campanil muy bueno y que no lleve fruscera cada libra a precio de dos reales y un quartillo ‑ytem a de ser de muy buen sonido baciada por ygual y que tenga muy buen talle desquilon a contento del Sr. Corregidor  ‑ytem que la da por segura por tiempo de un ano de manera que no se quebrara por su cuerpo ni por estar mal fundida  ‑ytem que la a de dar fundida y puesta en esta ciudad de Guadalajara en mediado deste presente mes de mayo de quinientos e ochenta e tres.

Por mandado del Corregidor Castillo de Bobadilla, se inicio al mismo tiempo la erección de la casa de la Justicia, aneja al Ayuntamiento. Para ella se comprometieron, en 19 de mayo de 1583, a traer yeso desde Iriépal los vecinos de este pueblo Andrés de Mateo, Hernando de la Parra y Alonso de Quer, y, en la misma fecha, los vecinos de Taracena Juan de las Heras y Pedro Solano, se comprometían a traer de sus tejares todo el ladrillo que fuera menester para construir las Casas de la Justicia, siendo el ladrillo bueno, bien cocido y de la marca de la ciudad. El maestro encargado de estas obras fue Melchor de Oro.

Todavía en 1584 continuaban estas obras de reforma y ampliación, terminando de adecentar la carcel desta ciudad que figura­ba como dependencia concejil. Para ella se comprometían a hacer ladri­llos los ya citados vecinos de Taracena Pedro Solano y Juan de las Heras. Son estos algunos datos que nos demuestran como en el discurrir de los siglos se han ido transformando y mejorando los edificios públicos de nuestra ciudad, y como el paso del licenciado y escritor político del Siglo de Oro, D. Jerónimo Castillo de Bobadilla fue beneficioso para la ciudad de Guadalajara y sus obras públicas.

 Fuentes Documentales

Archivo Histórico Provincial, Palacio del Infantado, Guadalajara. Protocolo 152, sin foliar.

Escribano: Gaspar Hurtado. Varios folios.

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