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agosto 30th, 1996:

Tamajón, llave de la Sierra

 

Hacia las sierras se orienta, y más en estos días caniculares, el turismo mayoritario de nuestra provincia. Para llegar a ella, varias carreteras y pueblos-llave: por el Henares, primero llegar a Humanes, y desde ahí por Puebla de Beleña a Tamajón, donde el espectáculo del Ocejón, sus praderas y estepares se abren en olor y color a los sentidos. O también desde Humanes por Cogolludo, donde tras degustar el buen cordero y admirar la fachada del palacio ducal, puede uno adentrarse en mejores espectáculos naturales, por Hiendelaencina, Bustares ó Veguillas. Más al norte, ir hasta Atienza supone llegar después a Albendiego, a Galve de Sorbe y a los Condemios, donde los bosques aún sorprenden a quienes piensan que tan grandes y altos los árboles sólo existen en países de fábula. Y los hay, los hay por aquí bien buenos.

Tamajón es uno de esos lugares a los que llamo «llave de las sierras». Porque hasta allí se llega hoy con toda comodidad por carretera, y desde su larga calle mayor pueden iniciarse recorridos diversos, a cual más interesante.

Es hoy algo relativo a él mismo, a la historia de ese enclave antes recóndito y lejano, misterioso en sus orígenes, fabulosos en algunas perspectivas, de lo que hablará. Hay un dato, por ejemplo, que pocos conocen, y que los cronistas de la corte de Felipe II detallaron en su día. El de que Tamajón fue uno de los dos lugares de Castilla donde el monarca de medio mundo pensó construir el gran monasterio de monjes jerónimos en honor de San Lorenzo. En las llanuras altas, frescas y siempre de limpios horizontes que hay en torno a Tamajón se puso la real mirada. El otro lugar fue, algo más cercano a Madrid (no mucho más) y en similar orientación altura, el Escorial donde se producía carbón para las aldeas cercanas. Entre ambos enclaves ganó la partida El Escorial. ¿Qué sería hoy de Tamajón si en aquella hora de decisiones hubiera pensado Felipe II en irse más al Norte? Un pie forzado para la «historia-ficción».

La otra esquina de Tamajón es su origen remoto. Totalmente desconocido, hay quien dice que en sus orígenes se llamó Tamaya y que fue lugar densamente poblado de judíos. No existen datos documentales que lo avalen, por lo que así queda el dato, nimbado de legendarias puntillas.

La historia cierta de Tamajón se nos va al siglo XI, cuando tras la reconquista del territorio a los árabes por parte del ejército castellano, queda como pequeña aldea en el seno del común de Villa y Tierra de Atienza. Algo después, ya en el siglo XIII, pasó a ser parte del amplio Común de Ayllón, controlador de todos los territorios en torno a la sierra de su nombre. Y en 1289 nos consta que formaba en el señorío personal de la infanta doña Isabel, hija del Rey de Castilla Sancho IV. Algo después, a comienzos del siglo XIV, durante el reinado de Fernando IV, aparece como propiedad de doña María Fernández Coronel, ama de la reina y de las infantas de la Corte. Perteneció luego, todavía en esa centuria, a doña María, mujer del Rey Alfonso XI, siendo donado el lugar, a mediados del siglo, por Pedro I a su caballero y cortesano don Iñigo López de Orozco. Este personaje, a su muerte, lo donó a su hija Teresa López, que había casado con el ya alcarreño don Pero González de Mendoza, el primero importante de esta noble familia por tierras de Guadalajara. Fue así que pasó Tamajón al mayorazgo de los Mendoza, y uno de sus propietarios en el fin de la Edad Media sería don Iñigo López de Mendoza, el primer marqués de Santillana, quien también en su testamento lo dejó a uno de sus hijos, a don Pedro Hurtado de Mendoza, adelantado de Cazorla y capitán general del ejército de los arzobispos toledanos.

En esa familia continuó. En 1536, Tamajón (con Argecilla, Palazuelos  y otros lugares serranos o preserranos) pertenecía a doña Guiomar Carrillo de Mendoza, mujer de Arias Pardo de Saavedra, mariscal de Castilla. Ya a finales de la décimosexta centuria estaba en manos de Diego de Mendoza y su esposa doña      María de Mendoza y de la Cerda, que construyeron palacio (el actual Ayuntamiento) y convento (pura ruina en las afueras…)

De estos aconteceres históricos, referencias telegráficas de tantos siglos en silencio, podemos destacar como datos clave la pertenencia jurídica de Tamajón a sendos comunes libres (Atienza, Ayllón) y más tarde a señoríos de corte real (infantas, reinas) y aristocrático (Orozco, Mendoza). Del primero de estos aspectos, derivó su secular derecho al pasto en Ayllón. Y de la energía con que los de Tamajón defendieron ese derecho, se colige el carácter ganadero de la Villa. De lo segundo deriva su derecho, preeminencia económica, de no pagar impuestos en el Reino de Castilla, lo que favoreció muchísimo el asentamiento de comerciantes en Tamajón.

El derecho de pasto en Ayllón

Existió al menos desde el siglo XIV. En un documento del Archivo Municipal de Tamajón, un testigo afirma que «memoria de hombres no era en contrario derecho de pascer las yervas e bever las aguas con sus ganados en la sierra de ayllon e cortar madera dellas».

En 1366 se entabló pleito ante la Audiencia real, entre el Concejo de Ayllón y don Inigo López de Orozco (a la sazon vasallo y del consejo del rey Pedro I) «sobre razon de los lugares de Tamajon y de la sierra de Ranas y de sus terminos». Los de Ayllón alegaban que Tamajón pertenecía al Común de Ayllón por compra que «los hombres buenos de la villa de Ayllon» habían hecho del lugar años antes. Pero no puedieron demostrar esto con documentos, mientras que López de Orozco sí mostró documentos de su señorío por merced de Pedro I.

Antes de ese año, se había hecho el deslinde de términos, que señalaba que «toda la sierra de ranas con todas sus alcarrias y lugares» era del término de Ayllón, hasta el arroyo de ¿altar? Podría ser el actual arroyo de Abad, o el de la Vega. El hecho es que Almiruete siempre estuvo claramente incluido en la Comunidad de Ayllón. En este acuerdo se reconoce el derecho de los vecinos de Tamajón para llevar sus ganados a la sierra de Ayllón «a pastar las yerbas y a beber las aguas» en ella.

Poco después, en 1382, pasó nuevo juicio ante la Corte de Juan I, porque los de Tamajón denunciaron el hecho de que los de Ayllón les habían tomado 500 o 600 cabezas de ganado «ovejuno o cabruno» sin querer devolvérselo, y además los de Almiruete habían iniciado roturaciones en los lugares del paso habitual del ganado, para evitar dicho paso. Se falló en el sentido de que los de Tamajón podían llevar sus ganados a la sierra, pero en ella no podían cortar «avellanares ni árboles verdes», aunque sí leña para uso de los pastores.

También en 1382 se pasó juicio ante la corte de Juan I, quien insiste en comunicar a los de Ayllón que permitan el uso de sus términos serranos a los ganados de Tamajón. Estos se quejaban de que les habían hecho «fuerza y robo» los de Ayllón.

El otro aspecto clave de la prosperidad antigua de Tamajón era el relativo a la exención de impuestos para sus vecinos. En 1289, el rey Sancho IV había dado un privilegio a los de Tamajón para eximirles totalmente del pago de portazgo en todo el reino. Solamente deberían pagarlo en Toledo, Sevilla y Murcia. Este privilegio fue renovado por todos los sucesivos reyes de Castilla. Se conserva en su Archivo Municipal un documento de Juan II, de 1407, y otros documen­tos posteriores de otros reyes. Hasta en 1557 Felipe II hubo de confirmarlo, ante el hecho de que en dicho año, cuando el vecino de Tamajón, Benito Forado, fue obligado en Roa a pagar tres blancas como derechos por el paso de una carga de sogas que llevaba, este se negó y apeló al privilegio de Sancho IV, que el monarca Felipe volvió a confirmar.

Una historia, como se ve, muy centrada en los temas de la ganadería y del comercio. Una secuencia que llega hasta hoy, aunque algo cambiada por el tenor de los tiempos. Hoy Tamajón tiene una realidad distinta, y un porvenir que se augura mucho mejor. Porque esa industria moderna, que en España además se instrumenta muy bien, como es el Turismo, en Tamajón podrá rendir sus mejores frutos. Para comprobarlo ¿qué mejor que hacerse una excursión hasta su limpia horizontalidad de alturas?