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El castillo de Anguix

 

Junto a un pequeño arroyo, que baja desde la cercana meseta y altos alcarreños, hacia el cercano foso del Tajo, encontramos este pequeño caserío, compuesto de una breve serie de edificaciones modernas, a ambos lados de la carretera que va de Sacedón a Zorita. Su término está ocupado de pinares y tierras roturadas para cereal. Lo más interesante en cuanto a paisaje es la arilla del río Tajo, formada por violentas escarpaduras y acantilados entre los que se apiña densa vegetación de pinar y otras muchas especies aromáticas y de monte bajo. EL río a su paso por el término de Anguix constituye uno de los grandes espectáculos paisajísticos de la provincia de Guadalajara, avalorado aún por la estampa bellísima del castillo roquero que se alza en una alta eminencia sobre la orilla del cauce del Tajo.

Fue siempre muy codiciada esta breve tierra de Anguix no por lo más o menos productivo de su terreno, sino por lo que de valor estratégico y determinante de poder territorial suponía la posesión de un enriscado castillo junto al río. El término o heredad de Anguix pasó durante la Edad Media por los avatares históricos que ahora veremos al hablar de su castillo. En el siglo XV vino a manos de don Iñigo López de Mendoza, primer conde de Tendilla, y en la casa de éste, luego marqueses de Mondéjar, continuó hasta el siglo XIX en que (1847) lo adquiere por compra D. Justo Hernández, vecino de Brihuega. Actualmente posee esta finca una conocida familia mondejana. Nada queda en ella de lo antiguo, no, una posada y la iglesia, que fue declarada parroquia por el arzobispo toledano Sr. Lorenzana.

Lo interesante de Anguix es el castillo, bastante bien conservado. Se erige sobre alto peñasco que domina gran extensión del recorrido del río Tajo, con un paisaje maravilloso en su derredor. Consta de un recinto amurallado, con los muros caídos en algunas porciones, y torreones cilíndricos esquineros.

Por una puerta de arco rebajado, obra del siglo XV, se penetra en el patio de armas, en cuyo centro subsiste el aljibe. Al mediodía, se levanta la airosa torre del homenaje, cuya planta baja sirve hoy de guarda de ganado, y las plantas superiores, con sus ventanales, permiten la vista magnífica del río desde su altura. Puede subirse a ellas a través de una escalera de caracol incluida en uno de los garitones esquineros, que se apoyan en repisas molduradas a la altura del primer piso.

Aunque su construcción data del siglo XII, lo que hoy se contempla es obra del siglo XIV o aún posterior.

La historia de este castillo de medieval estampa, no encierra hazañas guerreras notables, pues su estratégica posición sobre el Tajo, no se corresponde con una postura de control de caminos o comarcas que le diera llave de algún paso o contorno importante. Su relación de avatares, que son los mismos que los del término en derredor, con el caserío junto al camino y los montes circundantes, se limita a registrar el paso de propiedad de unos a otros personajes e instituciones durante toda la Edad Media.

Alfonso VII lo donó al caballero toledano Martín Ordóñez, quien llegó a poseer amplias propiedades en la parte baja o meridional de la Alcarria (Almonacid, Vallaga, Aldovera, Anguix, etc.) Se hizo dueño de este terreno en 1136, y por entonces se levantó el primitivo castillo. Su viuda, Sancha Martínez, en 1174 entregó la fortaleza a la poderosa Orden militar de Calatrava cuya encomienda de Zorita extendía por el Tajo y sus afluentes fuerte influencia. Pero luego en el siglo XIV encontramos que Anguix es otra vez de propiedad real, y se incluye jurisdiccionalmente en el Concejo y Común de Huete. Alfonso XI se lo regala a su fiel caballero, el montero Alfón Martínez, y su hijo Lope López, al casar con una Carrillo, lo transmite a esta familia de poderosos y revoltosos nobles, vecinos de Huete. Así, a lo largo del siglo XV lo vemos en la posesión de Juan Carrillo y de su hermano Luís. En 1464 lo toma para sí el rey Enrique IV, posiblemente por compra. Pero en 1477 se lo entrega a su camarero mayor, Lope Vázquez de Acuña, también de la familia de los Carrillo, y muy heredado por las riberas del Tajo. Finalmente, éste lo vendió, en 1484 al primer Conde de Tendilla don Iñigo López de Mendoza, y en la casa de éste, luego marqueses de Mondéjar, continuó en pacífica posesión durante casi cinco siglos completos.

La excursión de hoy puede hacerse cómodamente hasta Anguix, desde la carretera de Cuenca, que pasado Auñón muestra una desviación hacia el sur, en dirección Pastrana, y a medio camino está Anguix, o bien yendo a Pastrana, bajando el Arlés hasta la Pangía, y allí tomar la desviación hacia Entrepeñas, viendo Anguix poco después de pasar junto a Sayatón. En cualquier caso, desde el caserío hasta el castillo es preciso ir andando, pues la propiedad no permite la entrada de vehículos a la finca. Pero en un día de primavera ese recorrido se hace cómodamente y sirve para oxigenarse. No se olvidará fácilmente la experiencia.

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