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febrero 21st, 2003:

Piedras y cuadros expoliados

 

Una de las más lamentables páginas de la historia del arte en Guadalajara es la que cuenta qué cosas y de qué categoría se han ido perdiendo a lo largo de los siglos. Por qué causas, a manos de quién, con qué intenciones. Es una página larga y truculenta, una página que ahora ha puesto, en 254 hojas, las que constituyen un libro entero, por escrito y con imágenes, el profesor de la Autónoma de Madrid don José Luis García de Paz, quien ayer jueves 23 de octubre presentaba en el Aulario de la Universidad de Alcalá en nuestra ciudad, rodeado de muchos aficionados al arte y la historia, y de diversas autoridades académicas.

Un libro que titula “Patrimonio Desaparecido de Guadalajara” y que constituye, en mi opinión, ese tipo de libro que todos alguna vez habíamos deseado encontrar, donde estuvieran los datos concretos de fechas, elementos, causas y destinos que propiciaron la pérdida de tantos y tantos palacios, retablos, monasterios, puentes, escudos y hasta pueblos enteros, capiteles, manuscritos, estatuas… La paciencia de un investigador cuajado, como es el profesor García de Paz, y el saber orientar sus búsquedas por los mejores caminos, le ha llevado a encontrar, en numerosos museos españoles y [sobre todo] norteamericanos, las piezas que le faltaban al puzzle de nuestro patrimonio.

El arte alcarreño en América

Noticias sueltas nos ha ido llegando, y ahora se concretan en este libro. Pero la lista es larga. Desde el conocidísimo caso del monasterio cisterciense de Ovila, que comprara el magnate de la prensa americana William Randolph Hearst en 1931, hasta las salidas de piezas sueltas durante la guerra civil, como es el caso de un fragmento del sepulcro de doña Brianda de Mendoza, ahora en el Museo de Detroit. Desde los diversos cuadros de El Greco con apóstoles procedente de Almadrones, que fueron vendidos uno a uno y ahora paran en Fort Worth (tesas), Los Ángeles, Indianápolis y el museo del Prado de Madrid (menos mal que cuatro se quedaron aquí cerca) hasta el manuscrito del Fuero de Guadalajara que le cayó en suerte a la Universidad de Cornell.

El más espléndido de los monumentales restos de la Alcarria que hoy se admiran con devoción en América, es el retablo que procede del monasterio Jerónimo de Santa Ana en Tendilla. Por primera vez García de Paz publica esta historia completa, rocambolesca e inquietante, pues el retablo pasó primero por manos privadas, y finalmente ha ido a quedarse en el Cincinnati Art Museum. A todo color reproduce en su libro este retablo único, que hubiera sido probablemente la mejor pieza de arte mueble de nuestra provincia, además pintado por una mujer en el siglo XVI, por Caterina van Hemessen.

Techos y portadas, palacios y conventos

El lenguaje de García de Paz para contarnos sus descubrimientos es sencillo y casi periodístico, lo cual es muy de agradecer. Divide su libro, aparte de los consabidos prólogos e introducciones, en cuatro grandes apartados: el del patrimonio religioso, el del patrimonio civil, el patrimonio menor, donde caben muchas cosas variadas, y como Anexo, y por mera curiosidad comparativa, lo que con el patrimonio español ha ocurrido en otros lugares de España.

Porque si la ciudad perdió, en el bombardeo del 6 de diciembre de 1936, los fastuosos artesonados góticos y mudéjares del palacio del Infantado, fue en la paz cuando cayeron el convento de San Bernardo, el de la Concepción o el de las jerónimas. Fue en la paz cuando se echaron al suelo los palacios de Bedoya y recientemente el de los Guzmán. Y, como dice el autor, han sido más las cosas perdidas en procesos pacíficos (la ignorancia y el interés, casi siempre) que en las guerras.

Y lo que es peor, y con este tema empieza su libro el profesor García de Paz, ¡siguen ocurriendo! Sigue habiendo robos de piezas artísticas, que unos acaban bien (el del cuadro de Ribera “El Capón de palacio” de Cogolludo, que apareció meses después en Bilbao) y otros no tanto, como el robo reciente del capitel románico de Labros, que continúa perdido, y para el que desde aquí invocamos la posibilidad de que sea restaurado en alguna de esas “Escuelas de Rehabilitación “ que proliferan por nuestra provincia.

Aunque no cabe en estas breves líneas el comentario detallado de este esfuerzo estupendo que ha hecho García de Paz, sí que quiero traer a la memoria de quienes me leen, a mi memoria también, (porque conviene tenerla entrenada, que si no se atrofia, y así se nos olvida fácilmente lo que nos dicen cada cuatro años), casos tan llamativos como la perdida estatua de Doña Mayor Guillén de Guzmán, la mecenas del siglo XIV cuya talla perfecta, en madera, desapareció en 1936 y nadie la ha vuelto a ver. Seguro que aparecerá en algún Museo de Estados Unidos, aunque por el momento las pesquisas del profesor García de Paz no hayan dado resultado. O como el grupo de estatuas de don Francisco de Eraso, su señora, y San Francisco, talladas por Monegro, y que después de dar vueltas por museos y estancias se ha quedado, desmontada y esperando los flecos de algún presupuesto magnánimo, en la iglesia de Mohernando…

En fin, un tema este largo y triste, en todo caso llamativo, y ejemplarizante para que no vuelvan a ocurrir estas singularidades, por llamarlas de alguna manera, que le han sucedido a nuestro patrimonio. Rico y brillante en el siglo XVI , y hoy todavía aparcado en muchos aspectos, necesitando de cuidado en otros, pero en el corazón de todos seguro.