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enero 31st, 1992:

Los Mendoza en la guerra de Granada

 

Este año se cumple, entre otros magnos acontecimientos, el quinto centenario de la conquista definitiva del reino de Granada por los castellanos. De ello no se ha establecido, por parte de los estamentos culturales oficiales (que hoy por hoy son los que parecen dar marchamo de autenticidad y legitimidad a cualquier acontecimiento) ninguna celebración que vaya más allá de la habitual conmemoración que anualmente, el dos de enero, hace el Ayuntamiento y ciudad de Granada.

En ese acontecer, largo y difícil, colaboraron los Mendoza y las gentes de Guadalajara, quedando algunos de ellos para siempre caídos en el campo de batalla. Merece la pena recordar, aunque sea con la brevedad casi telegráfica que el espacio del periódico nos impone, la participación de las gentes (nobles y plebeyos) de Guadalajara, en aquel señalado suceso de la historia.

Aunque el ataque al reino nazarita se inició en los años finales del siglo XIV, fue durante todo el XV, y muy especialmente entre los años 1482 al 1489 que la estrategia castellana y el ataque directo alcanzaron nombre de auténtica guerra. El 2 de enero de 1492, los Reyes Católicos Isabel y Fernando, junto a toda su Corte y Ejército, penetraban en Granada tras recibir de las manos del rey Boabdil las llaves de la ciudad. En ese momento, el Cardenal don Pedro González de Mendoza alzó el primero la cruz arzobispal sobre la más alta torre del palacio de la Alhambra.

Las noticias que tenemos sobre la participación mendocina en esta guerra nos llegan desde las variadas crónicas coetáneas; así las de Hernando del Pulgar, Fernández de Oviedo, Bernáldez, Pedro Mártir de Anglería, y más modernamente, en un perfecto y amplio resumen, de Layna Serrano.

Si el marqués de Santillana había acudido algunos veranos a los ataques hechos al reino granadino por Juan II y Enrique IV, así su hijo don Diego Hurtado le imitó, y muy especialmente su nieto, el segundo duque del Infantado, el opulento Iñigo López de Mendoza. Realmente la carga mendocina en esta guerra estuvo a cargo del Conde de Tendilla, también llamado Iñigo López de Mendoza, y del yerno del marqués, el Condestable de Castilla don Pedro Fernández de Velasco, casado con Mencía de Mendoza. El resto de los magnates alcarreños que acudieron, y que ahora se mencionarán, lo hicieron esporádicamente, en los períodos de guerra «oficial», en los alegres veranos del 1482 al 1487, en los que tantas victorias progresivas se sucedieron.

El Cardenal Pedro González de Mendoza, canciller del Reino, fue junto a doña Isabel la reina quien más empeño puso en la idea de reconquista. En algunos momentos tuvo el cargo de Capitán General del Ejército en Andalucía. Su hermano Pedro Hurtado de Mendoza fue titulado Adelantado de Cazorla, y era el encargado de llevar el ejército propio del arzobispado de Toledo. Como señor y obispo de Sigüenza, el Cardenal Mendoza mantuvo en este tiempo un ejército de gentes seguntinas, que en principio fue de 400 lanzas, y al final del conflicto alcanzó los mil hombres.

La conquista de Loja en 1482, con Velasco y Tendilla a la cabeza, fue el preludio de la famosa toma de Alhama en la primavera de ese mismo año. Las huestes de la ciudad de Guadalajara estuvieron allí comandadas por don Antonio de Mendoza, ocupadas en castigar las poblaciones de la vega granadina. Eran un total de 200 hombres, juntos con el resto del ejército. En ella estuvieron, junto al duque del Infantado, don Bernardino Suárez de Mendoza, vizconde de Torija, don Pedro Hurtado el Adelantado, y don Diego Hurtado, el hermano del Conde de Tendilla, a la sazón obispo de Palencia. El propio Cardenal entró en Alhama, y consagró como iglesias las tres mezquitas de la población. El Conde de Tendilla quedó como capitán de la plaza, debiendo sufrir al año siguiente el asedio de los moros, muy duro, en el que acudió a las famosas medidas de ir suplantando con trozos de cartón los rotos producidos en la muralla, y la de utilizar «papel moneda» por vez primera en la historia, al carecer por el asedio de dinero en metálico con que pagar a sus hombres.

En la campaña de 1484 participó el jovencísimo Rodrigo de Mendoza, hijo mayor del Cardenal; en 1485 se conquistó Ronda, y en 1486 fueron las tomas de Loja, Illora, Moclín, Montefrío y Colomera. En este verano, un miércoles del mes de julio, fue la famosa rota de la «Acequia Gorda» en la que el ejército arriacense del duque del Infantado sufrió el ataque de los moros, que mataron entre otros a Martín Vázquez de Arce, el famoso «Doncel de Sigüenza», en la mismas puertas de Granada.

En esta ocasión, el duque don Iñigo había formado un ejército de lo más lucido. Formaba su hueste con 500 hombres de armas a caballo, todos gente de su casa, hidalgos y caballeros, que iban a la gineta e a la guisa, mas varios miles de gentes de a pie, vizcaínos, lacayos, gentes del norte de España. Cincuenta de todos ellos eran nobles con el caballo forrado de paramentos de brocado y oro, presididos del pendón mendocino y el de la ciudad de Guadalajara. Cuentan los cronistas que tal era el lujo del duque en esta campaña, que hasta la vajilla para que todos comieran la llevaron desde palacio, y era toda de plata maciza.

Todavía en 1487 se cobró Málaga y luego Vélez‑Málaga y muchos lugares de la costa. Al fin, en enero de 1492, la entrega de Granada y la victoria definitiva.

Los Mendoza, colaboradores constantes y esforzados en esta guerra, fueron largamente premiados por los Reyes. El Cardenal Mendoza recibió el grande marquesado de Zenete (en la diócesis de Guadix) y una magnífica casa de