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marzo 1st, 2002:

Cetreros en Tendilla

Ha sido Tendilla, el pasado fin de semana, la corte de la alegría y la evocación. Por fin, después de años de tener a San Matías de espaldas (en lo que a climatología se refiere) ha lucido el sol, no ha soplado el viento, y no ha hecho frío. Eso ha conducido a miles de personas hasta la villa alcarreña. El sábado 23, a media tarde, no se podía dar un paso. Era otra Alcarria, otro espacio, era como si todo renaciera en ilusiones, en animación y espectáculo.

De todo cuanto ha tenido la Feria de San Matías 2002, y además de la recuperación del Trofeo “La columna de Tendilla”, han sido quizás los momentos de la demostración cetrera los más memorables. Porque las carreras de galgos, la exhibición de caballos y jinetes por las calles y la enseñanza de los perros de caza, han contribuido a dar un sentido (breve, como es esta Feria, pero denso) de ancestralismo, de vida honda y enraizada con la Naturaleza. Caballos, perros, galgos, y halcones… en medio, en la calle soportalada más larga y más bella de Guadalajara, todo eran mercaderes gritando, fábulas andantes protagonizadas por el grupo “Gusarapo”, ofertas de alimentos exóticos, de hierbas para curar los males, de músicas y ropas.

La calle Mayor, un hervidero

Si algún monumento tiene Tendilla que la haga ser recordada por todos cuantos la visitan, este es sin duda la larga Calle Mayor que hace de principal arteria de comunicación y donde se centra la vida, la animación, y hasta donde se condensa, como en mágico conjuro, la historia toda del alcarreño burgo. Gracias a ella, Tendilla es, sin duda, uno de los mejores ejemplos de conjunto urbano tradicional en todo el ámbito de la región castellano-alcarreña. Y ello no lo debe al acúmulo de monumentos trascendentes en su aspecto individual, ni a la situación determinante del conjunto, ni siquiera al hecho de contar con una historia de dimensiones mas o menos atractivas. Este título lo posee por juntar, a lo largo de toda una calle, que es su Calle Mayor, el eje primero de su vida urbana, un alargado muestrario de casas, de edificios públicos y privados, y de paseos soportalados, que surgieron además en un momento concreto de su evolución, a mediados del siglo XVI, confiriéndola a partir de entonces su definitiva y actual estampa.

Ya en el siglo XVI estaban tan satisfechos los vecinos de Tendilla de la prestancia de su pueblo, que en el largo informe enviado al rey Felipe II en 1580 (al que comúnmente se llama «Relaciones Topográficas») decían de sus calles y soportales: …Quiero adbertir una curiosidad que tubieron los fundadores que en la plaza y en las demás calles de la villa hicieron unos Salidizos y portales, que aunque llueba se puede andar la maior parte de la villa sin varros, limpieza que no se halla en pueblos de su manera… tiene muy buena plaza, y calles anchas de buena traza…

En la Calle Mayor de Tendilla se encuentran sucesivos todos los elementos que le dan la categoría de conjunto urbano de gran relieve. Desaparecidos ya el convento de los jerónimos que había sido primor del Renacimiento; el monasterio de la reforma francisca de La Salceda, con su opulenta sucesión de edificaciones y obras de arte; el castillo valentón de su altura; las murallas y puertas de su entorno, y aun el palacio condal, hoy queda, a lo largo de un kilómetro de asombro, la sucesión de edificios que en su gran mayoría son viviendas particulares, y que se caracterizan por estar construidas, de forma sencilla, conforme a los cánones de la arquitectura popular alcarreña, esto es, planta baja de sillarejo y alta o altas de adobes sobre entramados de madera, todo ello enfoscado de yesos de diversos tonos. En su fachada principal, el portal da a los soportales que recorren el pueblo, y la planta principal ostenta balcones. Por atrás, tienen patios y cuadras. Ese amplio muestrario de construcciones populares sumadas unas junto a otras, con variedad larga de pilastras, de aleros y de soluciones en las bocacalles, es lo que confiere a Tendilla su carácter único. Sabemos que el gran arquitecto e historiador del arte, Luis Cervera Vera, dejó casi acabado un magnífico estudio de esta Calle Mayor de Tendilla. En unos cuantos dibujos de su reciente libro póstumo “Plazas Mayores en las comarcas guadalajareñas”, Cervera nos da unos apuntes emocionantes de esta Calle, de sus edificios más representativos, de su “aire” único. Tendría el Ayuntamiento de Tendilla que animarse a editar ese estudio: sería una forma espléndida y certera de seguir promocionando a la villa que todos queremos.

También en el informe enviado al Rey a finales del siglo XVI (de carácter fundamentalmente fiscal, aunque descriptivo y realista de la situación contemporánea) se expresaba la satisfacción de contar aquí y allá con casas de muy buen aspecto, especialmente las que ornaban la ancha Calle Mayor …En la dicha villa hay mui buenos edificios de casas; son fabricadas de yeso y madera, y algunas de piedra y cal; hay pocas de tapería de tierra… de esto es el sumptuoso Edificio de las Casas, en las quales hay aposentos, y salas muy preciadas con mui buenas portadas, y ventanage de obra Romana y curiosas molduras en mui buenas maderas de nogal y pino…  En esta calle mayor aparecen también edificaciones singulares. Y entre ellas cabe mencionar el palacio y oratorio adjunto de los Solano, que es una obra barroca sencilla pero muy digna, de la primera mitad del siglo XVIII, con fachada de líneas anguladas, escudo nobiliario en lo alto, y sillar bien tallado, que presenta un portón de almohadillados sillares y el cimero escudo de la familia. Junto al palacio está la capilla u oratorio de la Sagrada Familia, de nave única, también con fachada a la calle, ocupando todo ello, con sus enormes jardines posteriores, toda una manzana del pueblo.

Otro edificio singular es la iglesia, inacabada conforme al plan inicial de mediado el siglo XVI. De ella solo quedan terminadas la cabecera y parte de la nave, así como los arranques de muros y pilastras de los pies del templo. De ese primer impulso constructivo es el ábside de robustos paramentos, de contrafuertes moldurados y ventanales con dobles arcos de medio punto. La portada, más moderna, es obra de comienzos del siglo XVII, y está diseñada en clara tendencia manierista, con severidad de líneas, proporción achatada y un exorno lineal de cuatro columnas jónicas sumadas de un frontoncillo y vacías hornacinas. Solamente tiene terminada, y ello en el siglo XVIII, una de las dos torres proyectadas, que se debe al arquitecto Bradi, según nos acaba de demostrar el estudioso tendillano profesor García de Paz.

Los halcones y las águilas

Pero recordemos el punto por el que empezamos estas líneas: el de la demostración de cetrería que este año ha corrido a cargo del grupo “Peregrinus”. A la usanza europea más pura (Jack Feidt es el maestro cetrero que impulsa con su poderoso brazo a los halcones hacia el cielo) hemos podido ver las evoluciones bajo el azul de halcones, neblíes y otros elementos del nutrido grupo de las aves de presa. Incluso ha habido una espléndida representación de un animal no europeo, el “águila norteamericana”, de poderosa cabeza y alas generosas, que a pesar de ser aún “un polluelo” sobrepasaba el metro de envergadura. Genial la demostración con el señuelo, que llegó a parecernos que no se trataba de un animal quien lo ejecutaba, sino de una máquina programada. Extraordinario el paso de los animales en los apoyaderos, y muy equilibrados los vuelos de mano a mano, que el cetrero y su ayudante (quien además narraba una historia subyugante al mismo tiempo) protegían con los fortísimos guantes de cuero. Halcones encapuchados primero, luego libres para mirar son sus ojos universales, imparables, con sus garras afiladísimas, con sus picos que parecen máquinas de precisión.

Cientos de personas gozaron con este espectáculo, que como digo ha sido lo que más altura ha dado a la Feria, aunque todo en ella ha sido de alabar y aplaudir. Sin exageración podemos considerar que este año ha sido la verdadera “consagración” de esta Feria alcarreña pura y tallada a golpe de cincel, contra viento y marea. Ha doblado en afluencia, en participación, en movimiento, no ya a las de otros años, sino a la del pasado mismo. Una superación que pone muy alto su listón, pero que estoy seguro que, con su alcalde Luis Lorenzo y toda su corporación volcada en hacer a esta Feria un referente fijo de la nueva Alcarria (la del siglo XXI, me refiero, no este papel en el que escribo) van a conseguirlo sin mayor esfuerzo.