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febrero 19th, 2010:

Memorias en piedra de la iglesia de Jadraque

Hemos estado hace unos días en Jadraque, acompañando a José María Bris que prepara, ultima ya, las tareas de edición de su libro sobre la villa, y hemos tenido la oportunidad de repasar los suelos, y los muros, de la iglesia parroquial de San Juan Bautista, en ese pueblo señero de la Alcarria en el que la historia emerge en cada esquina.

La visita a Jadraque, acompañada de su historiador más veterano, mirando con detalle las casonas, los escudos, las lámparas y bóvedas… es un ejercicio de enriquecimiento cultural, porque se encuentran a cada paso las huellas de largos siglos de esplendor y nombres propios.

 

Pasear la iglesia de Jadraque, hoy bellamente, pulcramente mantenida, iluminada, limpia y resplandeciente por su cura párroco, don Alfonso Henche, es un placer para los ojos. Aparte de las maravillas en cuadros, orfebrería o retablos que en ella se muestra, como una pequeña catedral, los viajeros han ido a buscar viejas piedras talladas, laudas y lápidas que nos dicen la memoria de antiguos jadraqueños. Unas ya conocidas, otras inéditas, aquí van las que este cronista vio en su paseo del pasado sábado.

Laudas sepulcrales del Cura Pedro Blas, de Juan de Zamora  y de su mujer María Miño

Aunque no son las primeras que ve el viajero, son las que yo recomiendo que no se pierda bajo ningún concepto. El pasado sábado, al mismo tiempo que este cronista, acudieron a verlas un buen número de turistas, interesados por el arte religioso alcarreño. Todos eran de fuera de nuestras fronteras, de Alcalá y el Valle del Henares. Y todos quedamos maravillados de este hallazgo, de lo bien colocadas e iluminadas que están.

Talladas en alabastro, en un amplio hueco bajo la escalera que sube al coro se sitúan dos laudas en vertical, las de un caballero, y una dama, y en suelo, ante ellas, la de un clérigo. A los costados, sendos escudos de armas tenidos de angelotes. Todo ello muy desgastado y agredido, aunque sabemos por fotos antiguas, que a comienzos del siglo XX estaban muy bien conservadas. Les pasó por encima el siglo más duro y violento de la historia de España. Y así y todo, se han salvado. No pasó lo mismo con muchas otras piezas de nuestro patrimonio.

Frente al espectador, a su derecha, aparece un caballero de fiero rostro e indumentaria guerrera. Es la lauda de Juan de Zamora. Y a la izquierda del espectador, y derecha del caballero, está la lauda de una dama solemne, posiblemente su esposa. Es la de María de Miño.

Debieron estar siempre unidas una a la otra, porque la inscripción no corre más que por un solo lado de las orlas o pestañas, además de las cabeceras y los pies, faltando por completo en el lado largo del rectángulo por el que debían estar unidos. Son obras de una imperfección técnica notable. Digo imperfección, porque son rudas en la talla, bastas en el dibujo, sencillísimas en la composición. Parecen estar hechas por el ayudante de un picapedrero del siglo XVI. O no tenían posibles para contratar un buen escultor, o estos señores se conformaron con lo que sus herederos y/o albaceas quisieron darles. cura, en el parale­lismo inocente del plegado y en algunos otros defectos.

No deben ser más antiguas del siglo XVI, aunque por su rudeza alguien pueda pensar que emergen de la profunda oscuridad del Medievo. Sus letreros hablan del siglo del Renacimiento. Aunque con mucha dificultad, y gracias a que Ricardo de Orueta en su libro de La Escultura Funeraria en España nos echa una mano, podemos leer:

«I MARIA DE MIÑO SV MVGER FVNDADORES DESTA». En la cabecera del caballero:

«CAPILLA FALLESIO». En la cabecera de la señora: «A… DEL MES DE AGOS». Es el cronista Juan Catalina García quien afirma que los enterrados eran Juan de Zamora y su esposa María de Miño. Y no se hable más, porque quien lo dice es autoridad.

En el suelo de ese espacio que no llega a ser capilla, está recuperada otra lauda que fue exquisita, pero que quedó maltratada por los tiempos (eufemismo en el que caben también unos cuantos salvajes que se dedicaron a picar con martillos y hachas la cara del clérigo enterrado). De esta lauda, la del suelo, perteneciente al licenciado Pedro Blas, ha quedado una fotografía de hacia 1920, que acompaño a este escrito junto a la que hice personalmente el sábado pasado.

Como las anteriores, labrada sobre alabastro, material que se descompone a la intemperie, muestra un clérigo revestido, con un libro en las manos, y un escudo tallado en el faldón principal de su casulla. Se rodea de una inscripción que ahora se lee con mucha dificultad, pero que Orueta nos da entera gracias a la imagen de hace un siglo: «AQVI ESTA SEP | VLTADO EL SR LDO P. BLAS CVRA Q FVE DESTA PAROCH DEJO EN ELLA ESTA CAPELLA­NIA | Y MEMORIA FVNDA | DOS SOBRE VN MAYORAZGO Q DEJO A LOS DE SV APELLIDO FALLESCIO A 27 DE FE | BRERO DE 1579». Aun se aprecia en su cabeza restos del bonete, pero el rostro ha desaparecido. Los escudos laterales son difíciles de identificar, quizás se rescataron de otras laudas, o más bien de antiguas capillas y epitafios de pared.

Lápida de Juan Romo e Isabel Carrillo

En la capilla del Cristo de los Milagros, situada en la parte SE del templo, donde tuvo su cabecera la iglesia románica primitiva, en el suelo aparece una gran lápida mortuoria, hasta ahora no descrita ni interpretada. Está toda ella tallada con letreros, y en su centro dos cuadrados que enmarcan con adornos sendas calaveras y tibias cruzadas, en la expresión más tétrica y simplista de la muerte. En diversos carteles que se engloban unos a otros, con una grafía romana clara, pero una disposición que da lugar a equívocos, aparecen los siguientes textos: “Esta capilla del Stº Christo de los Milagros compraron e hicieron a su costa Ivan Romo e Isabel Carrillo su mujer vecinos de…. 1689” Esta leyenda circunda toda la lápida, y es descriptiva. En su interior aparecen, rodeando a las calaveras, estas dos frases: “Aquí yaze Ivan Romo Familiar Fallecio a  De   M   DC   “ Y sobre la calavera esta frase: “Amenint Anima Lorvm Requiescant im paze”. Debajo, esta otra: “Aquí yace doña Isabel Carrillo Lopez su muger fallecio a   del mes de   del año    “. Como es evidente, se colocó la lápida cuando compraron la capilla estos señores, Juan Romo e Isabel Carrillo, cosa que ocurrió en 1689, pero luego o no se enterraron allí, o nadie se preocupó de tallar la fecha exacta de su muerte en la lápida.

José Gutiérrez de Luna, “el Indiano”

Uno de los personajes más curiosos, y legendarios, de la historia de Jadraque, fue José Gutiérrez de Luna, a quien desde que vivió a comienzos del siglo XVII le apodaron unánimemente “el Indiano”. Palabra que como todos mis lectores saben, se le aplicaba en tiempos pasados a todo aquel que se había ido, a bordo de un bajel, y normalmente con lo puesto, a vivir en América, y tras años de duro trabajo (porque allí no regalaban nada, y menos a los pobres) volvían a la Península cargados de riquezas, de dinero y generalmente de una generosidad rayana en la locura. Este de Jadraque hizo eso, se fue a Méjico a mediados del siglo XVI, y volvió a comienzos del siguiente rico y dadivoso.

En Jadraque se cuenta la anécdota ocurrida a su regreso. Quienes se han ocupado de la historia de Jadraque, Juan Catalina García López, Andrés Pérez Arribas, y ahora José María Bris Gallego, la refieren con pelos y señales. Más o menos es esta:

Cuando José Gutiérrez de Luna volvió a su pueblo natal, Jadraque, se le ocurrió en el viaje de vuelta el modo de averiguar si los lazos de parentesco y de amistad, tendrían más fuerza que el interés, y para ello concibió la siguiente estratagema: En Miralrío, pueblo situado en el altiplano alcarreño, a una legua de Jadraque, dejó su equipaje compuesto por baúles y arcas en las que guardaba su tesoro y pertenencias, y pobremente vestido y solo, entró en Jadraque. Sus amigos y parientes, entre los que estaba su propio padre, le recibieron con tal desapego y desprecio que solo un pariente le alojó en su casa. Motivó en él lo sucedido una dolorosa impresión, por lo que volviendo a Miralrío se vistió con sus mejores galas y haciendo alarde de su riqueza, con sus criados y acémilas de carga, regresó al día siguiente a su pueblo natal.

Entonces, los parientes le agasajaron con solicitud, pero jamás olvidó su interesado proceder y anterior desprecio, y de ello dejó muestras en su testamento. Este dato se conoce porque uno de sus familiares que presentó un alegato jurídico, presentado el día 11 de marzo de 1766, contra la Fundación hecha en virtud de su testamento”.

El Indiano de Jadraque dejó 3.000 ducados para servir de inicio a una Fundación, (la Obra Pía del Santísimo Sacramento, como se la llamó en su inicio) administrada por los curas de la parroquia, que sirviera para ayudar a los pobres, necesitados y gentes con problemas. Era esa una cantidad enorme, que duró siglos, con sus réditos, y que llegó a enfrentar, a principios del siglo XX, a las gentes de Jadraque en orden a la correcta administración de aquella fortuna.

Valgan estas frases de memorial para recordar quien fue este indiano, que hoy tiene su lauda puesta en el suelo de la Capilla del Santo Cristo de Jadraque. Allí vemos, junto a la inscripción que ponemos al final de estas líneas, un emblema que recuerda las composiciones de los simbolistas románticos franceses de mediados del siglo XIX: en aspa una guadaña y una cruz, abrigadas por una gruesa cinta, atraviesan dos coronas parejas puestas en el centro. Son coronas mortuorias, que se rematan por el verdadero símbolo de la muerte: un reloj de arena con alas. De entrada me sorprendió una imagen tan moderna para ser del siglo XVII, pero la explicación está en la cartela que la sigue, y que lo explica todo. Fue puesta en 1871, y en todo caso para el visitante se alza, aunque esté en el suelo, como una lauda sorprendente y admirable, poco común. Esta es la frase que la acompaña:

POR LA ETERNA MEMORIA DE

D. JOSE GUTIÉRREZ DE LUNA

FUNDADOR DE LA OBRA PIA DEL

SATMO. SACRAMENTO EN ESTA PA-

RROQUIA, DEDICAN, COMO TESTI-

MONIO DE GRATITUD ESTA LA-

PIDA SUS PATRONOS D. ESTANIS-

LAO MIGUEL CURA ECÓNOMO. D.

FRANCISCO PEREZ Y D. PEDRO

SERRANO ALCALDE Y REGIDOR

DE ESTA VILLA DE JADRAQUE EN

EL AÑO DE LA RESTAURACIÓN

DE ESTE TEMPLO LLEBADA A CA-

BO CON LOS PRODUCTOS DE

DICHA MEMORIA PIA

1871

R.  I.  P. A.