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octubre 5th, 2012:

Saúca, un escudo muy movido

Escudo heráldico municipal de Saúca, aprobado en 2012

El sabado 6 de octubre 2012 se celebró en Sauca, en la ermita de San Miguel abarrotada de público,  el acto de presentación pública de su Escudo Heráldico Municipal. Una larga y compleja tarea que concluyó con éxito el pasado mes de julio, cuando tras los trámites legales llevados por el Ayuntamiento, se consiguió que apareciera publicado en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha la aprobación oficial de su escudo.

Un camino que compensa, porque para todos los pueblos debería ser un proyecto a corto plazo contar con el escudo heráldico municipal, los que aún no lo tengan, como emblema definitorio de una historia y una personalidad.

La lucha del grifo y el león

En el campo del escudo de Sauca aparecen un león y un grifo, enfrentados, luchando. Sobre un campo verde (sinople) ambos animales aparecen rampantes, enfrentados, y cubiertos del metal del oro. Un escudo muy sencillo que nace de las raíces más profundas del municipio: de los capiteles de su iglesia románica, y más concretamente de los que están esculpidos en la galería meridional.

Cuando en Sauca me propusieron crear un emblema heráldico para el municipio, barajamos las posibilidades de incluir elementos de su historia, de su caserío, o alguno de los emblemas de antiguos señoríos. Al final, la idea fue un poco más allá, más aventurera. Y decidimos usar unos animales, tan propios del blasón clásico como el león rampante y el grifo en la misma actitud, que son seres mitológicos y misteriosos enla Edad Media(en el siglo XIII nadie en Sauca había visto un grifo, obviamente, porque esos animales no existen, pero tampoco habían visto un león). Eran igual de fantásticos ambos. De ahí que el escultor los colocara en uno de los capiteles de la galería parroquial, enfrentados, rampantes, luchando. En representación de esa lucha de la valentía y la cobardía, de la virtud y el pecado, de la lealtad y la traición, en definitiva del maniqueísmo, que por esa época está simbolizando en muchos lugares de la Europa medieval la dual tendencia del catarismo, la heterodoxia albigense. Es una imagen bonita, simplemente, que no nos permite por sí sola llegar a conclusiones más drásticas, como por ejemplo decir que en Sauca, en el siglo XIII, había seguidores del gnosticismo, o que lo fueran los tallistas y escultores de la galería parroquial.

En el estudio previo que realicé para evaluar la posibilidad de hacer un escudo para el pueblo, utilicé la breve historia y el brillo del patrimonio de la villa serrana. Decía así (valga como recuerdo breve) que en punto a historia este lugar perteneció desde la reconquista a la Tierra y Común de Medinaceli, y siglos adelante quedó incluido en los estados extensísimos del ducado de Medinaceli, tenido por la noble familia de los la Cerda, en la que se mantuvo hasta el siglo XIX.

Y en punto a patrimonio destaca sobre su caserío la iglesia parroquial, obra arqui­tectónica ejemplar del estilo románico rural, levantada en el siglo XII en sus finales o principios del XIII, poco después de la definitiva repobla­ción dela zona. Queconsta de un edificio con gran espadaña sobre el muro de poniente, con un par de grandes vanos para las campanas, y un remate de airoso campanil, todo en rojizo sillar construido; a esta espadaña se le añadió posteriormente un cuerpo para ser utilizado de palomar y hacer las funciones de torre de iglesia. El ábside poligonal no ofrece interés. El alero del templo está sostenido por múlti­ples canecillos y modillones tallados. El interior, de una sola nave, modificado en siglos posteriores, no ofrece nada de interés, excepto la primitiva pila bautismal, también románica del siglo XII.

Pero que lo más destacable de esta iglesia de Sauca es su gran atrio porticado, que se abre en los muros del sur y del poniente del templo. A cada lado de este arco de ingreso se abren cinco vanos cobijados por arcos ado­velados semicirculares, que apoyan en columnillas pareadas rematadas en bellos capiteles bien tallados. El cimacio de los capiteles se continúa sobre el muro esquinero del atrio, a modo de imposta, para enlazar con la arcada del ala de poniente, en la que se abren un total de seis vanos, uno de ellos más alto, que servía de ingreso, y los otros sustentados en columnillas también pareadas y capiteles. Aparte del valor arquitectónico que indudablemente posee este templo, obra muy característica y ejemplar del románico rural de Guadala­jara, son de destacar al visitante y aficionado a este estilo la magnífica colección de capiteles que forman en su galería porticada.

Predomina en el conjunto la decoración vegetal, a base de grandes hojas de palma, cardos estilizados, hojas de acanto, etc., pero todas ellas diferentes, e incluyendo entre sus conjun­tos, algunas veces, pequeñas cabecitas humanas o animales. Un capitel muestra borrosa escena con un arcángel que empuña un bastón crucífero. Quizás San Miguel, jefe de las escuadras celestiales. Y otro capitel, el que remata la columna pareada que escolta, en su lado izquierdo, la puerta de ingreso al ala meridional del atrio, muestra por uno de sus lados un par de figuras sacerdotales, cubiertas de ropajes (la armilausa) típicamente visigodos o mozárabes, y por el otro lado deja ver una rudimentaria Anunciación en que el Arcán­gel Gabriel (otro de los grandes mensajeros del Cielo) saluda a María, con libro en la mano, y puesta en pie; aún se muestra en este grupo escultórico un par de ani­males monstruosos enfrentados, sin duda un grifo y un león, animales que durante el Medievo aparecen en lucha, como significandola del Bieny el Mal entre los hombres. Los modelos son, indudable­mente, muy arcaicos, y de ello nos deja ver claramente cómo, aún en el siglo XII, los tallistas románicos copian modelos de antiguos códices miniados.

Analizados, compartidos, dialogados y consensuados con autoridades locales y vecinos, todos estos datos dieron finalmente en la imagen de un escudo heráldico municipal, basado en los elementos zoomórficos de este último capitel de su templo parroquial, de fuerza popular y evidentemente de una antigüedad aquilatada. Así pues, se crea un emblema cuyo blasonado sería el siguiente: Escudo español, de sinople, en el que se muestran enfrentados dos animales de oro: a la izquierda un grifo rampante y a la derecha un león rampante, ambos linguados de gules. Al timbre, la corona real cerrada.

Memoria de los grifos

Qué sea un león, es cosa sabida de todos. Quien más quien menos (en un safari o en un zoológico) lo ha visto en directo. Pero del grifo hay menos datos. El grifo es una palabra griega que identifica a una criatura mitológica, cuya parte superior es la de un águila gigante, con plumas muy definidas, afilado pico y poderosas garras, y la parte inferior es la de un león, con pelaje profuso, musculosas patas y rabo. Hay grifos que se representan con orejas puntiagudas en la cabeza o plumas enla cola. Segúnexplica la tradición, el grifo es ocho veces más grande y fuerte que un león común y no es raro que se lleve entre sus garras a un caballero con su caballo o a una pareja de bueyes. Con sus garras se fabricaban copas para beber, y con sus costillas arcos para tirar flechas. Eso decían los antiguos.

El origen de este animal quimérico está en el Medio oriente, pues el arte de Babilonia, Persia y Asiria le representó en muchas ocasiones. En el  Mediterráneo Oriental también llegó su presencia, en la pintura minoica y en el famoso sarcófago de Hagia Triada. Los griegos aceptan en su mitología la presencia del grifo, diciendo que el dios Apolo marchó en una ocasión a Oriente, a cazar grifos, volviendo de la excursión volando sobre el lomo de uno de ellos. En la heredada mitología romana, sigue apareciendo el grido, cada vez más con funciones decorativas: le dibujan y tallan en frisos y altares, en candelabros y hornacinas. Y del mundo romano pasa al primitivo cristiano, apareciendo nombrado en los “bestiarios” de San Basilio y San Ambrosio, como seres del averno que alteran el sereno discurrir de las buenas gentes cristianas. De ahí que tuviera en un principio la mala prensa de ser un animal peligroso y agresivo. Cambió luego, y en el final del Medievo y sobre todo en el Renacimiento, el grifo es tenido por un ser protector, que mezcla en sí la fuerza, el valor y la vigilancia de los caminos. Uno de los lugares donde con mayor profusión y belleza aparecen los grifos, de todo el arte hispánico, es en el patio de los leones, del palacio del Infantado de Guadalajara. Allí (curiosamente, al igual que en el capitel románico de Sauca) aparecen los grifos y los leones custodiando los emblemas heráldicos de los Mendoza y Luna. En ambos casos, son animales protectores

Quien ha dado en elucubrar por encima de todas sus posibilidades, dice que el origen real del grifo como criatura mitológica se encuentra en los numerosos restos fósiles de dinosaurios pertenecientes a la familia Ceratopsidae, que se encuentran todavía en yacimientos del Asia Central, especialmente en Mongolia. Los antiguos verían aquellos restos y aventurarían su origen muy antiguo, concediéndole virtudes de fortaleza. Si uno analiza los esqueletos petrificados de aquellos antiquísimos dinosaurios voladores, comprobará que la imagen hoy revivida del grifo es la de uno de esos antiguos ejemplares.

En todo caso, es curiosa esa pervivencia de la mitología sobre el arte hispánico, y la aparición en un capitel de un pequeño pueblo serrano, de esa ancestral lucha entre dos animales, que representan el Bien y el Mal, pero alternativamente, sin clarificar nunca, como ejemplo de la lucha de los elementos del Universo no humano, como evidencia del desamparo que la especie de los hombres tiene frente a las fuerzas incontrolables del mundo, del tiempo y del espacio.