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diciembre 1st, 2006:

La Alcarria de Campoamor

Ayer jueves 30 de Noviembre se inauguró en la Sala de Arte de Ibercaja en nuestra ciudad, la última –por ahora- de las exposiciones individuales de Jesús Campoamor, a la que el conocido pintor de alcarrias ha dedicado los últimos años, en una preparación intensa de aceites y colores. A toda pantalla se presenta el genial artífice de distancias nuestras: con el color y la pasión vital que siempre le ha caracterizado, pero siempre entrando en una dimensión nueva de distancias y apreciaciones, madurando a cada año, teniendo más claros los conceptos y los límites.

Durante un mes, hasta el próximo 23 de diciembre, estará abierta a diario esta muestra pictórica que recomiendo visitar, por lo que tiene de atractivo, y sobre todo de hondura alcarreña: la tierra en que vivimos se retrata y afina, cobra sus esencias a través de colores, difuminadas distancias e imprecisas turbulencias de horizontes.

Una pintura de autor

Desde hace casi cincuenta años, Jesús Campoamor está dado muestras de su capacidad creadora. Lo ha hecho a través de la poesía, la escultura y, por supuesto, la pintura. Su espíritu creador ha desarrollado presencias en esos aspectos de la creatividad.

En la pintura es donde ha dejado más clara su fuerza generativa. Retratando escenas, figuras y concreciones naturalistas que dejó muy pronto, para dedicarse al color, la forma de la distancia (que la tiene) y el deje dulce del paisaje soñado. En ese sentido, bien puede decirse que es la Campoamor una “pintura de autor”, porque tras esta carrera firme y aún viva, se distingue con nitidez cuando un cuadro es suyo. No es que todos sean iguales, ni que pinte siempre lo mismo, no. Es que la esencia de su pintura asoma con personalidad a cada cuadro que hace. Y todos, absolutamente todos, son distintos. Perspectivas nuevas, mezclas de colores, amaneceres y plenidías, en cada obra Campoamor retrata un respirar distinto de su tierra.

La trayectoria de Campoamor, ya larga y fecunda, ha sido recta y diáfana. De formación autodidacta, su principal obsesión fue, desde un inicio, la pintura de las tierras y de las gentes de Guadalajara, de la provincia donde nació y ha vivido siempre. De las querencias ancestrales que, por tener ese carácter férreamente humano, fluyen mas directas y fáciles ante la barrera de la materia. Los paisajes de suaves lejanías, las luces inciertas del amanecer, las nieblas sueltas que se desgajan sobre los carrascales: esa es la materia de inspiración básica de Campoamor.

Antes de esta de Ibercaja, Jesús Campoamor ha realizado 26 exposiciones individuales y ha participado en 33 colectivas, en numerosos puntos de la geografía de España y del mundo. Puso sus cuadros, hace ya años, en diversas galerías belgas e inglesas. Más recientemente en América, en la Guadalajara de México concretamente. Y, por supuesto, en Madrid y Guadalajara, donde el éxito ante sus paisanos, quizás el más difícil de conseguir, ha sido siem­pre rotundo.

Una visión artística de la Alcarria

Campoamor, como todo artista de verdad, no se limita a tener una perfección estilística o técnica, a realizar de encargo este o aquel retrato, sino que posee una sólida formación cultural y unas ideas propias acerca del hombre y de la vida. Ello le posibilita volcar en sus lienzos, a la hora de hacer tangible su pensamiento y  su inspiración, una paisaje de humana dimensión, una marca de impresionismo subjetivo y personal que acentúa el valor y la belleza del cuadro.

Como en ocasiones anteriores, Jesús Campoamor nos ofrece en esta exposición ayer inaugurada una serie de paisajes de Guadalajara, en los que la luz y el color juegan el factor primordial. También sorprende en sus obras la capacidad que tiene en entregar sensaciones completas, en revestir al alma que contempla de una paz cierta, con solo los leves trazos de su obra, que, mirada con detenimiento, en muchos casos es solo tránsito de color, modulación de un tono en permanente sonido.

La obra pictórica de Campoamor es no solo una parte del arte de la pintura, sino que comulga de la música y de la poesía. Como gran conocedor y amante de esas otras parcelas del arte, es capaz de unificar en los lienzos sensaciones y valores de todas las parcelas de la belleza. En definitiva, Campoamor y Lecea alcanza, en esta exposición de oleos que sencillamente titular “Pintura”, su cota más alta de perfección y maestría. Merece la pena darse una vuelta por esta muestra pictórica, en la Sala de Arte de Ibercaja, y aprehender el rasgo capital del arte que nos ofrece: la capacidad de síntesis, una fórmula mágica con la que, en sencillez y gloria, transmuta la compleja impresión de la naturaleza en un cuadro donde el color graduado expresa el conjunto de un mundo enorme y abierto.

Las Alcarrias donde vive Campoamor

El material de que compone Jesús Campoamor sus cuadros, más allá de la simple tela, el óleo y los retoques, son los paisajes, los pueblos y las humanas historias que por ellos circulan.

En Torija es donde vive, cerca del templo de los Mendoza y del castillo que levantaron los templarios, vigías desde su torre del valle hondo y los campos anchos a un tiempo. Ese paisaje torijano, es como el resumen de la Alcarria toda, y a su vez nos da la clave de la pintura que estos días se muestra: de un lado las anchas planicies que desde las almenas se divisan, brillantes en el verano y pálidamente grises en la época invernal. Entre ellas, se hunden los valles como penetrando la costra terráquea en busca del frescor unas veces y del sonoro manantial otras.

En Hita ha respirado aún más hondo el autor, porque además de esas características paisajísticas, se encuentra con la fuerza de la historia: la poesía de Juan Ruiz arcipreste de Hita, los poderosos atambores de guerra de don Iñigo López de Mendoza, junto a las preces que se levantan desde el cercano monasterio de Sopetrán. Todo ello infunde al paisaje (y por ende a la pintura de Campoamor) de un tono nuevo, y vibrante.

En Sigüenza hay más ruido y por lo tanto más ecos. Lo que sube desde el humilde Henares en clamor poético, se transforma en las bóvedas de la catedral en pujanza sonora y épica. También aquí Campoamor ha sabido captar la esencia de esa lastra arenisca que desde el pinar baja a beber en el río, salpicando su vertiente de edificios, templos y pósitos.

Por Brihuega ha pasado la mirada del pintor, tomando de su verde derramar de aguas un toque nítido para sus obras tajuñeras. En esta villa arzobispal ha bebido esencias y de ella ha tomado prestadas calenturas de color y ritmos.

Y en los llanos, finalmente, del Campo y el Pedregal molineses también Campoamor ha tomado nota de formas y colores. Todo, en definitiva, lo que constituye Guadalajara está en sus paisajes y sus palpitares. Una definición visual de nuestra tierra está dinámica y parlante en la obra del autor que ahora recomendamos: Jesús Campoamor, “Pintura”, en la Sala del Centro Cultural Ibercaja, en Capitán Arenas 5, desde hoy al 23 de Diciembre, de lunes a sábados entre las 7 y las 9 de la tarde, con entrada libre. Una oportunidad de sentir la luz en pleno invierno.