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marzo 13th, 1998:

Ovila renace en Norteamérica

 

Todos conocéis Trillo, en la orilla ancha del Tajo. Asienta la villa de Trillo en uno de los lugares más pintorescos de la provincia de Guadalajara, allí donde las aguas del río Cifuentes caen en bravías cascadas y entre espesas arboledas, al cauce ancho y manso del Tajo. El emplazamiento lo tiene en estrecha repisa sobre el río, y al pie de altos murallones rocosos, que a lo largo de las orillas del Tajo se vienen sucediendo hasta varios kilómetros arriba. El contorno del pueblo, a base de alamedas, roquedales, huertas y bosquecillos de nogales, es encantador. Su término, por el que atraviesa el Tajo entre abruptos riscos y hoces, con la presencia altísima de las rocas denominadas «Tetas de Viana», todo ello cubierto de pinares y chaparrales, hacen que pueda colocarse entre los más hermosos de esta tierra, y se justifica con ello el que, ya desde hace muchos años, y aun siglos, Trillo sea escogido para pasar las vacaciones y el descanso veraniego por gran cantidad de personas.

El Monasterio de Ovila

Pero hoy queremos hablar algo de Ovila, ese espacio perteneciente al término de Trillo, y en el que, en medio de un encantador paisaje de alamedas, sotos y roquedales, aparecen las ruinas de la vieja abadía medieval que fuera de monjes cistercienses.

Situado sobre un amplio llano, a la margen derecha del Tajo, se llega a él por buen carril que sale desde el mismo pueblo, y pasando por bellos paisajes junto al río se llega a las ruinas de este cenobio, hoy propiedad particular, y muy escaso en restos artísticos, pues en 1931 fue vendido por sus dueños al periodista norteamericano William Randolph Hearst, el cual hizo desmontar la iglesia, el refectorio, la sala capitular y parte del claustro, para llevarlo a su país en barco, y allí reconstruirlo.

Algo debemos decir de su historia. Este monasterio fue fundado en 1181 por Alfonso VIII, en el lugar de Murel, junto al Tajo, en término de Morillejo, más arriba de su actual emplazamiento. El convento y sus dependencias se construyeron en la primera mitad del siglo XIII, siendo muy ayudado por los reyes castellanos, y teniendo en su torno un amplio territorio de ricos terrenos y heredamientos productivos, además del señorío, pasajero, de dos o tres aldeas de los contornos (Carrascosa, Morillejo, Huetos…). Fueron dueños estos monjes del santuario de Nuestra Señora de la Hoz, en Molina, y del de Nuestra Señora de Mirabueno, junto a Mandayona. Pero a partir del siglo XV comenzó su decadencia. Muchas tierras pasaron a poder de los condes de Cifuentes, otras las vendieron o perdieron, y, en fin, un grave incendio en el siglo XVIII desmanteló casi por completo este monasterio, que en 1835 estuvo sujeto a la Desamortización de Mendizábal. Sus riquezas artísticas y sus legajos documentales se han perdido por completo. Sólo quedan mudas y escuetas las piedras y ruinas que hoy se ven junto al Tajo.

La compra de Hearst

En 1931, William Randolph Hearst compró la Abadía de Santa María de Ovila, incluyendo completa la Sala Capitular, por unos 100.000 dólares. Unos 100 hombres se dedicaron a desmantelar las ruinas compradas, numerándolas en el mismo lugar, y conduciéndolas a lomos de mulas y en camiones, hasta Valencia, de una parte, y hasta Madrid de otra. Luego fueron cargadas en 12 barcos rumbo a América…

Los problemas financieros que comenzaron a afligir a Hearst durante la depresión económica, supusieron un cambio en sus planes de reunir estas viejas piedras en sus posesiones de Wyntoon, en el McCloud River, cerca de Mount Shasta. En esa situación, decidió regalarlas al Ayuntamiento de la ciudad de San Francisco y trasladarlas desde un almacén en que las tenía, al Golden Gate Park de San Francisco.

La Segunda Guerra Mundial y otros acontecimientos impidieron su reconstrucción. En el Golden Gate fue víctima de incendios, agresiones y vandalismo. Algunas piedras fueron usadas para otras necesidades del Parque en el Arboretum y en el Lago Stow. Progresivamente fue cada vez más difícil conseguir juntar las piedras para conseguir el mismo tipo de estructura.

Hacia 1980, la doctora Margaret Burke, experta en arquitectura medieval, supervisó e hizo un estudio de los restos que quedaban. Milagrosamente, la sala capitular sobrevivió al fuego y al vandalismo y se vio que era posible ser salvada. Se decidió intentar su reconstrucción.

Para el viajero que hoy va a Ovila, es de interés contemplar los restos de la iglesia (muros, arranque de bóvedas, algunos ventanales ojivos), de la bodega (ejemplar completo de recia sillería y bóveda de cañón, del siglo XIII), del claustro (del que quedan dos costados compuestos de doble arquería en severo estilo clasicista, construido a partir de 1617) y de la gran espadaña de la iglesia (de tres vanos para las campanas, obras también del siglo XVII).

La Sala capitular llega a la Abadía trapense de New Clairvaux

El abad Thomas X. Davis ya vio las viejas piedras de Ovila dispersas por el Golden Gate en septiembre de 1955, y solicitó desde entonces varias veces que la Sala Capitular fuera entregada a la Abadía de New Clairvaux como parte de su propia arquitectura y cisterciense herencia. El 8 de octubre de 1992, el Patronato del Museo de Bellas Artes de San Francisco, con la aprobación del Ayuntamiento de la ciudad, concedió a la Abadía de New Clairvaux la posibilidad de reconstruir la gran Sala Capitular de Ovila. A partir de ese momento, y en once grandes camiones, se trasladaron las piedras a New Clairvaux. Es esta una moderna abadía trapense (cisterciense) situada en la costa oeste, en California, en los Estados Unidos de América.

Para ellos es una auténtica gloria contar con los restos de Ovila. Solamente otras dos Salas Capitulares medievales existen en los Estados Unidos: La Sala Capitular de la Abadía de Pontaut (Francia), que fue reconstruida en el Museo de «The Cloisters» de Nueva York por John D. Rockefeller. Y la otra, la de Sacramenia, procedente de Segovia, fue reconstruida en el Monasterio de Sacramenia, en North Miami (Florida). La Sala Capitular de Ovila en New Clairvaux será, pues, la más antigua construida en la Costa Oeste.

La reconstrucción se ha encargado a John Bero, un destacado arquitecto restaurador, de Rochester, NY, quien ya ha realizado el proyecto. La empresa Sunseri Associates de Chico, California, está preparando los preparativos técnicos. Una vez se haya concluido la restauración y reconstrucción de la Sala Capitular, esta será usada por los monjes de la Abadía de New Clairvaux y será abierta a la contemplación del público, gratuitamente, todos los días. Las personas que deseen acogerse a la Abadía unos días, en retiro, tendrán la oportunidad de introducirse en la vida cisterciense y en su arquitectura, compendio de integridad y simplicidad. Cualquier otra información acerca de este tema, la Abadía de New Clairvaux en California y el proceso de reconstrucción de la Sala Capitular de Ovila, puede informarse en Internet en la siguiente dirección, donde obtendrá información actualizada al día: http://www.maxinet.com/trappist/chapter.html.