Los Escritos de Herrera Casado Rotating Header Image

octubre 14th, 2016:

La catedral de Sigüenza, vivero de artistas

Pulpito de Mendoza en la catedral de Sigüenza

Púlpito de Mendoza en la Catedral de Sigüenza

Nombres como los de Rodrigo de Holanda, Mateo Alemán, Juan Francés o Jorge Inglés, aparecen entre los artistas que en una u otra materia (cristaleros, tallistas, rejeros o pintores) trabajaron en la catedral de Sigüenza. Ese es un mínimo dato que nos orienta hacia la internacionalización de los intervinientes en su construcción. Pero analizamos de qué partes de España venían los demás, nos daremos cuenta de que esta catedral fue hecha por las manos de gentes de muy diferentes procedencias.

No sólo mecenas, sino también arquitectos, diseñadores y artistas precisó la catedral de Sigüenza para completar, a lo largo de los siglos, su definitiva estampa. Recordaremos aquí, en forzado resumen, algunos de los más relevantes, aunque es obligado decir que fueron legión quienes la hicieron posible, y más numerosos aquéllos de los que no ha quedado ni siquiera el nombre que éstos de los que tenemos concretas referencias.

En los siglos medievales, en los que el cuerpo del templo adquiere su forma y medida finales, muchos maestros pasan y desaparecen. Desde el tracista inicial, a los jefes de taller, arquitectos, canteros, maestros de obras, etc., muchos de ellos venidos de Aquitania y el Languedoc, nadie dejó impreso su nombre en los documentos. Solamente en 1318 encontramos referencia a un Johan Dominguez que actúa como maestro de obra.

Ya en los inicios del Renacimiento comienzan a encontrarse nombres propios. Y así tenemos el del maestro Rodrigo Alemán, plenamente gótico, que entre 1488 y 1492 trabaja en Sigüenza tallando las primeras sillas del Coro y muy posiblemente el púlpito de la Epístola. Este artista, de clara formación centroeuropea, fue autor poco después, a partir de 1492, de la sillería baja del Coro catedralicio de Toledo, y aún de las sillerías de Ciudad Rodrigo y Plasencia.

Otro de los artistas señeros que dejaron su impronta en el templo seguntino fue el toledano Alonso de Covarrubias, que aquí trabajó desde 1515 (en la capilla de los Zayas), haciendo en 1517 un balaustre de una pila, y algunas tallas (hay quien dice que fue el autor de las trazas) para el retablo de Santa Librada. A partir de 1532 hizo el proyecto y dirigió durante dos años el inicio de las obras de la Sacristía Mayor o Sacristía de las Cabezas. Todavía en 1569 el Cabildo pedía a Alonso de Covarrubias, por quien sentía admiración, que viniera a la ciudad a diseñar y dirigir las obras de la girola.

Del Renacimiento pleno es representante Juan de Soreda, pintor aragonés que para la catedral seguntina hizo una gran tabla del Descendimiento (hoy conservada en la sacristía de Santa Librada) y las tablas representando el martirio de esta Santa patrona en su retablo del crucero. Su intervención está fechada entre 1525 y 1526. Poco después pintó con Juan de Arteaga un retablo para la capilla de la Concepción (luego destinada a librería del Cabildo). A Soreda atribuimos los profetas y sibilas que procedentes de una predela de altar se conservan hoy en la parroquia de Bochones y en el Museo Parroquial de Atienza (estos últimos atribuidos durante mucho tiempo a Berruguete).

Juan Francés, a quien calificaron en su tiempo Maestro Maior de las obras de fierro en España, vino de Toledo a realizar numerosas rejas en Sigüenza. Lo más granado de su producción se encuentra en este templo, donde entre otras dejó lo mejor de su arte en las de la capilla de San Pedro, de San Juan y Santa Catalina, de la Anunciación, del enterramiento de Santa Librada en su altar del crucero, etc. Son obras del primer cuarto del siglo XVI.

El seguntino, de origen holandés, Martín de Vandoma, es otro de los grandes artistas que ha dejado multiplicada su impronta por esta catedral. Dirigió la obra, ya en su conclusión, de la Sacristía Mayor, cuando la dejaron los Durango, concretamente de 1554 a 1563, y talló sobre el alabastro el magnífico púlpito del Evangelio, de 1572 a 1573.

Todavía una pléyade de artistas cabría citar en los años del comedio del siglo XVI: desde el escultor Miguel de Aleas, que hace el altarcillo de la Virgen de la Leche, en el crucero, a Francisco de Baeza, que traza y dirige la portada de la capilla de San Pedro; desde maese Pierres, que talla en nogal la puerta de la Sacristía, llena de santas vírgenes, a Sebastián de Almonacid, que trabaja en las tallas del altar de Santa Librada (y a quien por algunos se ha atribuido la estatua yacente de Martín Vazquez «el Doncel»). Aún destaca de entre éllos Giraldo de Merlo, que a inicios del siglo XVII, concretamente entre 1609 y 1611, dirige y ejecuta el gran retablo de la capilla mayor, en un estilo ya plenamente manierista.

Arquitectos como Juan Vélez, director de las obras de la girola, y escultores como el madrileño Juan de Lobera, que ejecuta el altar del trascoro, deben ser destacados. Y artífices como los organeros Cristóbal Cortijo, Gonzalo de Córdoba y Domingo de Mendoza, autores de algunos de los varios órganos de la catedral.

Finalmente, es justo citar a los artistas contemporáneos que han dejado también su huella en este templo. Sería el primero Antonio Labrada Chércoles (Sigüenza, 1914-Madid, 1975) arquitecto director de las obras de restauración de la catedral tras la Guerra Civil española. El escultor segoviano Florentino Trapero (1893-1977) que en esa misma ocasión se encargó de restaurar el retablo mayor, el enterramiento de don Fadrique, el retablo de Santa Librada, y el púlpito del Evangelio, entre otras cosas. El también escultor aragonés Angel Bayod Usón, autor del enterramiento del obispo don Eustaquio Nieto y Martín, asesinado en 1936 y depositado en la capilla de la Anunciación. Y el pintor Constantino Casado que en 1989 ha realizado el gran cuadro Alabanza a Dios a través de la música, colocado en el altar de Santa Cecilia de la nave de la epístola. Incluso el arquitecto José Juste Ballesta ha sido el director supervisor de las obras de consolidación que se han llevado a cabo en los últimos años, especialmente en el claustro. Todos éllos son prueba de la vitalidad que un templo de estas características continúa teniendo en el imparable curso de los siglos.

Estoy seguro que (aunque ellos ya no puedan vanagloriarse de su trayectoria) todos cuantos intervinieron en la realización de la catedral seguntina se fueron muy satisfechos de su actuación. Lo que no darían los artistas de hoy por conseguir que sus obras permanecieran en los anales del templo…