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agosto 3rd, 2012:

Sacando del olvido a don Julio de la Llana

Pasado mañana domingo, en Atienza, en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento de esa castellana villa, después de la Misa de Doce, y con la intervención de Manuel Martín Galán, Javier López de la Llana, Alberto Loranca Gonzalo, y del autor, Jesús de la Vega García, va a presentarse una nueva obra que tiene a Atienza por protagonista. Una obra mayúscula, porque alcanza las 980 páginas en total, aunque esta vez van comprimidas y encapsuladas, en formato digital de PDF, sobre la brillante superficie de un Disco Compacto. La obra se titula “Obra literaria de Julio de la Llana Hernández” y en ella se contiene la biografía y la obra completa de este singular escritor castellano.

Discurso vital de La Llana

Una brevísima semblanza de este autor, que ahora se saca del olvido, nos dice que nació, en 1876, en la soriana villa de Barca, cerca de Almazán. Diócesis de Sigüenza, entonces. Su padre eran practicante en Medicina y Cirugía, y siempre anduvieron viviendo por pueblos de esa comarca. Fueron luego a Matamala de Almazán, en 1890, marchando desde allí a estudiar en el Seminario de Sigüenza, e iniciando allí su afición literaria, para la que demostró una gran facilidad, sobre todo en versificación.

Luego pasó Julio de la Llana a ejercer de cura, una vez acabada la carrera y recibidas las sagradas órdenes, en Aguaviva de la Vega, en 1900. Empieza a escribir en periódicos provinciales, cono “El Avisador Numantino”. Allí fundó el Sindicato “Caja Agrícola”, en 1906, casi a la par de lo que hizo don Hilario Yaben en Sigüenza, fundando en la Ciudad Mitrada el “Sindicato Agrario y la Caja Rural”.

En 1910 fue destinado como cura párroco a Miedes de Atienza, de la que hizo cumplida reseña histórica y costumbrista. De allí pasó, en 1915, a Retortillo de Soria. Allí quedó su recuerdo de “buen orador sagrado y excelente poeta”. Fue luego a Campillo de Dueñas, en el Señorío de Molina, en 1922, donde debió enfermar, pues tuvo dispensas en ese tiempo, y se le vió por los balnearios aragoneses en torno al río Mesa.

Finalmente, don Julio de la Llana accedió, en 1927, a las parroquias de Atienza, donde permaneció, en una o en otra, finalmente con el título de Arcipreste, hasta su muerte, en 1959, más de treinta años. Querido de todos, amigos de todos, pasó lo mejor de su vida en esta villa, en la que además lo fue todo, además de cura párroco de la Santísima Trinidad, y arcipreste: fue abad de la Caballada y amistó sinceramente con el Cronista Provincial, Francisco Layna Serrano, a quien facilitó datos, documentos, fotografías, memorias y sabidurías populares para construir su gran “Historia de la Villa de Atienza”.

Fue nombrado, en 1943, “Hermano Mayor”, en función de sus constantes desvelos por cuidar de la cofradía de la Santísima Trinidad y de la tradicional fiesta de la Caballada. Fue aquí corresponsal del diario “El Alcázar” en el que muy a menudo aparecían crónicas y artículos de Julio de la Llana, sobre Atienza. Todo está recogido en el libro de Jesús de la Vega. Con este motivo, el autor construye retazo a retazo una auténtica y detallada historia de Atienza, en los años de la posguerra.

Tuvo también gran amistad con aquel gran médico rural, “el médico de la pajarita”, don Bonifacio Escudero López, quien también tuvo su vena literaria y poética, como se recuerda en este libro. Tuve la suerte de conocer a “don Boni” y tratar mucho con él, contándome historias de su asistencia médica por tierras de Atienza, ayudando a nacer a muchos que aún hoy viven, siempre a lomos de su caballo “Lucero”. Era un buen hombre, y un buen médico, que salvó muchas vidas. Tuvo don Julio, además, íntima amistad con Layna, y con Ochaita, y con todos los de la Casa de Guadalajara, Amigos de los Castillos, y demás grupos culturales que tenían, entonces, a la villa de Atienza como la referencia ideal de sus anhelos provincialistas. (más…)