Curiosidades de algunos cementerios de la provincia

Curiosidades de algunos cementerios de la provincia

viernes, 23 octubre 2026 0 Por Herrera Casado

Como un recuerdo, así en general, a los muertos de todos y cada uno de nosotros, estos días se celebran esos memoriales bajo el título de “Todos los Santos” o “Día de los Difuntos”. Los muertos a los que recordamos, siguen vivos gracias a ese recuerdo. Y por mirar esos cementerios, esos memoriales en piedra e hierro, quiero recordar algunas tumbas especiales que he visto por nuestra provincia.

Cementerio de Tendilla

Situado al mediodía del pueblo, en la alto de la cuesta que sube hacia donde estuvo el viejo castillo, y hoy monumento al Sagrado Corazón.  Destaca en primer lugar el gran panteón, de estilo ecléctico románico, de los Díaz de Yela. Dice así, en el tímpano de la semicircular entrada: “La Excmª Sra. Dª Encarnación Díaz de Yela viuda del Excmº Sr. D. Cosme Barrio Ayuso / edificó esta capilla para depositar los restos de sus antepasados, / trasladados de su antiguo panteón, y la regaló a esta villa, / como prueba de cariño, por ser su pueblo natal. / Año de 1899”. Doña Encarnación había nacido en Tendilla en 1830.

Se ven en este cementerio de Tendilla las tumbas de D. Pablo López Cortijo, “farmacéutico que fue de esta villa” (+1899) y de D. José Luis García de Paz, Cronista oficial de la Villa (+2013).

Cementerio de Marchamalo

En torno a la ermita de la Soledad, alejado del pueblo en dirección Este, se agrupa este cementerio municipal en el que se ven algunos mausoleos, antiguos, del siglo XIX y principios del XX, con estimables tallas. Como ejerciendo de núcleo de este espacio, se alza en su centro el gran mausoleo de los Villapecellín (acaudalada familia originaria de Alba de Tormes). Es una edificación cúbica ensanchada, con una portada en cuyo dintel se ve inscrita la leyenda “Propiedad de los Sres. Villapecellín”, y esta se ve escoltada por dos enormes ángeles oferentes, guardianes de almas, y acompañantes a la región de ultratumba.

Cementerio de Sigüenza

En un lugar sin duda hermoso, como es el pinar de en torno a Sigüenza por el levante, el cementerio se rodea de una cuidada tapia de argamasa y se accede a través de una puerta de reja negra escoltada por dos columnas rematadas con símbolos religiosos. Al final del pasillo central se halla una capilla para oficiar responsos. Diversas personalidades se encuentran en él sepultadas, pero personalmente destaco a quien fuera cronista oficial de la ciudad de Sigüenza, y su alcalde una época, doctor don Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo (+2013), y al artista don Francisco López Martínez de Santa Cruz, quien a pesar de vivir por mil sitios, aquí había nacido, y aquí pidió ser enterrado (en 1957), haciéndolo la familia en un mausoleo especial, que hoy admiran los visitantes, en el que sobre la cabecera de la sepultura se alza una columna y el conjunto se rodea por una reja de hierro en la que aparecen forjadas numerosas cápsulas de adormidera, en una decoración muy original y poco vista.

Más humilde, pero cargada de emoción para cuantos admiraron su arte, es la tumba del pintor Fermín Santos Alcalde (+1997) quien aquí reposa, junto a sus hijos, también pintores, Raúl y Antonio.

En Sigüenza se ven otros espacios de enterramientos. Pues aparte de la catedral, con sus mausoleos, altares y lápidas, que ya hemos estudiado en este libro, también existe un recóndito lugar, adherido a la catedral por su costado de levante, que es el Cementerio de los Canónigos, con sencillas tumbas de personalidades desde hace siglos.

Cementerio de Brihuega

Incluido ahora en la ”Red Europea de Cementerios Históricos”, es este de Brihuega uno de los más curiosos cementerios municipales de la provincia, dado que se instaló en el claustro central, y en el albácar oriental, del castillo episcopal de la Piedra Bermeja, oteando el valle del Tajuña. Se habilitaron esos espacios en 1834, a consecuencia de una epidemia de cólera morbo, pasando a manos municipales en 1835 en la Desamortización de Mendizábal y siendo inaugurado en 1838. En la capilla general de ese viejo cementerio vemos el hueco reservado a don Antonio Serrada (+1850), por contribuir a su construcción. Se amplió con el espacio del albácar, ya con cipreses entre las tumbas, en 1881. En las capillas que fueron espacios medievales, de estilo gótico, en el claustro central de la fortaleza, se localizan algunas de las personalidades más ilustres de la historia briocense. Si en el espacio central denominado Capilla General aparecen los primeros enterrados, en la de la izquierda está sepultado don Justo Hernández Pareja, propietario que fue de la antigua Fábrica de Paños, y constructor de sus románticos jardines. En la de la derecha está don Ángel Pérez Ballestero y familia, fundadores de la fábrica de chocolates, de harinas y tiendas diversas. Distribuidos por el amplio albácar encontramos los postreros hogares de personalidades como don Pedro Marlasca Riaza, creador de la Banda Municipal de Música; don Jesús Ruiz Pastor, constructor y mecenas del siglo XX, constructor de la actual Plaza de Toros “La Muralla”; don Valeriano Herrera, que aportó la mayor colección de imágenes y un legado fotográfico sobre la villa, destacando la tumba del profesor Max, don Juan Elegido Millán (+1975) conocido artista que montó el Museo de Miniaturas más famoso de Europa, y que finalmente, tras deambular por medio mundo, legó a su villa natal, donde aún hoy puede admirarse. De la época romántica es el grupo de sepulturas familiares, con tallas notables y rodeado de verja, de don Luis del Río y familia, que añaden desgastados escudos de armas, todo ello de 1885. Y aún cabe recordar a través de su tumba, puesta en 2007 a don Antonio Pareja Serrada, cronista provincial e historiador de la villa, cuyos restos fueron trasladados, tal cual había sido su deseo, desde la Almudena de Madrid a Brihuega.