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agosto 30th, 2002:

El Casar, suma y sigue

Comienzan en este momento las fiestas de El Casar. ¿Un pueblo más de la Campiña? No, un pueblo especial, situado en su plano otero, entre las amplias vegas del Henares y el Jarama, avanzadilla de la provincia hacia las planas tierras de Madrid.

El Casar comienza hoy su semana grande, y lo va a hacer, un año más, por todo lo alto. Con la elección de Reina y Damas de la fiesta, el pregón oficial, y los festejos taurinos, más los rituales religiosos en honor de la Virgen de la Antigua, la patrona del lugar. Lleva fama El Casar de ser uno de los lugares donde más toros se lidian en sus fiestas. Y también, reconocido, como el pueblo que con más pasión vive la fiesta religiosa en homenaje a su patrona celestial, la Virgen de la Antigua, que lleva (ya lo dice su nombre) siglos en el corazón de los aquí nacidos.

A propósito de la Virgen de la Antigua, yo quisiera dedicar hoy mi comentario, aunque la fiesta sea la justificación, a un acontecimiento que se dio el pasado domingo, a mediodía, en el Auditorio Municipal: la presentación de un libro que tiene a El Casar por protagonista absoluto. Un libro que ha escrito quien hoy ejerce (lo hace ya desde 30 años atrás) de párroco arcipreste de la villa, y que propone a la Virgen de la Antigua de El Casar (ese es su título) como elemento clave de su estudio. Un estudio exhaustivo, perfecto, inacabable, que don Marcos Ruiz Atance ha puesto en nuestras manos, y hasta nos pidió que, en compañía de otra autoridad de la mariología alcarreña, don Jesús Simón Pardo, presentáramos en sociedad.

La llegada de un libro siempre se me antoja como un hecho afortunado. Es evidencia de muchas cosas: de la salud cultural de un pueblo, del ánimo de quien lo edita, de la generosidad de quien lo patrocina, pero, sobre todo, de que alguien se ha molestado en estudiar un tema, y de ordenarlo, matizarlo, escribirlo y proponerlo de forma fácil y asequible. Y esto es lo que ha hecho don Marcos Ruiz, quien desde muchos años antes (él lleva más de 25 de párroco en esta Villa) ha ido tomando pacientes notas de cuanto encontraba en los anaqueles del archivo parroquial, y examinando piezas de orfebrería, estandartes, cuadros…. y de hablar con la gente, de rememorar fastos, de desentrañar tendencias.

El libro que Ruiz Atance dedica al estudio y completo análisis de la tradición nacida y vivida en torno a la Virgen de la Antigua de El Casar es perfecto, enorme (tiene 368 páginas en tamaño grande) hermoso, pues aporta numerosas fotografías en color de la Virgen, de documentos, de piezas artísticas, y sobre todo ameno, pues quizás el dato que más me gusta resaltar es el del orden que todo va expuesto. Una primera parte dedicada a la devoción a la Virgen; una segunda dedicada a los monumentos (edificios, piezas y objetos sagrados), una tercera a las Cofradías y Fundaciones, y una cuarta a la transcripción de documentos,  todo ello con un rigor casi científico expuesto, le hacen claro y fácil de acometer.

El retablo de El Casar

Pero a tenor del libro, que yo por supuesto me he leído y saboreado a modo, surge en mí, particularmente, la admiración por un tema muy querido en El Casar: el del retablo mayor de su iglesia parroquial. Es este (quien visita los templos y admira sus obras de arte bien lo sabe) uno de los más elegantes y hermosos retablos renacentistas de la provincia. Con una historia a sus espaldas de aplausos y tragedias. De este retablo, don Marcos Ruiz nos da en su libro, a lo largo de numerosas páginas, muy bien arropado con imágenes de diversas épocas y detalles, la historia completa: de cuando, como, porqué y quien lo hizo. De cuando se destruyó, de cómo se pensó restaurarlo, y el minucioso día a día (él lo vivió de veras, puesto que fue por su iniciativa que desde 1976 se restauró del todo) de su reconstrucción hasta el día de hoy.

Este retablo, que sustituía en el siglo XVII a otro anterior ya muy maltrecho, fue encargado de hacer por la parroquia, a instancias de una recomendación que D. Pedro Arines Troncoso y Acuña, visitador del arzobispado de Toledo, hizo en 1623 a la villa. Se decantó finalmente la petición de construir el retablo por la figura del escultor Antonio Herrera, titulado “escultor de Su Majestad”, y de quien los documentos dicen que “es persona de quien esta Villa tiene mucha satisfacción”. Se contrató en la cifra, ya fuerte en aquellos años, de 1.750 ducados. Tardó dos años y medio en hacerlo, con todos sus detalles escultóricos, especialmente los paneles bajos y del cuerpo del retablo, encargándose de temas menores, como capiteles y molduras, óvalos y florones, el también afamado escultor madrileño Bernabé Cordero. En 1632 se puso manos a la obra Martín de Ortega con la segunda parte de esta maravilla, la del pintado y dorado. Tanto las tallas, cono la pintura y el dorado, se hicieron teniendo las piezas del retablo en la planta baja del Ayuntamiento de El Casar. Finalmente, se montó y puso en su sitio, tal como hoy lo vemos, en 1633.

Es una pieza singular del arte renacentista, más bien manierista ya, por su fecha de ejecución. En él aparece, al centro, la Virgen María en su advocación de la Asunción. En el primer cuerpo hay dos grandes paneles representando la Natividad y la Epifanía. Y en el segundo cuerpo, en alto, la Resurrección y la Venida del Espíritu Santo, con una gran talla de Cristo Crucificado en la parte central superior.

La tragedia de este retablo fue que en 1936 sufrió su destrucción por manos incontroladas. Y los insistentes ruegos de alcaldes, párrocos y pueblo porque fuera restaurado, cayeron en saco roto hasta que la llegada de don Marcos Ruiz como cura de El Casar dinamizó el proceso, que comenzó en 1978 y acabó en 1985, con un coste millonario que se sufragó con fondos de la iglesia y el vecindario, más la ayuda del Ayuntamiento presidido por Francisco López Ayjón. El escultor de las nuevas tablas, hechas en total imitación de las antiguas, fue Críspulo Bóveda Vaquero, actuando como dorador y estofador Antonio Perales Martínez, quienes hicieron un trabajo (a la vista está) en todo similar a las técnicas utilizadas en el siglo XVII. Para mí es este, repito, el elemento más sorprendente (dejando aparte el coro mudéjar, o el Calvarios descubierto, entre otros) del patrimonio artístico de El Casar. Estudiado a fondo en este libro de don Marcos Ruiz, y ahora presentado, y aplaudido, con ocasión de estas perfectas fiestas que hoy dan inicio en El Casar. Un lugar al que merece la pena ir, en cualquier momento, y disfrutar de su ancha luminosidad, de sus perfiles castellanos, de sus generosos vecinos.