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enero 30th, 2021:

Memoria de los celtíberos en Padilla del Ducado

padilla del ducado

Con motivo de la aparición, en estos días, de un nuevo libro de temática local, concretamente referido a la historia, la geografía y el patrimonio de Padilla del Ducado, mínimo y entrañable lugar de nuestra serranía, voy a tocar algunos temas que atañen, en general a ciertos aspectos del cuidado y la salvaguarda de nuestro patrimonio cultural, para que sean tenidos en cuenta.

En estos tiempos en los que tanto preocupa, y con razón, la progresiva despoblación de algunas áreas del interior de España, después de decenios de estimular la vida en las grandes ciudades, y el desprecio a la cultura local, teniéndola por caduca y obsoleta, supone una alegría ver cómo aún hay gente que se preocupa de rescatar la memoria de esos lugares que, sin apenas habitantes, pugnan todavía por mantener viva su memoria, cuando no su vida y su voz.

Hace años, y en estas mismas páginas, surgió la noticia, que el libro de Juan Martínez recoge con pormenor. La iglesia de Padilla del Ducado, por abandono en sus cuidados, habíase derrumbado en parte, quedando tan solo sus cuatro paredes. El pueblo, casi vacío de gentes, apenas fue escuchado en sus lamentos. Alguien se llegó al Obispado de Sigüenza, por ver si le vendían los restos del templo, porque al menos de su portada covarrubiesca se podría sacar algún beneficio. Y la venta se consumó. Por lo cual me atreví a lanzar aquí (véase el periódico “Nueva Alcarria” de 10 febrero 1973) una protesta de tal atentado, que vino a servir para que el tema se parase, la reconstrucción del templo se iniciara, y hoy todos contentos pueden verlo en un estado de normalidad y uso.

Los Ancerales

De los múltiples lugares que nos dejó la huella celtibérica en la Serranía del Ducado, uno de los menos conocidos es la Necrópolis de “Los Ancerales”, entre Hortezuela de Océn y Padilla del Ducado. A principios del siglo XX, en tarea personal y apasionada, don Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, anduvo excavando las tierras norteñas de la provincia de Guadalajara, a la búsqueda de huellas del pueblo celtíbero. Una tarea inteligente, costosa, y altruista, que nos dejó descubrimientos sin fin, muchos hallazgos, y un dibujo perfecto del territorio en los cinco siglos anteriores a nuestra Era, por aquellos altos.

Preguntaba el marqués a curas, maestros y gente del campo, si habían encontrado en sus paseos y tareas agrícolas algunas piedras curiosas, o si habían encontrado “pucheros” enterrados, o cosas que les hubieran llamado la atención. De sus estudios, excavaciones, y hallazgos, todo fue entregado al Museo Arqueológico Nacional, según mandaba la ley de entonces. Pero casi todo fue guardado en bolsas de papel, con las anotaciones y fotografías hechas por el marqués. Y allí siguen. Este es un tema que trataré una y cien veces, sin conseguir que alguien se tome en serio su recuperación, y con ellas el montaje de un Museo Nacional de la Celtiberia, que en Guadalajara tendría mucho sentido. No están, en todo caso, los tiempos para crear museos arqueológicos.

De los lugares visitados, estudiados y excavados por Aguilera, destacan Sigüenza, Anguita, Aguilar de Anguita, Luzaga y Hortezuela de Océn. Menos conocido es su interés y estancia en Padilla del Ducado, donde también excavó y encontró huellas de la época celtíbera. De todo lo hallado, quizás lo más interesante fuera “el bronce de Luzaga”, hoy desaparecido, que con 123 signos venía a sellar un pacto entre pueblos y tribus de la Celtiberia, en el primer siglo antes de Cristo, entre los habitantes de Lutia (la actual Luzaga) y los arecoraticubos y ticesebos.

En término de Hortezuela, lindando con Padilla, se excavó entonces la necrópolis de “Los Ancerales” que supuso el hallazgo de numerosas y valiosas piezas de ajuares celtíberos. Allí se hizo el marqués de Cerralbo algunas fotos, con gentes del lugar, y con el fondo del pueblo e iglesia de Padilla. Las publica ahora Juan Martínez en su nuevo libro sobre Padilla del Ducado, lamentando que por la falta de organización (de entonces, y de ahora) los restos encontrados en aquel lugar sean casi inidentificables. El dato más curioso a ese respecto, es la serie de documentos que en el archivo del Museo Cerralbo ha encontrado este autor, respecto a las tareas de estudios del marqués en aquel término municipal. En 1917, don Julián Moreno, cura de Villarejo de Medina, escribía al marqués esta carta, que abrevio: “No he podido hacer otras exploraciones, pero si V.E. después de examinar lo que le remito comprende que debe continuarse, para septiembre podría darse principio a las excavaciones en ese sitio y a la vez hacer otras calicatas tanto en dicho Padilla como en el término de este de Villarejo. D. Rafael me entregó 25 pesetas para pago de los jornales y también me dice que comunique a V. E. el sitio donde se encuentra la Necrópolis y es el siguiente: Una tierra de labor en el sitio que llaman Rochos de Cubillas, término de Padilla del Ducado, propiedad de Roque Igualador, linda por el norte con tierra de herederos de Román Martínez, al este con el rio de Cubillas, sur liego y al oeste con término de Hortezuela de Océn. Dista proximadamente tres kilómetros del pueblo y unos 100 metros de la carretera de Alcolea del Pinar a Canales del Ducado. Me alegaré muy mucho que lo que le remito llene los deseos de V.E. y le sirva para continuar sus estudios arqueológicos…

De todo ello nos habla ampliamente Juan Martínez en su libro sobre Padilla, que -vuelvo a insistir- es modélico en el trato de la historia, el patrimonio y las costumbres de un pueblo. Libros y tareas como esta deberían ser premiadas, alentadas y apoyadas. De momento, las aplaudimos. 

El libro y su autor

Revelador y entrañable, este libro estupendo nos devuelve la memoria completa de un pequeño lugar de la Sierra del Ducado. Me parece paradigmático del momento y las intenciones: recuperar historias, analizar pasados, recoger anécdotas, historias documentales, datos de elementos patrimoniales que fueron, costumbres de quienes dejaron a sus descendientes colocados por las grandes ciudades, pero alentando en sus corazones el cariño por su esencia, por su raíz, por sus ancestros.

El autor se ha empeñado durante años en recoger todo cuanto pudiera quedar memorizado en libros, documentos, periódicos y relatos vivos. La estructura de la obra está muy en la línea de los libros que forman (ya son 116) la Colección “Tierra de Guadalajara”. Empieza por una recopilación de datos geográficos, geológicos, meteorológicos y toponímicos. 

Sigue el gran capítulo de la historia, en el que Padilla descuella especialmente en lo arqueológico, porque su valle y sus roquedos fueron habitación de unas densas poblaciones de gentes celtíberas. Pero desde ellos hasta la Edad Media, y desde los tiempos modernos con sus monarcas, sus desamortizaciones y sus guerras napoleónicas y carlistas hasta casi lo contemporáneo, con la Guerra Civil, el franquismo y los tiempos de la Democracia, surgen curiosos elementos que centran perfectamente la forma de vida en este lugar.

Aparece luego un capítulo (el más largo y denso de noticias) que el autor titula “La vida en el pueblo” en el que está por menudo buscado y encontrado lo relativo a los médicos, los curas, los maestros, los alcaldes, los pinares, las fiestas, (también los crímenes, los amores, las peleas y las paces de unos con otros). Qué gran retablo, vivo y parlante, de la vida en Padilla durante un siglo. Es un capítulo grande y paradigmático, que nos da sorpresas en cada línea.

Otro final estudio del patrimonio viene a demostrar que si no muchas cosas lo conforman, sí son queridas, interesantes, y reveladoras de artistas antiguos, de modos perennes de convivencia, de esencias de una raza. Por eso circula en este capítulo todo lo relativo a la iglesia, su portada, sus campanas, y la ermita e imagen medieval de Nuestra Señora de la Cañada.

Tras unos listados entrañables con los nombres de los alcaldes, los curas, los secretarios y los maestros de Padilla, aún el autor aprovecha a darnos con alfabético orden muchas palabras y frases locales que trascienden de lo cotidiano a lo universal, y nos llena las alforjas, sin amolarnos, de bureos y chifles emocionantes.

Los datos bibliográficos del libro son: Juan Martínez Martínez: “Padilla del Ducado. Historias y Memorias”. Aache Ediciones. Colección “Tierra de Guadalajara” nº 116. Guadalajara, 2021. 236 páginas. ISBN 978-84-18131-29-5. PVP.: 20 Euros.

El autor es Juan Martínez Martínez (Padilla del Ducado, 1961) quien estudió Derecho en la Universidad Complutense, y ejerce como funcionario de la Administración General de la Comunidad de Madrid, donde ha ocupado varios puestos relacionados con los presupuestos y la contratación pública. Ha colaborado con artículos en libros y revistas especializadas de ambas materias. El amor a las raíces y su afición al pueblo le han encaminado a este libro, en el que demuestra sus indudables dotes como historiador de lo local, acertando plenamente en la estructura del libro, sus objetivos, y sus logros.