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El castillo de Beleña

 

El lugar de Beleña del Sorbe, más conocido por la interesante portada románica de su parroquia, posee en lo más alto de su entorno un ruinoso resto de lo que fué magnífico castillo, hoy ya dedo en alimento a la implacable máquina del tiempo. Tan sólo unos inestables paredones aspillerados, y algún que otro resto del recinto amurallado es cuanto queda de aquella fortaleza que, asomada al pintoresco río Sorbe, vio desfilar por el lugar dos civilizaciones; nacer y morir Estados; pasar, en definitiva, la variada feria de los días.

A esas piedras, pegada ha quedado un retazo de la historia de Guadalajara. Una sucesión de peleas, de matrimonios, de herencias y traiciones que han venido a forjar su legendaria palabra ahora velada en su aislamiento. Las historias, siempre atrayentes y cuajadas de hechos guerreros, de nuestros castillos alcarreños, son poco conocidas, aunque muy bien estudiadas por el Dr. Layna Serrano. El devenir de este derrumbado castillo de, Beleña es, si cabe, menos conocido todavía. Y de sus comienzos en la historia ha existido hasta ahora un vacío casi total, que le. hacía nacer de entre unas nubes de conjeturas (1). Hemos encontrado, sin embargo, unos .documentos de gran interés que permiten dar fechas y nombres para sus comienzos y primeros pasos en la historia.

El castillo fue levantado, sin duda alguna, por los árabes, du­rante los 350 años aproximadamente que poseyeron la zona. El documento aportado más adelante así lo da a entender. Fue Fernando I de León quien seguramente alcanzó el primero este enclave, hacia el año 1059 (2), y posteriormente su sucesor Alfonso VI la tomó para la corona castellana, de una manera definitiva, cuando en 1085 reconquistó los importantes enclaves de Toledo y Guadalajara. Como todo lo conquistado a la morisma, pasé el término de Beleña al poder directo del rey, quien luego decidía entregar a sus vasallos, fieles y colaboradores, estos terrenos para su repoblación y defensa. Durante casi un centenar de años permaneció Beleña y su castillo en poder de los monarcas castellanos, y es en 1170 cuando se inicia su andadura particular.

Fue el 5 de enero de este año, estando en Almazán, cuando el rey Alfonso VIII hizo carta de donación de la «villa llamada Beleña, con su castillo», a su dilecto vasallo y militar Martín González, que le había servido en múltiples ocasiones, y había demostrado su devoción y fidelidad (3). Además de la villa, y el castillo, el rey dona a don Martín las, aldeíllas dependientes de Beleña, que no se nombran en el documento, además de tierras, viñas, molinos, huertos, defensas, pesca, montes, fuentes, etcétera, para que la posea perpetuamente y lo dé en herencia a sus sucesores. Entre los numerosos nobles y prelados que confirman la donación, aparece don Joscelmo, obispo de Sigüenza a la sazón.

Existe aún otro documento de gran interés para la primitiva historia de Beleña. Prácticamente desconocido (4). Se trata de la confirmación del anterior, dado por Alfonso VIII en Toledo, a 12 de mayo de 1182, en el que el rey concede «cartam donationis, concesionis et stabilitatis» a Martín González, a su esposa doña María, y a sus hijos e hijas, de las villas de Beleña y Montarrón, y de la villa nueva (de repoblación) llamada de Minaya. Junto a la renovación de sus derechos sobre ellas, se añade la donación de diversas heredades en Sepúlveda y Peñafiel. Como obispo de Sigüenza aparece don Arderico.

Parece ser que Ruy Martínez era hijo, de estos primeros señores de Beleña, y de su matrimonio con doña Urraca nació doña Sandra Ruiz, tercera señora de Beleña, que casó con Pedro Meléndez Valdés, naciendo de este matrimonio don Melén Pérez Valdés, considerado por el Dr. Layna y D. Juan Catalina, García como segundo señor de la villa y castillo, siendo en realidad el cuarto personaje que gozó de tal título. En esta familia continuó Beleña hasta el siglo XV, en que pasé a los Mendoza de una manera un tanto irregular, surgiendo en el siglo XVII un ruidoso y casi interminable «pleito, de Beleña», del que todos los archivos están pletóricos de aburrida y monótona documentación, suscitado por un descendiente de la familia Meléndez Valdés.

Han querido ser estas líneas sencillo engarce para dar a conocer estos dos documentos, que vienen a aclarar el comienzo del dominio cristiano y feudal, del histórico castillo de Beleña, hoy en un lastimoso estado de ruina y abandono, que muestra lo insensibles que fueron nuestros antepasados a la hora de valorar y amar como se merecen los restos y documentos vivos de su historia. Cuando las tornas y los conceptos han cambiado, el reloj de los cuidados hacia nuestro pasado histórico‑artistico hacía mucho que había dado las campanadas de media noche.

(1) F. Layna Serrano, Castillos de Guadalajara, 3ª, edición. Madrid 1962, pág. 126. Dice que

“asegurada la conquista de la re­gión luego de la toma de Toledo, la oscuridad más completa reina sobre la historia del castillo de Beleña, cuyo primer señor parece ser un Martín Fernández…”  Ahora veremos que esto no es cierto.

(2) En esa fecha llegó hasta los lugares de Riba de Santiuste, Santamera y Huérmeces, según se desprende de la «Historia de España», del arzobispo don Rodrigo Ximénez de Rada.

(3) Se conserva copia de este documento en el nº 8 de la Colección Velázquez, de la Real Academia de la Historia, tomado del folio 64 del libro‑becerro del monasterio de Arlanza. La cita el padre Luciano Serrano, en nota de pág. 229 de su «Cartulario de Arlanza», y copia íntegramente Julio González en “El Reino de Castina en la época de Alfonso VIII”, Madrid 190, tomo II, páginas 222-224.

(4) Se conserva una copia de la misma época en el Monasterio de las Huelgas, en Burgos, legajo 5, nº 147. Lo publica Julio González, op. cit., tomo páginas 674‑676.

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